Quién es Hugo Sigman, el magnate de las vacunas en la mira del Gobierno

NewsITe
En las últimas dos décadas, pocos nombres crecieron tanto en influencia dentro del negocio de las vacunas en la Argentina como el de Hugo Sigman. Médico psiquiatra de formación, empresario farmacéutico por vocación y productor cultural por estrategia, se convirtió en un actor central de la industria de inoculaciones, primero en el universo ganadero y luego en el calendario de vacunación humano, hoy cuestionado por el gobierno de Javier Milei por sus costos y su alcance.
Desde 2003 hasta la llegada de Milei a la Casa Rosada, el presupuesto nacional destinado a vacunas se multiplicó por ocho, mientras que la cantidad de tipos de vacunas incluidas en el calendario oficial se triplicó. Para 2019, la Organización Mundial de la Salud recomendaba alrededor de trece vacunas básicas; la Argentina ya aplicaba diecisiete. Ese salto en la cantidad de dosis financiadas por el Estado abrió una ventana de oportunidades que permitió a Sigman consolidarse como uno de los principales proveedores del sistema público.
El origen de ese imperio se remonta a su sociedad con la familia Gold, histórica del sector farmacéutico y vinculada al antiguo Partido Comunista Argentino. Con las vacunas contra la aftosa para el ganado, a través de BioGénesis Bagó, lograron un virtual cuasi monopolio en la inoculación del rodeo nacional, con excepción de la Patagonia. Se trata de un negocio valuado en torno a los u$s150 millones anuales, clave para la sanidad animal y las exportaciones de carne.
De la aftosa al calendario humano: expansión y controversias
A partir de la crisis de la gripe A (H1N1) en 2009, el vínculo de Sigman con el Estado se profundizó. Asociado al laboratorio suizo Novartis, acordó la construcción de una planta en Garín para producir vacunas antigripales, con una inversión prometida de unos 100 millones de dólares. A cambio, según reconstrucciones periodísticas, se garantizó por una década la compra estatal de su producción, con precios referenciados en dólares por la OPS, pese a que gran parte de los costos eran en pesos.
Con el impulso del entonces ministro de Salud Juan Manzur y de la responsable del Programa Nacional de Inmunizaciones, Carla Vizzotti, el calendario de vacunación se actualizó en 2011 e incorporó nuevas dosis obligatorias: antigripal, neumococo y VPH, entre otras. Allí se afianzó Sinergium Biotech, consorcio integrado por Sigman junto a otros jugadores de la industria, como proveedor estratégico del Estado, incluso durante la presidencia de Mauricio Macri, cuando mantuvo contratos para vacunas contra el neumococo en sociedad con Pfizer.
Covid-19, AstraZeneca y la lupa judicial
La pandemia de Covid-19 abrió una nueva etapa. El gobierno de Alberto Fernández recurrió a mAbxience, empresa de Sigman, para producir en Garín el principio activo de la vacuna desarrollada por AstraZeneca, cuyo envasado se realizaría en México, con apoyo del magnate Carlos Slim. El proyecto fue presentado como un ejemplo de articulación regional, pero terminó envuelto en polémicas por las demoras y por las posteriores revelaciones sobre efectos adversos graves, principalmente cuadros de trombosis, que llevaron a la retirada del producto en varios países.
En la Argentina, una denuncia judicial impulsada en 2021 derivó en la imputación de Sigman, del entonces presidente Alberto Fernández y de los ex ministros de Salud Ginés González García y Carla Vizzotti. El fiscal Guillermo Marijuan los acusó por presunta defraudación al Estado, malversación de fondos públicos y abuso de autoridad, al considerar que se abonaron alrededor de 60 millones de dólares por más de 22 millones de dosis que sufrieron fuertes retrasos. El juez federal Julián Ercolini ordenó allanamientos en el Ministerio de Salud y en las oficinas de mAbxience. La causa sigue en trámite, sin sentencia definitiva.
Choque con Milei y refugio en la batalla cultural
El ascenso de Javier Milei al poder puso al “rey de las vacunas” en el centro de una disputa política abierta. El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, avanzó contra el cuasi monopolio de BioGénesis Bagó en la vacuna antiaftosa, habilitando la importación de productos alternativos y marcando un quiebre en un negocio que producía más de 80 millones de dosis al año. Para La Libertad Avanza, Sigman encarna el modelo de empresario ligado al “capitalismo de amigos” y a un Estado sobredimensionado.
Ante ese escenario, el empresario profundizó otra faceta: la cultural. A lo largo de los años financió revistas como Tres Puntos, TXT y la edición local de Le Monde Diplomatique, y se volcó de lleno a la producción audiovisual con KS Films. Su última apuesta, la película “Belén”, dirigida por Dolores Fonzi y ganadora del premio Goya, fue leída por el oficialismo como parte de una contraofensiva simbólica frente al discurso libertario y la llamada batalla cultural que el propio Milei reivindica como política de Estado.
Cine, ideología y disputa por el sentido común
Las producciones respaldadas por Sigman suelen inscribirse en una tradición progresista, cercana a las ideas del pensador italiano Antonio Gramsci, que ubica a la cultura, la ideología y el Estado como espacios centrales de disputa de poder. La intervención en cine, medios y artes se entiende, en este marco, como una herramienta para sostener una hegemonía cultural frente a los embates de proyectos de derecha o ultraderecha.
- Producción de cine y series de alto impacto, como “Belén” y “El Eternauta”.
- Apoyo a medios y revistas de perfil progresista y de izquierda.
- Presencia activa en debates sobre políticas públicas, salud y cultura.
En un país donde el Gobierno promete recortar el gasto y “desarmar privilegios”, la figura de Hugo Sigman condensa el cruce entre negocios millonarios con el Estado y una intensa apuesta por la influencia cultural.
Mientras el oficialismo insiste en revisar contratos, abrir mercados y recortar programas vinculados a la salud y la cultura, Sigman aparece como uno de los símbolos de la etapa que Milei busca dejar atrás. Su duelo con la Casa Rosada no solo se libra en los expedientes administrativos y judiciales, sino también en las pantallas de cine, en los medios y en la disputa por el sentido común de la sociedad argentina.

