Roncar: una señal del cuerpo que no hay que minimizar

Roncar suele tomarse como una molestia cotidiana o una broma de pareja. Sin embargo, desde la medicina se advierte que el ronquido es mucho más que un ruido: puede ser el primer aviso de que el aire no está circulando bien durante el sueño y de que existe un trastorno respiratorio que requiere atención.
El sonido se produce cuando las vías aéreas superiores se estrechan o se obstruyen de manera parcial. En ese contexto, el aire genera vibraciones en los tejidos blandos de la garganta y aparece el típico ronquido. Puede ocurrir de forma esporádica, por ejemplo en cuadros de resfrío o alergia, pero cuando se vuelve intenso o cotidiano es momento de consultar.
La otorrinolaringóloga Ana Cofré (M.N. 117124 – M.P.R.N. 8.815), directora del Centro Patagónico de Otorrinolaringología, advierte que el ronquido persistente debe considerarse un síntoma de posible trastorno respiratorio del sueño y no un rasgo “normal” del descanso. En muchos pacientes, agrega, constituye el primer indicador de apnea obstructiva del sueño, una condición en la que la vía aérea se cierra de forma repetida durante la noche.
Cuándo el ronquido deja de ser algo menor
Los especialistas recomiendan no postergar la consulta médica cuando, además de los ronquidos, se presentan señales de alarma durante el descanso nocturno o al despertar. Entre los signos que justifican una evaluación se encuentran:
- Pausas en la respiración observadas por quien comparte la cama o la habitación.
- Sensación de ahogo, resoplidos o sobresaltos al dormir.
- Cansancio extremo o somnolencia durante el día, incluso después de “dormir muchas horas”.
- Dificultad para concentrarse, irritabilidad o dolor de cabeza al despertar.
En los casos más severos, la somnolencia diurna puede manifestarse como episodios de “sueño blanco”: momentos en los que la persona pierde la noción de tiempo y espacio, una situación de alto riesgo al conducir o al operar maquinaria. La apnea del sueño no tratada se asocia además con hipertensión arterial, problemas cardiovasculares y disminución de la calidad de vida.
La nariz y la garganta: focos frecuentes del problema
En la consulta con el otorrinolaringólogo, una de las causas más habituales del ronquido es la mala ventilación nasal. La congestión crónica, las rinitis alérgicas, el aumento de tamaño de los cornetes nasales o la desviación del tabique (con espolones óseos) pueden dificultar el ingreso del aire por la nariz y favorecer que la persona respire por la boca mientras duerme.
Cuando el aire no entra correctamente por la vía nasal, el cuerpo busca caminos alternativos y eso suele traducirse en mayor vibración de los tejidos, más ruido y peor descanso. En muchos pacientes, el abordaje del problema nasal –con medicación, tratamientos específicos o, en algunos casos, cirugía– reduce de manera significativa el ronquido.
Otra causa relevante, muy frecuente en la infancia pero también presente en adultos, es la hipertrofia de amígdalas o adenoides. Cuando estas estructuras aumentan de tamaño, pueden estrechar la vía de paso del aire y generar:
- Ronquidos intensos y continuos.
- Sueño inquieto, con movimientos frecuentes.
- Respiración predominantemente bucal.
- Pausas respiratorias o episodios de apnea observables.
Hábitos que agravan el ronquido y cómo actuar
Más allá de las causas anatómicas, existen factores de estilo de vida que pueden empeorar el cuadro o favorecer su aparición. Entre ellos, los especialistas señalan:
- Dormir boca arriba, posición que facilita el colapso de las vías aéreas.
- Exceso de peso, que se asocia con mayor tejido blando en cuello y garganta.
- Consumo de alcohol o sedantes antes de acostarse, que relajan en exceso la musculatura.
- Tabaquismo, por la inflamación crónica de las vías respiratorias.
- Envejecimiento, que reduce el tono muscular y favorece la vibración de los tejidos.
“El ronquido no es solo un problema para quien duerme al lado; puede ser una señal de que el cuerpo no está respirando bien durante la noche y de que el descanso dejó de ser reparador”, advierten los especialistas.
Modificar hábitos –bajar de peso, evitar el alcohol nocturno, dejar de fumar, cambiar de posición al dormir– puede ayudar a reducir el ruido y mejorar el descanso, pero no reemplaza la evaluación profesional cuando el ronquido es intenso o sostenido en el tiempo.
Detectar si el origen está en la nariz, en las amígdalas o en un trastorno como la apnea obstructiva del sueño permite indicar el tratamiento adecuado y recuperar algo esencial: un sueño profundo y silencioso. Dormir bien no es un lujo ni una cuestión de comodidad; es un pilar de la salud integral.

