El conflicto en Medio Oriente suma nuevos episodios de escalada con ataques a infraestructura energética y objetivos militares en Teherán. La tensión global crece por el impacto en el suministro de petróleo y gas.

Irán atacó una refinería de petróleo en Kuwait e Israel confirmó la muerte de un portavoz de la Guardia Revolucionaria iraní, en una nueva escalada de la guerra que también involucra a Estados Unidos y que no muestra señales de una resolución cercana.
El ejército israelí afirmó haber lanzado ataques contra objetivos en Teherán, mientras que medios iraníes informaron que Ali Mohammad Naini, subdirector de relaciones públicas del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, fue asesinado en uno de los operativos.
En paralelo, la petrolera estatal de Kuwait reportó que su refinería de Mina Al-Ahmadi sufrió múltiples ataques con drones que provocaron incendios en varias de sus unidades, en una ofensiva atribuida a Irán.
El conflicto se desarrolla en medio de celebraciones religiosas en la región, como el Eid al-Fitr y el Nowruz persa, aunque la continuidad de los combates opaca cualquier expectativa de distensión. Según Reuters, la guerra se acerca a su cuarta semana sin avances concretos hacia un alto el fuego.
El impacto energético ya se hace sentir a nivel global. El precio del crudo Brent se ubicó en torno a los 108 dólares, luego de un repunte impulsado por el temor a interrupciones masivas en el suministro. Analistas advierten que el cierre virtual del estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del petróleo y gas natural licuado del mundo, agrava el escenario.
La caída en los flujos de crudo alcanza unos 12 millones de barriles diarios, equivalente a aproximadamente el 12% de la demanda mundial. Este faltante afecta a industrias clave como el transporte, la logística y la manufactura, y su reposición no sería inmediata.
La comunidad internacional condiciona su apoyo a un alto el fuego en el Golfo
Estados Unidos pidió a sus aliados que colaboren para garantizar la seguridad del transporte marítimo en el estrecho de Ormuz, aunque varios países condicionaron su participación al cese de las hostilidades.
Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia, los Países Bajos, Japón y Canadá expresaron su disposición a sumarse a “los esfuerzos apropiados para garantizar el paso seguro”, pero dejaron en claro que esto depende de un acuerdo de alto el fuego.
El canciller alemán Friedrich Merz sostuvo que cualquier intervención presupone el fin de los combates, mientras que el presidente francés Emmanuel Macron remarcó que “defender el derecho internacional y promover la desescalada era lo mejor que podíamos hacer”.
En este contexto, el suministro energético global enfrenta un escenario crítico. El director de la Agencia Internacional de Energía, Fatih Birol, advirtió que restablecer los flujos de petróleo y gas podría demorar al menos seis meses.
Estados Unidos analiza alternativas para mitigar el impacto, incluyendo la posible liberación de petróleo iraní almacenado en alta mar, lo que permitiría abastecer a clientes asiáticos en pocos días. Sin embargo, las sanciones vigentes condicionan esa decisión.
Israel y Estados Unidos avanzan con estrategias distintas en el conflicto
Las diferencias estratégicas entre Israel y Estados Unidos dificultan cualquier intento de negociación. Mientras Israel apunta a desarticular el liderazgo iraní, Washington centra su objetivo en limitar la capacidad militar de Teherán.
“La prioridad es destruir la capacidad de Irán para lanzar y producir misiles balísticos”, señaló la directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, aseguró que Irán no podrá continuar con el enriquecimiento de uranio ni con la fabricación de misiles, aunque la Guardia Revolucionaria sostuvo que la producción continúa y que sus capacidades no se han agotado.
La capacidad iraní para atacar objetivos estratégicos en la región, incluyendo refinerías y puertos petroleros, pone en duda la efectividad de las operaciones militares en curso.
En Israel, las sirenas antiaéreas volvieron a sonar en Tel Aviv y Jerusalén tras una nueva andanada de misiles iraníes. Autoridades sanitarias indicaron que algunos proyectiles habrían incluido bombas de racimo.
El conflicto ya provocó miles de muertos y millones de desplazados, especialmente en Irán y el Líbano, donde Israel intensificó sus ataques contra la milicia Hezbolá. Según Reuters, la guerra también reconfigura el escenario político interno en Israel y complica la posición internacional de Estados Unidos.
En paralelo, Washington evalúa un posible despliegue militar adicional en Medio Oriente, incluso con la opción de operaciones terrestres en territorio iraní o en puntos estratégicos como la isla de Kharg.
Consultado sobre esa posibilidad, el presidente Donald Trump evitó confirmaciones: “No voy a desplegar tropas. Haremos lo que sea necesario”.
El escenario, marcado por la incertidumbre y la presión sobre los mercados energéticos, refuerza la idea de un conflicto prolongado, con impacto directo en la economía global y sin una salida diplomática inmediata a la vista.

