La nicoleña Milagros Verón vive horas de angustia en Qatar, donde quedó varada en un crucero que debió modificar su ruta por la escalada del conflicto bélico en Medio Oriente. La joven, que trabaja en los locales del barco, describió un clima de creciente tensión, con pasajeros afectados por ataques de pánico, escasez de alimentos y mercadería, y sin un protocolo claro ante una situación de guerra.

La nicoleña Milagros Verón atraviesa horas de incertidumbre en Medio Oriente luego de quedar varada en un crucero que debió suspender su recorrido debido a la escalada del conflicto bélico en la región. La joven, que trabaja en los locales comerciales del barco, se encuentra actualmente en Qatar y asegura que la situación a bordo es cada vez más tensa.
“Estoy un poco nerviosa con la situación, preocupada. Fue todo muy de repente y nosotros no nos preparamos para esto. La venimos pasando mal”, relató.
Según explicó, el itinerario del crucero debió modificarse abruptamente porque la ruta prevista quedó cerrada por el conflicto armado. “Estoy varada en un crucero, se cerró la ruta de la parte que debía seguir. La única salida que tenemos es por el Golfo de Omán porque si pasamos nos bombardean. Es bastante fea la situación”, expresó.
La joven señaló que el barco cuenta con protocolos para otros riesgos, pero no para una situación de guerra. “Nosotros tenemos protocolo. Estamos preparados por si el barco se hunde o si recibimos ataques piratas, pero para esto la verdad que no”.
Además, contó que la noticia la tomó por sorpresa. “Me enteré por mi mamá. Una semana antes me llamó para preguntarme si estaba segura de que no iba a pasar nada y yo le dije que creía que estábamos bien. Después sucede todo esto y fue un baldazo de agua fría”.
Con el paso de las horas comenzaron a aparecer escenas de angustia entre pasajeros y tripulantes. “Tenemos gente que sufrió ataques de pánico”.
También surgieron problemas logísticos dentro del barco. “Hay gente que llegó sin valijas. Hay personas que hace cuatro días están sin equipaje, vinieron con la ropa que tenían puesta”.
Esa situación generó una fuerte demanda en los locales del barco. “Recibimos mucha gente en los shops comprando ropa, cepillos de dientes y artículos de higiene personal. Nos quedamos sin stock, lo que es gravísimo”.
La preocupación aumenta además por la escasez de alimentos. “Nos estamos quedando sin comida y estamos en el cuarto día. Es una locura realmente, muy triste la verdad”.
A pesar de la tensión, el crucero mantiene actividades para distraer a los pasajeros y a la tripulación. “Todo el tiempo están haciendo actividades para los pasajeros y para nosotros, distracciones. Por un lado está bueno, pero por el otro es demasiado”. Incluso se dispuso asistencia psicológica. “Hoy vi que pusieron una psicóloga a la cual podemos ir sin sacar turno y es totalmente gratuito para hablar sobre la situación”.
Si bien desde el barco les aseguran que permanecer en el agua es más seguro que en tierra, el temor persiste. “Nos dicen que estamos a salvo en el barco, pero escuchamos que en otro barco similar cayó una bomba muy cerca”.
Además, explicó que por ahora no existe un plan concreto de evacuación. “No nos dijeron nada sobre protocolos ante una escalada”.
El crucero tenía previsto continuar su recorrido hacia África y luego hacia el Mediterráneo, donde finalizaría el viaje. “El recorrido era volver a África el 10 de marzo, pasar dos semanas en el mar y después ir al Mediterráneo, donde nos bajábamos”.
Sin embargo, el conflicto cambió por completo esos planes. “Yo en un mes tengo que volver a casa y ahora me dicen que tengo que quedarme hasta que termine la guerra. Según lo que leí, podría durar un mes”.

