Washington evalúa el futuro del poder iraní tras los últimos golpes

NewsITe
La directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, advirtió ante el Senado que el régimen iraní continúa en pie, aunque atraviesa uno de los momentos más frágiles de las últimas décadas. Según la funcionaria, los recientes ataques contra el liderazgo político-militar de Teherán y contra sus capacidades armadas dejaron a la República Islámica muy debilitada, aun cuando la estructura de poder sigue formalmente intacta.
Durante una audiencia sobre amenazas globales ante la Comisión de Inteligencia del Senado, Gabbard explicó que la comunidad de inteligencia estadounidense prevé que, si el régimen logra sostenerse, intentará reconstruir su aparato militar, su arsenal de misiles y sus vehículos aéreos no tripulados a lo largo de varios años. Sus definiciones se producen luego de la muerte de varias figuras clave del liderazgo iraní, entre ellas el ayatolá Ali Khamenei, de acuerdo con reportes citados de CNN y la Agencia Noticias Argentinas.
Gabbard recordó que, incluso antes del inicio de las operaciones militares conjuntas de Estados Unidos e Israel a fines de febrero, los informes de inteligencia señalaban que Irán ya buscaba recuperarse de los graves daños sufridos en su infraestructura nuclear durante la llamada Guerra de los Doce Días. En ese contexto, el país se mantenía renuente a cumplir plenamente con sus compromisos en materia nuclear, lo que alimenta la preocupación en las capitales occidentales.
La funcionaria evitó dar detalles sobre el grado de avance de los trabajos de reparación ni sobre eventuales intentos de reconstruir la capacidad de enriquecimiento de uranio. Sin embargo, sí remarcó que las capacidades de proyección de poder convencional de Irán habrían sido “prácticamente destruidas”, reduciendo de manera drástica el margen de maniobra militar del régimen en la región.
Presión económica, tensiones internas y el frente nuclear
Además del impacto de las operaciones militares, la campaña de “máxima presión” impulsada por Washington —basada en un régimen de sanciones económicas cada vez más severo— y la reactivación de sanciones europeas deterioraron la posición estratégica de Teherán. Las restricciones afectan sectores clave como la exportación de petróleo, el acceso al sistema financiero internacional y la adquisición de tecnología sensible.
En este escenario, la comunidad de inteligencia estadounidense prevé un aumento de las tensiones internas a medida que la economía iraní continúe deteriorándose. La combinación de inflación, desempleo y caída del poder adquisitivo podría traducirse en mayores protestas sociales y desafíos para un sistema político ya sometido a fuerte presión externa.
Gabbard reiteró, a la vez, que Irán mantiene la capacidad tecnológica necesaria para desarrollar, si lo decidiera, un misil balístico intercontinental militarmente viable antes de 2035. No obstante, aclaró que esa evaluación será revisada para incorporar los efectos de la reciente “Operación Furia Épica”, sin precisar si el liderazgo iraní tomó la decisión política de avanzar en ese camino.
Advertencia de la CIA: riesgo de misiles de largo alcance
El director de la CIA, John Ratcliffe, coincidió en pintar un cuadro preocupante respecto del desarrollo misilístico iraní. Según explicó, Teherán estaría ganando experiencia en el uso de propulsores más grandes y potentes a través de su programa de Vehículos de Lanzamiento Espacial, una línea de trabajo que, aunque presentada como civil, tiene un alto potencial de doble uso.
- Avances en tecnología de propulsión aplicables a misiles balísticos.
- Capacidad teórica de alcanzar el territorio continental de Estados Unidos en el mediano plazo, si no se imponen límites efectivos.
“Si no se les pone freno, Irán podría desarrollar la capacidad de lanzar misiles hasta el territorio continental de Estados Unidos”, advirtió Ratcliffe ante los senadores.
Las declaraciones de los principales jefes de inteligencia norteamericanos refuerzan la percepción de que el futuro de Irán se jugará en una delicada combinación de presiones externas, disputas internas y capacidad de recuperación militar y económica. Mientras tanto, las potencias occidentales siguen de cerca cada movimiento de Teherán, ante el riesgo de una nueva escalada en uno de los focos más sensibles de la seguridad global.

