En 2025 ambos productos costaban 11.500 pesos el kilo, y este año la merluza ronda los 14.000, mientras que el atún, los 18.000. En busca de un menú alternativo a la carne por la tradición religiosa, los consumidores optan por este tipo de alimentos como una opción viable y medianamente accesible. En el mismo rubro, los precios y los aumentos más altos los registran: tubos de calamar hoy a 30.000, surubí a 33.000 y salmón rosado a 52.000.

De la Redacción de EL NORTE
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El año pasado, el kilo de merluza y atún costaba $11.500 y este 2026 se distanciaron: el valor del primero ronda los 14.000 pesos en los comercios locales, y el del segundo, los 18.000. Según relevó EL NORTE, en la grilla de estos productos que se evalúan para el menú de Semana Santa, se registran subas en torno al 40 por ciento en las piezas de mayor demanda. Los precios del pescado se ubican ocho puntos arriba de la inflación interanual.
En el mismo sector, se registran subas más significativas cuanto mayor es el precio del kilo. Tal es el caso del surubí, a 33.000, cuando en 2025 salía 14.000, y del salmón rosado, a 52.000, contra 37.000 del año anterior.
Otras propuestas que se pueden conseguir como alternativa para las comidas de la próxima efeméride –si se pretende adherir a la tradición religiosa de no consumir carne– son: patí, a 10.000; dorado y pollo de mar, a 14.000; boga, a 16.000; pejerrey, a 16.000; lenguado, a 20.000 o tubos de calamar, a 30.000.
Procesados y empanadas
También hay opciones ‘procesadas’ y congeladas en los mismos comercios donde se obtienen las piezas frescas.
Los medallones de merluza cuestan 15.000 el kilo, con aumentos del cien por ciento en un año. Por otra parte, la milanesa de merluza costaba en 2025 12.500 y este año, 20.000. Las empanadas, 2000 cada una.
“Los aumentos se dieron, sobre todo, en los últimos meses. Los días en los que compra más gente son los de las promociones bancarias. En general hay menos consumo; bajó”, observaron en diálogo con este medio desde uno de los locales de nuestra ciudad.
Tradición religiosa
La tradición católica –no comer carne de res, cerdo y aves en Semana Santa, especialmente el Viernes Santo (este año, el 3 de abril) y el Miércoles de Ceniza– es un acto de penitencia y reflexión para recordar simbólicamente el sacrificio de Jesús. Según las normas de la Iglesia, se busca la austeridad, siendo el pescado una alternativa histórica.
Según consigna el sitio ACIprensa, en Paenitemini, san Pablo VI se limita a decir que la ley de abstinencia “prohíbe el uso de carnes, pero no el uso de huevos, lacticinios y cualquier condimento a base de grasa de animales”. La Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés) explica que, según la ley de abstinencia, “la carne procede únicamente de animales como pollos, vacas, ovejas o cerdos, todos los cuales viven en la tierra. Las aves también se consideran carne”.
“El pescado es una categoría diferente de animal. Se permiten las especies de peces de agua dulce y salada, los anfibios, los reptiles (animales de sangre fría) y los mariscos”, escriben los obispos, aunque remarcan la importancia del carácter penitencial del ayuno y la abstinencia.
Carnes y consumo
En materia de precios y en relación con la carne vacuna, los precios del pescado se presentan convenientes. Lo mismo sucede con el pollo y el cerdo.
Debido al constante aumento en los precios de la carne vacuna, los consumidores modificaron sus hábitos, por lo que optan cada vez más por cortes de carne aviar y porcina. En las últimas horas se conoció que el consumo de carne vacuna en la Argentina atraviesa un piso histórico. Según la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (Ciccra), en los últimos 12 meses se ubicó en 47,3 kilos por habitante, con una baja interanual del 2,5%. Se trata del nivel más bajo en al menos dos décadas y marca que continúa el retroceso desde el récord de 69,4 kilos alcanzado en 2008.
En tanto, según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, en 2025 el consumo de carne de pollo creció 3,07% para finalizar en 47,6 kilos per cápita, mientras que el consumo de cerdo registró un incremento significativo del 8,44%, para quedar en 18,89 kilos por habitante.
Según datos del Indec, mientras la inflación interanual fue del 32,4%, la carne vacuna subió un 73,4% y el kilo de los cortes populares supera con amplitud los $20.000. En este marco, los consumidores optan por alternativas más económicas como pollo y cerdo, cuyos precios aumentaron menos en comparación. El costo de la carne aviar subió 31,4% y la porcina, un 22,7%, lo que los convierte en opciones más accesibles.

