La Berlinale defiende a Wim Wenders en medio de la polémica

Debate en la Berlinale por el rol político del cine

Wim Wenders y la Berlinale en medio de un debate sobre política y cine

NewsITe

La dirección del Festival Internacional de Cine de Berlín salió públicamente a respaldar al presidente del jurado, el reconocido cineasta alemán Wim Wenders, luego de la controversia generada por sus declaraciones en la rueda de prensa inaugural, donde marcó distancia entre el cine y los pronunciamientos políticos explícitos.

Wenders sostuvo ante periodistas que los directores deben “mantenerse al margen de la política” y que, si el cine adopta un enfoque puramente político, corre el riesgo de confundirse con la propia actividad partidaria. A su entender, el séptimo arte funciona como un contrapeso, un espacio distinto donde se exploran historias, emociones y miradas complejas que no siempre encajan en consignas o eslóganes.

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Las palabras del realizador fueron leídas por parte de la prensa y de diversos sectores culturales como una falta de posicionamiento ante la guerra en Gaza, especialmente si se la contrasta con gestos anteriores del festival en apoyo al pueblo ucraniano o a la disidencia iraní. La discusión escaló cuando la escritora india Arundhati Roy, invitada para presentar una película en la sección de clásicos, decidió cancelar su participación y calificó de “asombroso” que se plantee que el arte no deba ser político.

Frente a la polémica, la directora artística de la Berlinale, la estadounidense Tricia Tuttle, difundió un comunicado oficial en el sitio web del certamen en el que defendió el derecho de los invitados a expresarse –o a no hacerlo– sobre cuestiones políticas. Subrayó que no puede exigirse a los artistas que opinen sobre todos los conflictos internacionales ni sobre decisiones pasadas o presentes del festival, en especial cuando no tienen incidencia directa en ellas.

La respuesta institucional y el clima en el festival

En paralelo, la organización emitió una declaración en la que enfatizó la necesidad de “alzar la voz” en defensa de sus cineastas y, en particular, del jurado presidido por Wenders, ante lo que describió como una “tormenta mediática” desencadenada tras la primera conferencia de prensa. Según el texto, las críticas se apoyan en citas descontextualizadas y no reflejan la trayectoria ni los valores de los artistas involucrados.

La Berlinale insistió en que su misión es crear un espacio donde convivan miradas diversas, incluidas aquellas con fuerte impronta política y otras que eligen no partir de una consigna ideológica. En esa línea, recordaron que el festival ha sido históricamente escenario tanto de denuncias explícitas como de enfoques más contemplativos y simbólicos sobre los acontecimientos mundiales.

  • Wim Wenders defendió un rol del cine separado del discurso político directo.
  • La escritora Arundhati Roy canceló su visita en desacuerdo con esa posición.
  • La dirección del festival reivindicó la libertad de expresión –y de silencio– de los artistas.

El debate atravesó también a otras figuras presentes en Berlín. La actriz Michelle Yeoh, distinguida con el Oso de Oro honorífico, evitó responder sobre la actualidad política estadounidense y prefirió concentrarse en su trabajo en la industria cinematográfica, mientras que el actor Neil Patrick Harris se mostró sorprendido por la cantidad de preguntas políticas y afirmó que le interesan, sobre todo, los temas “apolíticos”.

“Los artistas tienen el derecho a ejercer la libertad de expresión como deseen. No se les debe exigir que respondan a todos los temas políticos planteados”, sostuvo la directora de la Berlinale, Tricia Tuttle.

Estas posturas contrastan con la participación de Tilda Swinton en la edición anterior, cuando aprovechó el escenario berlinés para denunciar con dureza la situación en Gaza y hablar de “asesinato en masa facilitado internacionalmente”. Con el foco mundial puesto otra vez en el festival, la discusión sobre cuánto y cómo debe pronunciarse el cine frente a la política vuelve a ocupar un lugar central en una Berlinale que se reconoce, a la vez, artística, diversa y atravesada por las tensiones de su tiempo.

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