Washington envía un buque de asalto anfibio para intentar reabrir la ruta clave del petróleo

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Buenos Aires, 21 de marzo (NA) — Estados Unidos dispuso el envío de un poderoso buque de asalto anfibio con miles de infantes de Marina y marinos hacia el estrecho de Ormuz y el golfo Pérsico, en un nuevo intento por reabrir el paso del petróleo bloqueado por Irán desde hace casi tres semanas. La maniobra militar aumenta la tensión en una de las rutas energéticas más sensibles del planeta.
De acuerdo con fuentes del Pentágono citadas por funcionarios estadounidenses, la Casa Blanca evalúa distintos escenarios que incluyen operaciones de desembarco en la costa iraní o acciones directas sobre la estratégica isla de Jarg, principal centro de exportación de crudo de la República Islámica. El movimiento apunta a forzar la reapertura del corredor marítimo por donde transita cerca del 20% del petróleo y del gas natural licuado que se consume en el mundo.
La 11ª Unidad Expedicionaria de Marines (MEU) zarpará desde San Diego a bordo del USS Boxer, un buque preparado para operaciones anfibias de gran escala. Esa fuerza se sumará a la 31ª MEU, que ya se dirige a la región desde Japón en el USS Tripoli. Con ese refuerzo, Washington busca contar con capacidad de respuesta rápida tanto para misiones de seguridad marítima como para eventuales evacuaciones en medio de un conflicto que se expande.
La decisión se da en paralelo a la escalada verbal del presidente Donald Trump contra sus socios de la OTAN, a quienes acusó de negarse a involucrarse en una crisis “sobre la que no se los consultó”. El mandatario reprochó que los aliados europeos se quejen de los altos precios del crudo, pero no quieran sumarse a las operaciones para reabrir el estrecho, al que consideró una “simple maniobra militar”. También tildó a sus pares de “cobardes” y advirtió que “lo recordaremos”.
Impacto en los precios del petróleo y temores globales
Según datos recopilados por Noticias Argentinas, el precio internacional del petróleo se disparó cerca de un 50% desde el inicio de las hostilidades. El Brent, referencia para Europa y buena parte de América Latina, ronda los 110 dólares por barril impulsado por el temor a una interrupción prolongada del suministro. Analistas energéticos advierten que, aun si el conflicto se descomprime en el corto plazo, la volatilidad en los mercados podría sostenerse durante meses.
La incertidumbre se amplifica por los daños sobre infraestructuras clave. Israel prometió frenar nuevos ataques contra el yacimiento de gas de South Pars, luego de que una represalia iraní sobre instalaciones en Qatar causara destrozos que podrían reducir la oferta mundial de gas natural durante años. A la vez, la petrolera estatal de Kuwait informó que su refinería de Mina Al-Ahmadi fue alcanzada por múltiples drones, lo que pone bajo presión adicional a la cadena de abastecimiento regional.
Dilema político para Trump y división entre aliados
En el frente interno, la escalada militar plantea un delicado equilibrio para la Casa Blanca. El alza en los combustibles golpea el bolsillo de los consumidores estadounidenses y erosiona el apoyo al gobierno, pero una guerra abierta y, en particular, el despliegue de tropas terrestres en Irán también genera fuerte rechazo en la opinión pública, en el marco de una campaña legislativa marcada por la polarización.
Varios gobiernos europeos, entre ellos Alemania, Reino Unido y Francia, manifestaron su voluntad de garantizar el tránsito seguro por el estrecho de Ormuz, aunque condicionaron cualquier participación a un cese de las hostilidades. Esa postura choca con la estrategia de Washington, que mantiene sobre la mesa la posibilidad de sumar miles de efectivos adicionales a la región e incluso avanzar sobre territorio iraní si las presiones diplomáticas y económicas no dan resultado.
“Este movimiento otorga a los comandantes opciones para misiones de seguridad marítima o evacuaciones sin comprometer grandes fuerzas terrestres de inmediato”, explicaron funcionarios estadounidenses bajo condición de anonimato, al describir el alcance del nuevo despliegue.
En un contexto de mercados nerviosos y alianzas tensas, el estrecho de Ormuz vuelve a confirmar su peso geopolítico: cualquier alteración en ese punto neurálgico del mapa energético mundial repercute de inmediato sobre el precio de los combustibles, la inflación global y la estabilidad política de las principales potencias.

