Científicos y ambientalistas advierten sobre los riesgos que ponen en jaque a los ecosistemas acuáticos. Qué ideas se proponen para frenar el deterioro de esas fuentes de vida.

Ayer, 14 de marzo, se celebró como cada año el Día Internacional de Acción por los Ríos y el lema fue “Proteger los ríos, proteger a las personas”. Los ríos no solo aportan agua, sino que también cuidan la salud del planeta Tierra y de todos los seres vivos.
Un grupo de científicos de Brasil, Venezuela, Uruguay, Argentina y Portugal, con la colaboración de colegas de diferentes países, detallaron todo lo que se conoce sobre los ríos de América del Sur, los problemas que enfrentan y cómo viven las comunidades a su alrededor.
Subrayaron que las principales amenazas para esos ríos son la deforestación, la contaminación por residuos domésticos, agrícolas e industriales, la construcción de represas, la expansión agrícola y ganadera, la minería y los efectos del cambio climático.
Los detalles los compilaron en el libro científico “Rivers of South America” (Ríos de Sudamérica). Los investigadores pertenecen a la Universidad de Coimbra (Portugal), la Universidad Federal de Goiás y la Federal de Minas Gerais en Brasil, la Universidad de la República, en Uruguay, la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado de Venezuela y el Instituto de Limnología, que depende del Conicet y la Universidad Nacional del Litoral, en Argentina, entre otras instituciones.
Carolina Aronzon, ecotoxicóloga e investigadora en el Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental, que depende del Conicet y la Universidad Nacional de San Martín, comentó en nota con Infobae: “Las personas que viven cerca de los ríos son quienes más sufren sus problemáticas. Por eso es clave que estén informadas y puedan exigir o impulsar soluciones. Los conocimientos locales resultan esenciales, ya que permiten crear en comunidad nuevas alternativas para enfrentar estos desafíos”.
Corrientes que tejen vida y futuro
Sudamérica está marcada por ríos gigantes que dan vida a paisajes, ciudades y culturas. El Amazonas, el más extenso y caudaloso, atraviesa la selva y descarga casi un tercio del agua dulce mundial en los océanos.
Su biodiversidad sorprende, pero la deforestación y las represas afectan su salud y la de quienes viven en sus orillas. El Paraná conecta Brasil, Paraguay y Argentina y sostiene la agricultura y la energía eléctrica.
La regulación de su caudal por represas y el atrapamiento de sedimentos modificaron su régimen natural, lo que afecta la dinámica de los humedales y puede tener impactos sobre la fauna asociada, advirtieron en el primer capítulo del libro los investigadores Manuel Graça, Edgardo Latrubesse, Marcos Callisto, Franco Teixeira de Mello y Douglas Rodríguez-Olarte.
Otros ríos de Sudamérica también cumplen un papel fundamental en la vida de millones de personas. Cada uno atraviesa paisajes únicos y enfrenta desafíos propios, pero todos son claves para el presente y el futuro de la región.
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Horizontes para los ríos
El futuro de los grandes ríos sudamericanos depende de cómo se actúe para protegerlos. En el último capítulo del libro, los investigadores detallan los problemas de los ríos y sugieren soluciones.
Uno de los más graves es la contaminación, causada por residuos domésticos, industriales y agrícolas que terminan en el agua. Aunque existen normas para reducir este daño, no siempre se cumplen y el impacto varía mucho entre países.
Las represas también generan debate: por un lado, aportan energía y ayudan a controlar inundaciones, pero pueden cambiar el curso natural del río y afectar la vida de peces y personas que dependen de la pesca.
La deforestación cerca de los ríos favorece la erosión del suelo, lo que lleva sedimentos al agua y la vuelve menos apta para plantas y animales. En algunos lugares hay proyectos para recuperar los bosques ribereños, aunque su alcance todavía es limitado.
Otro problema es la minería, especialmente la ilegal, que contamina con metales pesados, según los científicos. Las especies invasoras, como ciertos peces o moluscos, también alteran el equilibrio natural, aunque su impacto depende de cada cuenca.
Para enfrentar esos desafíos, se proponen mejorar el tratamiento de aguas residuales, restaurar bosques a la orilla de los ríos y controlar la minería. Además, se valora la cooperación entre países y el trabajo conjunto con las comunidades locales para proteger los ríos.

