El dolor cotidiano de una familia que aún espera a Loan

NewsITe
A más de 20 meses de la desaparición de Loan Peña, el niño correntino cuyo paradero aún es un misterio para la Justicia, sus padres y uno de sus hermanos abrieron las puertas de su casa para compartir cómo es hoy la vida sin él. Entre recuerdos, rutinas rotas y una ausencia que se siente en cada rincón, todos coinciden en una frase que se repite como un eco: “La casa está en silencio sin Loan”.
María Noguera y José Peña, los padres del niño, repasaron ante Agencia Noticias Argentinas la vida diaria que compartían con su hijo menor antes de aquel día que lo cambió todo. Loan no era de pasar horas con juguetes, contaron, pero sí disfrutaba de andar en bicicleta, jugar con la pelota y seguir cada partido como hincha fanático de Boca Juniors. Esa energía y ese movimiento constante son, hoy, lo que más extrañan.
La rutina del chico era sencilla y muy parecida a la de cualquier niño de su edad. Se levantaba, desayunaba en su casa y, por la tarde, asistía al jardín, un espacio en el que se sentía a gusto junto a sus compañeros. María recordó que, cuando sabía que quedaba poco para que lo llevaran, tomaba el celular de su mamá, agarraba la toallita que lo acompaña desde que nació y se recostaba a su lado en la cama, en un ritual cargado de ternura.
También evocaron los momentos compartidos en la cocina. Cuando llegaba la hora de preparar la comida, Loan arrimaba su sillita a la mesada para mirar de cerca lo que se cocinaba. Con curiosidad y juego, revolvía la olla y participaba de esa escena cotidiana que hoy, con su ausencia, se volvió dolorosa. La llegada de José de trabajar era otro punto alto del día: su hijo era el primero en salir a recibirlo, gritando un “hola, papi” que, según él mismo admite, le cambiaba el ánimo de inmediato.
Una ausencia que se siente en cada rincón
José confesó que regresar del trabajo ya no es lo mismo. Nadie lo espera en la puerta como antes, y ese simple gesto convertido en recuerdo se transformó en una de las postales más crudas de la ausencia de Loan. María, por su parte, relató cómo su hijo la acompañaba a hacer mandados: solía ir con ella al cajero automático, donde se encargaba de poner y sacar la tarjeta. “Era su trabajo”, contó, y a veces le daba un poco de dinero para que pudiera ahorrar.
El paso del tiempo no logra aliviar el dolor. Por el contrario, la angustia parece profundizarse, aunque la esperanza se mantiene intacta. María asegura que sigue creyendo que van a encontrar a su hijo y que se aferra a esa fe a pesar de todo. “A mí me cuesta salir de casa porque tengo miedo de no estar cuando Loan regrese, mientras que a José sé que le cuesta volver y no recibir el saludo de su hijo”, describió.
Las noches también están atravesadas por su recuerdo. María contó que sueña con él con frecuencia y que, en esos sueños, nunca aparece lastimado. Lo ve jugando, con la misma ropa que se hizo conocida en las fotos difundidas desde su desaparición: una remera negra o una celeste. Esas imágenes oníricas conviven con la realidad de una casa en la que el ruido de los juegos fue reemplazado por un silencio que duele.
“La casa está en silencio”: el cuarto intacto y la lucha que sigue
Tanto los padres como los hermanos de Loan coinciden en que el camino de reclamo y búsqueda “es muy difícil” y que la ausencia del niño se hace cada vez más pesada. Aquellas peleas entre hermanos, los bailes y los gritos típicos de la infancia hoy son sólo recuerdos. “La casa está en silencio, ya no está más ese griterío de todos peleando o de él bailando”, expresó María, que todavía recuerda cuando, al no escucharlo, lo llamaba a los gritos y él respondía desde algún rincón: “Acá estoy, mami”.
José hijo, uno de los hermanos del niño, también describió cuánto lo extrañan. Contó que se divertían con él, a veces incluso haciéndolo enojar a modo de broma, un juego familiar que hoy extrañan profundamente. La rutina entera de la casa quedó marcada por la falta de Loan, y tanto los adultos como los chicos intentan seguir adelante sin dejar de reclamar respuestas.
El cuarto del niño permanece tal como estaba. María explicó que no pudieron retirar la cama ni modificar demasiado el espacio. “No pudimos sacar la cama, no queremos”, afirmó, dejando en claro que ese ambiente funciona como una forma de mantener presente a su hijo mientras esperan novedades de la investigación. A más de 20 meses de su desaparición, el caso sigue abierto, la familia continúa exigiendo avances y el pedido es uno solo: saber dónde está Loan.
“La casa está en silencio, ya no está más ese griterío de todos peleando o de él bailando… Lo extrañamos”, resumió la familia de Loan.

