Israel y el secreto a voces de su poder nuclear

Ambigüedad estratégica y poder atómico en Medio Oriente

Central nuclear y simbolismo del poder atómico en Medio Oriente

NewsITe

La política de Israel frente a su supuesto arsenal nuclear es, desde hace décadas, un secreto a voces. Sin admitirlo ni desmentirlo de manera oficial, el Estado hebreo sostiene una estrategia de ambigüedad que le permite conservar ventaja militar en una de las regiones más inestables del planeta y, al mismo tiempo, evitar quedar abiertamente señalado como potencia atómica fuera del sistema de tratados internacionales.

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El ex subsecretario de Energía Nuclear de la Nación, Julián Gadano, explicó que esta postura encaja en lo que la literatura especializada denomina “proliferación opaca”: el mundo da por sentado que Israel posee armas nucleares, pero no existe una confirmación formal. “Todo el que sigue el tema sabe que Israel tiene armas nucleares. Israel no lo niega, pero tampoco lo confirma”, señaló el especialista en política y gestión nuclear en diálogo con Radio Rivadavia.

En el mapa global, hoy se estima que nueve países cuentan con armamento nuclear. Sin embargo, sólo cinco de ellos –Estados Unidos, Rusia, China, Francia y el Reino Unido– están reconocidos como potencias nucleares por el Tratado de No Proliferación (TNP) y, a la vez, integran el Consejo de Seguridad de la ONU. Por fuera de ese esquema aparecen India, Pakistán, Corea del Norte e Israel, cuyos programas se desarrollaron al margen del tratado y con distintos grados de transparencia.

Un origen ligado a la Guerra Fría y a las guerras árabe-israelíes

De acuerdo con Gadano, la decisión israelí de avanzar con este tipo de capacidades militares sin proclamarlas en público se remonta a las décadas de 1960 y 1970, marcadas por la Guerra Fría y los conflictos bélicos en Medio Oriente. Tras confrontaciones como la Guerra de Yom Kipur, el liderazgo israelí concluyó que era imprescindible asegurar una ventaja militar “abrumadora” para garantizar la supervivencia del Estado.

Esa lógica derivó en una política de disuasión silenciosa. A diferencia de Corea del Norte, que exhibe y amenaza con sus capacidades nucleares como herramienta política, Israel optó por no realizar ensayos públicos ni anuncios ruidosos. “Corea del Norte sería lo contrario de Israel: vocifera a los gritos que tiene armas nucleares. Ese es su negocio político”, comparó el ex funcionario argentino.

Desde los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki en 1945, las armas nucleares no volvieron a emplearse en combate. En ese marco, Gadano recordó que su función principal es precisamente no ser utilizadas: su valor reside en la disuasión, en el mensaje que envían a posibles adversarios. “Uno sabe cómo entra eso, pero no cómo sale y probablemente no haya ganadores”, advirtió, al describir el riesgo de una escalada nuclear que desborde cualquier cálculo racional.

Equilibrio de poder y tensiones en la región

La sola presunción de que Israel dispone de un arsenal atómico redefine el equilibrio estratégico en Medio Oriente. Para otros actores regionales, el factor nuclear israelí es al mismo tiempo un límite y un incentivo: actúa como freno a una agresión de gran escala, pero también alimenta discursos y proyectos que buscan contrapesar ese poder.

Gadano trazó un paralelismo con la rivalidad entre India y Pakistán, donde la mutua posesión de armas nucleares configura una disuasión recíproca. En el caso de Israel, esa capacidad –nunca reconocida, pero ampliamente asumida por las potencias– se vuelve un componente central de su doctrina de defensa y de las negociaciones diplomáticas, aun cuando no aparezca escrito en ningún comunicado oficial.

Irán, el otro foco nuclear que inquieta a la comunidad internacional

El especialista también se refirió al avance del programa nuclear iraní, uno de los ejes de mayor tensión en la agenda global. Según señaló, antes de la actual escalada bélica en la región, Irán se encontraba muy cerca de alcanzar el umbral técnico para producir material apto para un arma nuclear.

“El nivel de enriquecimiento militar es del 90%. Irán tenía uranio enriquecido al 60%, algo que no puede justificar para usos pacíficos”, detalló. De acuerdo con la información que maneja, los ataques contra instalaciones nucleares iraníes habrían dañado de manera significativa su capacidad para seguir avanzando, aunque no lograron desarticularla por completo.

  • Irán llegó a acumular alrededor de 500 kilos de uranio enriquecido al 60%.
  • Esa cantidad no es todavía de grado militar, pero está tecnológicamente muy próxima al umbral bélico.
  • La destrucción de instalaciones físicas no alcanza si se mantiene intacto el conocimiento científico y técnico.

En esa línea, Gadano subrayó que los conflictos vinculados al desarrollo nuclear no se dirimen sólo en el terreno material, sino también en el campo del capital humano. “Destruir capacidades implica destruir instalaciones materiales, pero también atrasar al otro país en términos de conocimiento”, explicó, en referencia a operaciones encubiertas que buscan reclutar, exiliar o incluso eliminar a científicos clave.

“Las bombas nucleares están pensadas para no ser usadas. Decir ‘las tengo’ te da cierta ventaja estratégica respecto de los demás”, resumió Gadano al describir el poder disuasivo del arsenal atómico.

En un escenario signado por guerras abiertas, tensiones diplomáticas y disputas tecnológicas, la combinación entre la ambigüedad nuclear de Israel y el avance de Irán hacia el umbral militar mantiene encendida una de las principales alarmas de seguridad internacional. La región, atravesada por conflictos históricos y rivalidades religiosas y geopolíticas, sigue siendo el epicentro de un delicado equilibrio atómico que ningún actor admite abiertamente, pero que todos tienen presente.

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