Un estudio internacional publicado en Nature reveló que más de la mitad de los deltas del mundo presentan estos procesos, causados principalmente por actividades humanas. Recomiendan un monitoreo constante en estos accidentes geográficos, que cumplen funciones socioeconómicas, ecológicas y energéticas. “Resulta urgente trabajar el ordenamiento territorial con base científica, gestionando el avance urbano y las intervenciones sobre humedales con una mirada integral y de largo plazo”, notó a nivel regional Damián Voglino, consultado por EL NORTE.

De la Redacción de EL NORTE
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Los deltas nacen donde un río se encuentra con el mar y los sedimentos se depositan. Forman terrenos fértiles y cambiantes. Científicos de los Estados Unidos, Reino Unido, Italia, Alemania, Canadá y Países Bajos impulsaron una investigación en la que descubrieron que más de la mitad de los deltas del mundo se están hundiendo. La publicación reciente en la revista Nature da cuenta de que este fenómeno afecta también al delta del Paraná.
Estos espacios están sufriendo un proceso llamado “subsidencia”, que es el hundimiento progresivo del suelo impulsado principalmente por actividades humanas. Como consecuencia, se reduce la altura del terreno respecto al nivel del mar, lo que podría aumentar el riesgo de inundaciones, pérdida de tierra y daños en zonas productivas.
En América del Sur, los investigadores hicieron el análisis de la situación de los deltas de los ríos Amazonas (Brasil), Magdalena (Colombia) y Paraná (Argentina). Advirtieron que esos tres deltas también se están hundiendo.
El grupo de científicos determinó que los deltas de los ríos Paraná, Amazonas y Magdalena presentan un nivel moderado de subsidencia. Esto significa que el suelo baja a una velocidad menor a dos milímetros por año. Si bien esa situación no representa un riesgo crítico inmediato, puede aumentar la vulnerabilidad ante inundaciones y la pérdida de tierras, si se intensifican las presiones humanas o naturales.
Nivel moderado
El delta del Paraná, en nuestro país, integra la lista de deltas analizados por el equipo internacional. Es una extensa llanura de islas y canales formada por el río Paraná al desembocar en el Río de la Plata. Esta región se extiende por las provincias de Entre Ríos y Buenos Aires, con una superficie de más de 17.000 kilómetros cuadrados. Además, es uno de los humedales más importantes de Sudamérica y posee una gran biodiversidad.
Los científicos detectaron que “la tasa promedio de subsidencia local es mayor que la tasa de aumento regional del nivel del mar” en este espacio geográfico.
La subsidencia en el delta del Paraná se clasificó dentro del nivel moderado. Si bien no enfrenta condiciones críticas como las de otros sistemas, el proceso de hundimiento está presente en el delta del Paraná. Los científicos recomiendan un monitoreo constante para anticipar cambios y evitar riesgos futuros.
Mirada local
Consultado por EL NORTE sobre la problemática a nivel regional y la reciente publicación científica, Damián Voglino, del Museo de Ciencias Naturales “Antonio Scasso” de nuestra ciudad, observó: “Lo que este estudio ayuda a comprender es que el riesgo hídrico no depende únicamente del cambio climático y del ascenso del nivel del mar; también influye el movimiento del suelo. Son procesos lentos y acumulativos, poco perceptibles. En el delta enfrentamos, además, otros problemas igualmente silenciosos, como la expansión de especies exóticas invasoras, que transforman el ecosistema sin que se perciban de inmediato. Por eso resulta urgente trabajar seriamente el ordenamiento territorial con base científica, como los datos que aporta esta investigación, gestionando el avance urbano y las intervenciones sobre humedales con una mirada integral y de largo plazo, para no agravar procesos que ya están en marcha y que se irán incrementando en los próximos años”.
Bajo presión global
Los deltas son zonas de encuentro entre ríos y mares, donde los sedimentos se acumulan y crean suelos fértiles. Estos territorios sostienen grandes poblaciones y concentran actividades agrícolas, pesqueras y económicas clave. La investigación buscó responder una pregunta central: ¿el hundimiento del suelo ocurre más rápido que el aumento del nivel del mar? Para responderla, los científicos usaron imágenes satelitales y mediciones de radar de alta resolución.
El análisis –del que dio cuenta un artículo de Infobae– abarcó 40 deltas en cinco continentes, con una población total de cientos de millones de personas. Los investigadores señalaron que, actualmente, al menos el 54-65% de las áreas de los deltas a nivel global están hundiéndose. También registraron que en 19 de los 40 deltas, más del 90% del área presenta subsidencia, lo que muestra la gravedad y extensión del fenómeno en muchas partes del planeta.
Amazonas y Magdalena
Tras evaluar la situación global de los deltas, los investigadores precisaron cómo afecta ese fenómeno a los principales deltas de América del Sur.
Las condiciones del Amazonas reflejan una vulnerabilidad menor frente a otros deltas con subsidencia extrema, aunque el fenómeno existe. Los investigadores no señalan procesos locales críticos, pero advierten sobre la necesidad de vigilancia.
El delta del río Magdalena, en Colombia, muestra subsidencia, aunque menos marcada que en Amazonas y Paraná. El estudio señaló que en el Magdalena “también se observa subsidencia, aunque los científicos no lo destacan como un proceso extremo”. Los investigadores insisten en la importancia de controlar los factores humanos que pueden agravar su situación.
En los tres deltas sudamericanos, el suelo desciende más rápido que sube el nivel del mar, pero las cifras están lejos de los valores críticos de otros sistemas. Los datos recopilados por los científicos muestran que la estabilidad relativa de estos deltas podría cambiar si aumentan las presiones humanas o naturales.
El monitoreo periódico se presenta como herramienta clave para la gestión y protección de estas regiones. Los investigadores destacan que la situación de los tres deltas analizados de Sudamérica, aunque requiere vigilancia, está lejos de los escenarios más graves observados en Asia o África.
Actividades y regulaciones
Las actividades humanas, como la extracción de agua subterránea y la reducción de sedimentos, son los factores que más impactan en la subsidencia de los deltas. Por eso, los científicos recomiendan aplicar regulaciones locales y mejorar el manejo del agua y los sedimentos. Enfatizan la urgencia de “regular la extracción de aguas subterráneas y restaurar el transporte de sedimentos” para disminuir el hundimiento.
“Los deltas –como accidentes geográficos dinámicos– cumplen importantes funciones socioeconómicas, ecológicas y energéticas. Sostienen la productividad agrícola y la pesca, sus ecosistemas sustentan una importante biodiversidad y su infraestructura, como los puertos y las redes de transporte, ancla el comercio marítimo vital para las economías nacionales, regionales y mundiales. (…) Estos hallazgos sugieren la necesidad de intervenciones específicas que aborden la subsidencia como un problema inmediato y localizado, en paralelo con esfuerzos más amplios para mitigar y adaptarse al aumento global del nivel del mar provocado por el cambio climático”, notaron los investigadores.
El trabajo se llevó a cabo por especialistas de la Universidad de California en Irvine, Virginia Tech, la Universidad de Columbia, el Centro de Investigación Agrícola de Texas A&M y la Universidad de Tulane (Estados Unidos); la Universidad de las Naciones Unidas (Canadá); y las universidades de East Anglia y Southampton (Reino Unido). También colaboraron la Universidad de Colonia (Alemania); la Universidad e Investigación de Wageningen y el Instituto de Investigación Deltares (Países Bajos); y la Universidad de Padua (Italia).

