Día Mundial del Implante Coclear y alerta por la hipoacusia

Día Mundial del Implante Coclear: una revolución para la audición

Paciente con implante coclear en conmemoración del Día Mundial del Implante Coclear

NewsITe

Cada 25 de febrero se conmemora el Día Mundial del Implante Coclear, una fecha que busca visibilizar la pérdida auditiva y destacar el impacto que esta tecnología tiene en la calidad de vida de millones de personas en el mundo. Especialistas remarcan que la detección temprana y el tratamiento oportuno son claves para evitar secuelas en el desarrollo del lenguaje, la vida social y la salud cerebral.

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Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 360 millones de personas presentan algún grado de pérdida auditiva, lo que equivale aproximadamente al 5% de la población mundial. En el caso de los niños, el problema impacta a 5 de cada 1.000 recién nacidos, con mayor incidencia entre quienes requirieron cuidados intensivos neonatales. En América Latina, se calcula que unas 30 millones de personas viven con pérdida auditiva, de las cuales alrededor de 5 millones tienen formas severas.

En Argentina, se estima que cada año nacen entre 700 y 1.200 niños con hipoacusia, mientras que unas 500.000 personas atraviesan dificultades significativas para escuchar. La otóloga y otoneurocirujana del Hospital Británico, Dra. Liliana Tiberti (M.N. 69.199), enfatiza que escuchar es mucho más que percibir sonidos: es la base del lenguaje, el aprendizaje y la interacción social. Cuando la pérdida auditiva no se detecta a tiempo, especialmente en la infancia, puede condicionar el rendimiento escolar, la comunicación con la familia y la integración en la comunidad.

Impacto en adultos y salud cerebral

En la adultez, la hipoacusia no tratada dificulta las conversaciones, sobre todo en ambientes ruidosos, y suele derivar en frustración, aislamiento y problemas en el ámbito laboral. En las personas mayores, además, la falta de estimulación sonora sostenida se asocia con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia. Diversos estudios demostraron que el cerebro necesita recibir estímulos auditivos regulares para mantener activas sus redes neuronales, por lo que la rehabilitación auditiva es una herramienta clave para preservar la función cerebral y la autonomía.

La historia de esta práctica en el país tiene un hito relevante: en 1980, en el Hospital Británico de Buenos Aires, el otorrinolaringólogo Jorge Schwartzman realizó el primer implante coclear de América Latina, hecho que marcó el inicio de un desarrollo sostenido de esta tecnología en la región.

Por qué se celebra el 25 de febrero

La fecha recuerda el primer implante coclear de la historia, llevado a cabo en 1957 por los médicos franceses André Djourno y Charles Eyriès. En ese procedimiento pionero, se insertó un único hilo de cobre en el oído interno de un paciente con sordera profunda, lo que le permitió percibir por primera vez una sensación sonora muy básica. Aquella intervención, rudimentaria para los estándares actuales, inició una revolución en el abordaje de la sordera severa y profunda.

Durante la década de 1960, el médico William House, considerado uno de los grandes pioneros de la especialidad, junto con John Doyle y el ingeniero James Doyle, avanzó en el desarrollo de dispositivos con múltiples electrodos implantados dentro de la cóclea. Los cables se conectaban a grandes computadoras externas, pero el concepto abrió el camino a los sistemas actuales. Ya en 1973, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aprobó el primer implante coclear moderno, lo que impulsó su comercialización e inauguró una evolución tecnológica que continúa hasta hoy.

Qué es y cómo funciona un implante coclear

El implante coclear es un dispositivo médico diseñado para personas con pérdida auditiva severa o profunda que no obtienen beneficios suficientes con audífonos convencionales. Mientras que los audífonos amplifican el sonido para que el oído lo procese, el implante coclear funciona de manera distinta: transforma los sonidos en impulsos eléctricos que estimulan directamente el nervio auditivo, permitiendo que el cerebro los interprete como señales sonoras.

El sistema se compone de dos partes principales: un componente externo, que incluye micrófono y procesador de sonido, encargado de captar y transformar los sonidos del entorno; y un componente interno, implantado mediante cirugía en el oído, que recibe las señales y las transmite a la cóclea. Aproximadamente un mes después de la operación el dispositivo se activa y comienza la fase de calibración y rehabilitación auditiva.

Importancia del diagnóstico temprano y la rehabilitación

El implante coclear puede indicarse en bebés, niños y adultos, siempre que la pérdida auditiva sea significativa y los estudios demuestren que no hay respuesta adecuada con otros dispositivos. La evaluación corre por cuenta de un equipo multidisciplinario integrado, entre otros, por otorrinolaringólogos, fonoaudiólogos y especialistas en neurodesarrollo. La rehabilitación posterior —que incluye entrenamiento auditivo, terapia del lenguaje y acompañamiento familiar— es fundamental para alcanzar buenos resultados.

  • Permite el desarrollo del lenguaje oral en niños con hipoacusia profunda si se implanta de manera temprana.
  • Facilita la reinserción social y laboral de adultos que habían perdido la audición.
  • Contribuye a reducir el aislamiento y mejorar la salud emocional.
  • Ayuda a mantener activo el cerebro, lo que se vincula con menor riesgo de deterioro cognitivo.

“Si una persona tiene dificultades para escuchar, es fundamental consultar. Detectar y tratar la pérdida auditiva a tiempo puede cambiar su vida. Escuchar no es solamente oír: es comunicarse, participar, mantenerse conectado con los demás y mejorar la calidad de vida”, remarcó la especialista.

En el marco del Día Mundial del Implante Coclear, profesionales de la salud insisten en la importancia de realizar controles auditivos periódicos en todas las etapas de la vida y de consultar ante los primeros indicios de dificultad para oír. La combinación de diagnóstico precoz, acceso a la tecnología adecuada y rehabilitación continua puede marcar la diferencia entre el aislamiento y una vida plenamente integrada.

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