El oficialismo busca cerrar la polémica por los vuelos oficiales

NewsITe
A casi dos semanas de la controversia generada por los vuelos del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, junto a su esposa Bettina Angeletti en el avión presidencial ARG durante la gira por Estados Unidos, en la Casa Rosada comenzaron a hacer un balance interno del episodio. En el Gobierno admiten que la respuesta comunicacional llegó tarde y que el costo político pudo haber sido menor con una estrategia más coordinada.
Según reconstruyó este medio a partir de fuentes oficiales, la primera dificultad estuvo en la distancia: gran parte del gabinete y del equipo de comunicación se encontraba abocado a la “Argentina Week” en Nueva York, lo que demoró la reacción frente a las críticas de la oposición y a la instalación mediática del tema. “Nos sorprendió y nos agarró en Estados Unidos, lejos del epicentro. Estuvimos algo descoordinados, pero finalmente pudimos trabajar en unidad”, reconoció un funcionario que integró la delegación.
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En los pasillos oficiales se habla directamente de una “falta de coordinación” que complejizó la defensa inicial, sobre todo luego de la primera explicación que dio Adorni en una entrevista televisiva. Recién días más tarde, con el mensaje en X de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, el oficialismo encontró una línea común para encolumnar a los ministros y voceros detrás de una misma narrativa.
El propio Presidente Javier Milei intervino para intentar clausurar el capítulo. El domingo, y a pedido del mandatario, Adorni concedió una última entrevista en la que pidió disculpas y buscó ordenar su versión de los hechos. El jefe de Estado lo respaldó públicamente y se mostró junto a él en varias actividades posteriores, en una señal de contención política hacia uno de sus hombres clave en la comunicación diaria.
Autocrítica interna y tensiones en el “Triángulo de Hierro”
Pese al cierre discursivo, en la administración libertaria persisten las autocríticas. Distintas voces del Ejecutivo reconocen que el Gobierno tiene, en términos generales, “poca capacidad para responder ante las crisis”, una falencia que algunos atribuyen a las tensiones internas. “Si tenés un partido de fútbol chivo y el vestuario explotado, se vuelve difícil ganar el campeonato”, graficó un funcionario al tanto de la convivencia dentro del oficialismo.
Los movimientos derivados de la causa conocida como $Libra y los recientes cambios en el equipo cercano al Presidente obligaron a recalibrar equilibrios dentro de lo que Milei denomina el “Triángulo de Hierro” del poder libertario. En ese marco, durante una disertación en homenaje a Adam Smith, el jefe de Estado decidió destacar públicamente el rol del asesor presidencial Santiago Caputo, uno de los estrategas más influyentes del espacio.
El gesto generó lecturas políticas puertas adentro. Karina Milei, hermana del Presidente y figura central en el armado, no aplaudió en el momento del elogio, aunque colaboradores cercanos aseguraron que lo hizo brevemente cuando las cámaras dejaron de enfocarla. “Karina da señales, pero se comporta de manera correcta”, describió otro funcionario, aludiendo al desgaste que atraviesa el vínculo entre ambos sectores.
Sin cambios inmediatos pero con control reforzado
Por ahora, en el entorno de la secretaria general descartan nuevos movimientos en el Gabinete en el corto plazo, aunque admiten que sigue de cerca el desempeño de cada ministerio y acumula observaciones sobre el funcionamiento de varias áreas. La lectura dominante en la Casa Rosada es que los ruidos externos y las embestidas de la oposición operan como un factor de cohesión para un equipo de gobierno que atraviesa tensiones internas a dos años de gestión.
En el oficialismo reconocen que la polémica por los vuelos de Adorni dejó al descubierto falencias en la coordinación de crisis y obligó a reforzar la disciplina interna en la comunicación presidencial.
En este contexto, el desafío para Milei y su círculo más cercano es doble: mejorar sus reflejos frente a futuros escándalos y, al mismo tiempo, administrar las disputas internas para evitar que se proyecten hacia afuera. La experiencia del caso Adorni funciona, por estas horas, como un recordatorio de los costos políticos de la improvisación y de la necesidad de construir un esquema más aceitado de manejo de crisis.

