Criopreservación: cómo conservar la fertilidad en la Argentina

Caída de la natalidad y nuevas decisiones reproductivas

Profesional de la salud manipulando muestras para criopreservación de óvulos

NewsITe

En las últimas dos décadas, la Argentina atraviesa una transformación profunda en sus patrones reproductivos. De acuerdo con datos oficiales del Ministerio de Salud de la Nación, en 2023 se registraron 460.902 nacimientos vivos, casi la mitad de los que había en el año 2000. Este descenso, que se observa con especial fuerza entre las madres adolescentes, se inscribe en un contexto de cambios culturales, económicos y educativos que modifican la forma de pensar la maternidad y la planificación familiar.

La tasa de fecundidad actual ronda los 1,6 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo poblacional. Este fenómeno, compartido con otros países de la región —como Chile, que también presenta cifras bajas—, plantea desafíos de largo plazo en materia previsional, en la organización de los sistemas de salud y en la configuración social, con más hogares sin hijos o unipersonales.

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Las estadísticas muestran además una fuerte brecha según nivel educativo. Entre las mujeres con escolaridad más baja (hasta primaria completa), los nacimientos se redujeron un 77% desde 2005, mientras que en los niveles educativos superiores la caída fue de apenas un 7%. Esto refleja que las trayectorias reproductivas se encuentran estrechamente vinculadas al acceso a información, a la educación sexual integral y a mayores posibilidades de autonomía económica.

Criopreservación de óvulos: una herramienta para ganar tiempo

En este nuevo escenario, la medicina reproductiva ofrece alternativas para quienes deciden postergar la maternidad. Una de las técnicas que más creció en los últimos años es la criopreservación o congelamiento de óvulos, que permite conservar óvulos maduros a muy bajas temperaturas —generalmente a -196 °C en nitrógeno líquido— para utilizarlos en el futuro mediante fertilización in vitro (FIV).

El presidente de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR), Dr. Agustín Pasqualini, explica que cada vez más mujeres eligen no definir tempranamente si quieren ser madres: priorizan proyectos personales, profesionales o educativos y buscan mantener abiertas sus opciones. En ese contexto, la criopreservación surge como una herramienta que ayuda a desacoplar, al menos en parte, el tiempo biológico del tiempo vital y social.

La fertilidad femenina comienza a disminuir de forma progresiva a partir de los 30 años, se acelera después de los 35 y, alrededor de los 40, las chances de lograr un embarazo espontáneo bajan de manera marcada. La criopreservación permite congelar óvulos en edades más fértiles, preservando mejor su calidad y aumentando la probabilidad de éxito de un eventual tratamiento futuro.

Indicaciones, alcances y límites de la técnica

Según la médica especialista en Medicina Reproductiva y miembro del Comité de Acreditaciones de SAMeR, Dra. Andrea Divita, el objetivo central de la criopreservación es preservar la fertilidad para más adelante, utilizando los propios óvulos. No solo se recomienda en mujeres que deciden postergar la maternidad por elección personal, sino también en aquellas que enfrentan situaciones médicas que podrían comprometer su reserva ovárica.

Entre las principales indicaciones se encuentran:

  • Tratamientos oncológicos, como quimioterapia o radioterapia, que pueden dañar de manera irreversible los ovarios.
  • Cirugías ováricas o ginecológicas complejas que impliquen la pérdida de tejido ovárico.
  • Terapias prolongadas con inmunosupresores u otros fármacos que afecten la función ovárica.
  • Diagnóstico de baja reserva ovárica en mujeres jóvenes, donde se busca anticiparse a un descenso acelerado de la fertilidad.
  • Enfermedades como endometriosis, lupus u otros trastornos autoinmunes que podrían comprometer la capacidad reproductiva futura.

Divita advierte que muchas pacientes llegan a los 40 años sin haber evaluado su reserva ovárica y sin conocer a tiempo la opción de criopreservar. En esos casos, las posibilidades se reducen de forma significativa. Por eso, especialistas insisten en incorporar el tema de la fertilidad a las consultas ginecológicas de rutina, del mismo modo que se conversa sobre anticoncepción o controles preventivos.

“El desafío es acompañar las nuevas decisiones reproductivas con información clara, educación en salud reproductiva desde edades tempranas y acceso real a las herramientas que la medicina moderna puede ofrecer”, señaló el Dr. Pasqualini.

En definitiva, la criopreservación se inscribe en un debate más amplio sobre libertad y derechos reproductivos. No se trata solo de favorecer a quienes desean ser madres, sino de garantizar que cada mujer tenga la posibilidad de decidir, con información y acompañamiento profesional, cuándo y cómo encarar su proyecto reproductivo, sin que el reloj biológico sea el único condicionante.

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