La Corte Suprema confirmó la pena para el narco marplatense

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La Corte Suprema de Justicia de la Nación dejó firme la condena a cinco años y cuatro meses de prisión contra Juan Manuel Bernárdez, conocido en Mar del Plata como el “Rey de las Pastillas”, y cerró así la vía de apelaciones en una causa emblemática sobre tráfico de drogas sintéticas en la Costa Atlántica.
El fallo del Máximo Tribunal rechazó un recurso extraordinario presentado por la defensa de Bernárdez contra la sentencia dictada en 2021 por el Tribunal Oral en lo Criminal N.º 4 de Mar del Plata, que había homologado un juicio abreviado acordado entre el acusado y la fiscalía. Además de la pena de prisión, se le impuso el pago de una multa cercana al millón de pesos por su rol en la organización de venta de estupefacientes.
Bernárdez fue detenido en enero de 2019 junto a su pareja, en el marco de una investigación que se centró en la comercialización de marihuana, cocaína, éxtasis y otras drogas sintéticas bajo la modalidad de delivery. Según la causa, las operaciones se realizaban desde una vivienda ubicada en la calle 11 de Septiembre, entre Don Bosco y Francia, en Mar del Plata, donde se coordinaban entregas a clientes de distintos puntos de la ciudad.
Durante el operativo que derivó en la detención, las fuerzas de seguridad hallaron en el automóvil en el que se desplazaban 1.061 comprimidos de presunto éxtasis, 235 gramos de metanfetamina en cristales, 315 troqueles de presunto LSD, tres frascos de nitrito de alquilo –conocido como popper– y casi 100 gramos de marihuana. Minutos más tarde, la madre de la imputada se presentó de forma espontánea y entregó otros 141 comprimidos de éxtasis con el logo de una reconocida gaseosa.
Una “botica” de drogas de diseño en pleno barrio marplatense
El allanamiento a la vivienda permitió dimensionar el alcance del negocio ilícito. En el interior del domicilio se encontraron, ocultos en distintos sectores, 569 pastillas con el logo de Coca Cola dentro de una bolsa hermética escondida en el taparrollos de una cortina del living comedor, así como otra bolsa tipo ziploc con 35 comprimidos verdes con la inscripción Heineken.
Los investigadores también secuestraron alrededor de 200 troqueles de presunto LSD con un logo de gato, 84 con un rostro masculino, 20 con una imagen vinculada al personaje de ficción Avatar y 10 con el dibujo de Bob Esponja, entre otros diseños utilizados para identificar y diferenciar los productos. El volumen y la variedad de drogas permitieron a los investigadores hablar de una verdadera “botica” de sustancias sintéticas destinada al circuito nocturno y recreativo.
- La pareja de Bernárdez recibió una pena de tres años de prisión en ejecución condicional.
- La causa acreditó la venta de estupefacientes entre agosto de 2018 y enero de 2019 bajo la modalidad de reparto a domicilio.
Chats con México y proyectos para montar un laboratorio
Entre los elementos secuestrados se encontró un teléfono celular a nombre de Bernárdez, que aportó un capítulo clave al expediente. En ese dispositivo se detectaron conversaciones con contactos radicados en México en las que se discutían posibles inversiones y la instalación de un laboratorio para la producción de drogas sintéticas. En los mensajes, el acusado se presentaba como el “Rey” y aseguraba contar con la infraestructura y los contactos necesarios para avanzar en ese negocio.
Tras la condena inicial, la defensa intentó revertir el fallo ante el Tribunal de Casación Penal bonaerense y luego ante la Suprema Corte de Justicia de la provincia, pero ambos recursos fueron rechazados. Finalmente, el planteo para llegar a la Corte Suprema de la Nación fue desestimado por incumplir los requisitos formales establecidos por la acordada que regula la presentación de recursos extraordinarios.
Con la decisión de la Corte Suprema, la condena contra Juan Manuel Bernárdez quedó firme y se consolida como un caso testigo en la persecución del tráfico de drogas sintéticas en el interior bonaerense.
La resolución del Máximo Tribunal refuerza la línea de los tribunales provinciales y envía una señal sobre la gravedad con que se evalúan las estructuras dedicadas a la comercialización de drogas de diseño, un fenómeno que se expandió en los últimos años en torno a la movida nocturna, los recitales y las fiestas electrónicas en la Costa Atlántica.

