El Ejecutivo optó por el silencio durante la masiva marcha del 8M

NewsITe
En el marco de una nueva jornada del 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, el Gobierno nacional decidió bajar el perfil y evitar la confrontación con los movimientos feministas que se concentraron frente al Congreso y en distintos puntos del país. A diferencia de otras manifestaciones recientes, el oficialismo se mantuvo en silencio y no salió a cuestionar las consignas de la marcha.
La concentración central tuvo lugar en la Plaza Congreso, donde confluyeron organizaciones feministas, políticas, sociales y sindicales bajo la consigna de reclamar por la ampliación y defensa de derechos para las mujeres y diversidades, así como por la persistencia de la violencia de género y las desigualdades estructurales en el mercado laboral y en la vida cotidiana.
A contramano de la línea más confrontativa que en otras oportunidades adoptó la Casa Rosada frente a protestas masivas, en esta ocasión no hubo discursos oficiales en rechazo a los reclamos ni intentos por instalar un contrapunto público. Voces del oficialismo reconocen que, en un contexto social sensible y con alta movilización, una estrategia de confrontación directa podía agravar tensiones y sumar costos políticos.
Operativo discreto y sin protocolo antipiquetes
Otro dato distintivo fue el esquema de seguridad. Para la marcha del 8M se dispuso un operativo mucho más acotado que el aplicado en otras movilizaciones de calles colmadas. El despliegue de fuerzas federales fue mínimo y, a diferencia de otras protestas, el Ministerio de Seguridad no activó el protocolo antipiquetes que suele utilizar para garantizar la circulación vehicular y despejar carriles de avenidas principales.
La apuesta oficial pasó por un monitoreo discreto del desarrollo de las columnas y por la coordinación con las fuerzas de la Ciudad para ordenar los accesos y la desconcentración, sin un protagonismo excesivo de uniformados en los alrededores del Congreso. En la práctica, la prioridad pareció ser facilitar la manifestación y reducir al máximo la posibilidad de incidentes, retenes o choques entre manifestantes y efectivos de seguridad.
Amplio abanico de organizaciones y reclamos
La convocatoria nacional del 8M volvió a estar motorizada por el colectivo Ni Una Menos, surgido en 2015 frente al aumento de femicidios y travesticidios en la Argentina. A la iniciativa se sumaron centrales sindicales como la CGT y las dos CTA (de los Trabajadores y Autónoma), además de agrupaciones políticas, sociales y feministas de diverso signo ideológico.
Entre las presencias destacadas figuró la agrupación Pan y Rosas, espacio feminista de izquierda del Frente de Izquierda, en la que milita la diputada nacional Myriam Bregman. También tuvo fuerte protagonismo la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, que, tras la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo, mantiene activa su agenda para garantizar la efectiva implementación de la ley en todo el territorio y evitar retrocesos.
Las distintas columnas llevaron al Congreso reclamos vinculados con la igualdad salarial, la precarización laboral, la sobrecarga de tareas de cuidado no remuneradas, el acceso a la justicia en casos de violencia de género y la continuidad de políticas públicas específicas. En un escenario económico ajustado, también se escucharon cuestionamientos a los recortes presupuestarios que afectan programas de asistencia a mujeres y diversidades.
Un 8M atravesado por debates económicos y políticos
La masiva participación en las calles volvió a mostrar la vigencia del movimiento de mujeres y diversidades en la agenda pública. Desde los distintos espacios coincidieron en que la crisis económica golpea con más fuerza a las mujeres, tanto por su mayor presencia en empleos informales y de bajos ingresos como por la responsabilidad adicional en tareas de cuidado, lo que profundiza las brechas de género.
En este contexto, la decisión del Gobierno de evitar el choque frontal con la movilización del 8M fue leída por analistas políticos como un gesto de prudencia y de reconocimiento del peso social del movimiento feminista. Queda por verse si este cambio de tono tendrá correlato en futuras políticas públicas o si se tratará solo de una estrategia circunstancial para transitar una jornada de alta sensibilidad social sin mayores tensiones.

