Se agrava la crisis en Lácteos Verónica y crece la preocupación de 700 familias

La firma láctea atraviesa una situación crítica, con salarios impagos y producción casi paralizada en sus plantas de Santa Fe. Los trabajadores denuncian una grave crisis de conducción, conflictos entre los dueños y maniobras de vaciamiento que afectan a unas 700 familias.

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Foto de Agrolatam

La crisis en la empresa Lácteos Verónica se profundiza y mantiene en vilo a unas 700 familias en distintas localidades del país, con especial impacto en la provincia de Santa Fe. La firma, que cuenta con tres plantas en esa jurisdicción —Clason, Suardi y Lehmann—, adeuda salarios, paralizó casi por completo su producción y enfrenta duras denuncias por parte de sus trabajadores, que apuntan a problemas de gestión empresaria y maniobras de vaciamiento por parte de los propietarios.

Según reconstruyó Rosario 3, la situación atraviesa un momento crítico y, para los empleados, el escenario parece haber llegado a un punto límite. Los actuales dueños, herederos de los fundadores de la compañía, son señalados como responsables de una conducción que derivó en el deterioro operativo y financiero de la empresa.

A diferencia de otros rubros industriales, el sector lácteo no se encuentra directamente afectado por la apertura importadora impulsada por el gobierno nacional. En ese contexto, los trabajadores remarcan que el problema no es externo sino interno, vinculado de manera directa a decisiones empresariales erráticas y a conflictos entre los propietarios.

Marcelo Muzzio, delegado gremial de la planta de Clason, expuso esta mirada en declaraciones realizadas en el programa Radiópolis, que se emite por Radio 2. Allí sostuvo que la crisis responde a una mala conducción y no a una falta de mercado. Incluso, pese al panorama adverso, señaló que mantiene expectativas de que marzo pueda traer “novedades positivas”, posiblemente relacionadas con la aparición de un comprador interesado en reactivar la firma, de acuerdo a lo informado por Rosario 3.

Incumplimientos salariales, cierre de plantas y denuncias de vaciamiento

La gravedad del conflicto se refleja en una cadena de incumplimientos que se arrastra desde hace casi un año. Muzzio relató que la empresa interrumpió de manera unilateral los pagos a trabajadores, productores tamberos y proveedores, lo que terminó por asfixiar el funcionamiento cotidiano de las plantas. En el caso de Clason, esta situación derivó en el cierre efectivo de la fábrica el pasado 10 de enero, cuando la empresa de transporte dejó de prestar servicios ante la deuda acumulada.

El delegado explicó que los incumplimientos salariales comenzaron en marzo del año pasado. Hasta el 8 de enero, y gracias a la intervención del gobierno provincial, la empresa abonó los sueldos de manera parcial y en cuotas. Sin embargo, las deudas se acumularon: no se pagaron los salarios de diciembre ni de enero, tampoco el aguinaldo correspondiente, lo que profundizó la angustia de los trabajadores y sus familias.

En un comunicado difundido por los empleados, la compañía es descripta como atravesada por “una profunda crisis de conducción y gestión”, originada en disputas internas entre los propietarios. Para los trabajadores, esa interna terminó impactando de lleno en la continuidad productiva y en el cumplimiento de las obligaciones básicas de la empresa.

Muzzio fue aún más contundente al responsabilizar a los empresarios por el colapso de la firma. Señaló que “hicieron un desastre” en un contexto en el que la industria láctea continúa funcionando y registra incluso inversiones extranjeras. Desde esa perspectiva, sostuvo que no existen razones estructurales que justifiquen la parálisis de Lácteos Verónica.

El impacto social del conflicto se siente con fuerza en las localidades donde la empresa tiene presencia. Muzzio es oriundo de Totoras, ciudad cercana a la planta de Clason, que emplea a alrededor de cien trabajadores. Según describió, la situación económica local se encuentra seriamente dañada por la paralización de la actividad, con comercios y servicios que también sufren las consecuencias.

La denuncia de vaciamiento se apoya, además, en un dato que los trabajadores consideran clave. Los propietarios continúan produciendo leche en su propio tambo, con un volumen aproximado de 80.000 litros diarios. Sin embargo, esa producción no se procesa en las plantas de Lácteos Verónica, sino que se envía a otras industrias del sector. Para los empleados, esta maniobra refuerza la sospecha de un vaciamiento deliberado, mientras las fábricas permanecen paralizadas y los salarios impagos.

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