Carne: por qué subió 20% en el año y qué puede pasar

La escalada del precio de la carne preocupa a los hogares argentinos

Carnicería con distintos cortes de carne vacuna en exhibición

NewsITe

En lo que va del año, el precio de la carne vacuna aumentó alrededor de 20% y vuelve a golpear al bolsillo de las familias argentinas. El incremento es casi cinco veces superior al índice general de inflación y, medido de forma interanual, el encarecimiento ronda el 73,4%, según datos relevados por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) y el sector minorista.

En las carnicerías del Área Metropolitana de Buenos Aires, un kilo de vacío o costilla de ternera de primera ya se ubica entre $26.000 y $28.000, de acuerdo con testimonios de comerciantes consultados. El salto en el mostrador no obedece solo a una cuestión coyuntural, sino a una combinación de factores productivos, climáticos y de mercado que vienen presionando sobre el valor del ganado en pie.

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Sequía, inundaciones y menos hacienda: la oferta en retroceso

De acuerdo con el informe de CEPA, la suba de la carne bovina está fuertemente vinculada a una caída del stock ganadero registrada entre 2024 y 2025. La menor disponibilidad de terneros, novillos y vaquillonas para faena redujo la oferta de animales terminados, lo que empuja los precios al alza en toda la cadena.

El proceso comenzó con la histórica sequía de 2023, que deterioró las pasturas y forzó a muchos productores a vender hacienda de manera anticipada para evitar mayores pérdidas. Esa liquidación afectó el stock disponible para los ciclos siguientes. Cuando el sector esperaba una recuperación, llegaron las fuertes inundaciones entre 2024 y 2025, que profundizaron el problema: nuevos remates anticipados, menor número de vientres y peores índices de preñez.

Las lluvias intensas también complicaron la logística. El mal estado de los caminos rurales encareció el transporte de hacienda y en algunos casos directamente impidió el traslado hacia los feedlots o frigoríficos, reduciendo la oferta efectiva en los mercados concentradores. Todo esto dio como resultado un escenario de menor producción en un contexto de demanda firme.

Falta de políticas y presión de la demanda externa

El diagnóstico de los especialistas apunta además a la ausencia de políticas públicas orientadas a recomponer el rodeo luego de los shocks climáticos. Sin programas de incentivo claros para retener vientres, mejorar la productividad y financiar inversiones, el sector ganadero enfrenta dificultades para encarar una recuperación sostenida del stock, que se mantiene alrededor de los 50 millones de cabezas desde hace una década.

En paralelo, la demanda internacional de carne argentina se mantuvo sólida. Los altos precios de exportación, sobre todo en mercados de alto poder adquisitivo, absorbieron una parte significativa de la producción local, en especial de animales pesados. Esa mayor inserción externa refuerza la presión sobre el precio del novillo y se traslada, por arrastre, a los cortes que se ofrecen en el mercado interno.

Aunque el maíz es un insumo importante para el engorde a corral, su impacto en el costo total de la hacienda es limitado y no alcanza para explicar por sí solo los aumentos recientes. Para productores y carniceros, el verdadero motor de la suba está en la conjunción de menor oferta, deterioro productivo y mejores oportunidades de venta al exterior.

Proteínas alternativas y el impacto en el consumo

Mientras la carne vacuna lidera los incrementos, otras proteínas animales muestran aumentos mucho más moderados. En los últimos doce meses, el pollo subió cerca de 31,4% y alrededor de 7% en el último trimestre. El cerdo, en tanto, registra un alza interanual de 22,7% y prácticamente no tuvo ajustes recientes.

  • Carne vacuna: +73,4% interanual y 20% en lo que va del año.
  • Pollo: +31,4% interanual y 7% en el último trimestre.
  • Cerdo: +22,7% interanual, sin subas significativas recientes.

Esta brecha de precios impulsa un reemplazo parcial del consumo: muchos hogares recurren con mayor frecuencia al pollo o al cerdo para abaratar el costo de la canasta proteica. No obstante, la carne vacuna sigue siendo un alimento central en la mesa argentina y la caída del poder adquisitivo genera un ajuste tanto en cantidad como en calidad de los cortes elegidos.

“Si se abren oportunidades como Estados Unidos o Europa, el productor sabe que puede vender a mejor precio. Con una producción limitada, eso indefectiblemente hace que el precio suba”, advierten los carniceros, que observan con inquietud un nuevo ciclo de retención de vientres.

Con un rodeo estancado desde hace años, a diferencia de países vecinos como Brasil y Uruguay que expandieron sus stocks, el desafío para Argentina será compatibilizar la necesidad de exportar con el acceso a precios razonables en el mercado interno. Sin medidas de estímulo productivo y gestión del riesgo climático, los analistas prevén que la carne seguirá siendo un bien cada vez más caro para el consumidor local.

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