Caputo sostiene una desinflación más rápida que la prevista por el mercado

Las proyecciones oficiales sobre la evolución de los precios vuelven a encender el debate entre el Gobierno y los economistas. El ministro de Economía, Luis Caputo, reiteró su expectativa de que la inflación mensual pueda perforar el 1% hacia agosto, pero distintos analistas advierten que el escenario macroeconómico no convalida, por ahora, un ritmo de desinflación tan acelerado.
En diálogo con Agencia Noticias Argentinas (NA), el economista Martín Kalos fue tajante al evaluar las declaraciones del titular del Palacio de Hacienda. Según afirmó, “no es posible lo que plantea Caputo” y consideró que el Poder Ejecutivo mantiene “un discurso exitista respecto de la inflación que no es realista”, al presentar el problema como si estuviera prácticamente resuelto.
Kalos recordó que el Gobierno ya dio por “aniquilada” a la inflación en más de una oportunidad, bajo el argumento de que se habían tomado todas las medidas necesarias. Sin embargo, para el analista aún quedan desafíos centrales: desde el nivel del tipo de cambio hasta la actualización de tarifas y la recomposición salarial, factores que pueden volver a presionar sobre los precios en los próximos meses.
El economista advirtió que las dos grandes anclas utilizadas por la administración nacional para desacelerar la inflación desde 2024 fueron el dólar y los salarios reales. A su criterio, ambos indicadores tocaron un piso y tenderán a recuperarse gradualmente durante 2025, en especial el tipo de cambio a partir de julio, lo que marcaría un límite a la estrategia de contener la inflación mediante atraso cambiario y pérdida de poder adquisitivo.
Presión cambiaria, tarifas y salarios: los límites de la desinflación
Tras la fuerte baja del tipo de cambio en enero, Kalos señaló que el esquema actual prevé un sendero de corrección del dólar en el mediano plazo para darle mayor sustentabilidad al modelo económico. Ese ajuste implicaría una recomposición del tipo de cambio hacia niveles “más razonables”, pero también podría trasladarse a precios, reduciendo el margen para que el índice mensual caiga por debajo del 1% de forma sostenida.
En paralelo, el especialista remarcó que los salarios ya se encuentran rezagados respecto del costo de vida, por lo que anticipó cierta recuperación de ingresos en los próximos meses. En un contexto donde el consumo viene golpeado, la mejora en las remuneraciones sería necesaria para reactivar la actividad, aunque también podría sumar presión sobre los precios.
Otro punto crítico son las tarifas de los servicios públicos. Kalos recordó que aún quedan pendientes aumentos y revisiones, lo que complica la posibilidad de mantener un ritmo de desinflación pronunciado. Cada corrección tarifaria impacta de forma directa en el índice de precios, por lo que el Gobierno deberá balancear gradualismo y consistencia fiscal.
Pronósticos privados: inflación de un dígito, pero no tan rápido
Desde la consultora Épica coincidieron en que el proceso de desinflación continuará, aunque a un ritmo más moderado. Según su visión, la caída de la inflación será “más leve, más gradual, más lenta y más moderada” que la observada durante 2024, cuando el impacto del ajuste inicial y del freno de la actividad permitió una reducción más veloz desde los picos inflacionarios.
En la misma línea se expresó Iván Cachanovsky, economista de la fundación Libertad y Progreso. En diálogo con NA, proyectó una inflación anual cercana al 20% para diciembre, lo que implicaría que hacia agosto o septiembre los registros mensuales se ubiquen en torno al 1%, pero difícilmente por debajo de ese nivel.
“Estamos viendo inflación que empiece con cero recién para principios del próximo año. Podría haber algún mes excepcional en 2025 con una cifra por debajo del 1%, pero no como una tendencia consolidada”, estimó Cachanovsky.
De confirmarse estas proyecciones, el Gobierno lograría una significativa desaceleración respecto de los niveles de inflación heredados, pero no en los plazos más ambiciosos planteados por el ministro Caputo. El debate entre las expectativas oficiales y las proyecciones privadas seguirá siendo un termómetro clave para medir la credibilidad del programa económico y las chances de consolidar una estabilidad de precios duradera.

