El caso que conmocionó a Maldonado y a todo Uruguay

NewsITe
Pablo José García Cejas, hoy condenado a 30 años de prisión, pasó en pocos meses de ser un trabajador sin mayores antecedentes a convertirse en uno de los asesinos seriales más impactantes de la crónica policial uruguaya. Su derrotero criminal, concentrado en 2015 en el departamento de Maldonado, dejó tres víctimas fatales y un fuerte cimbronazo social.
Nacido en 1982, García Cejas vivía una vida relativamente anónima hasta que, a comienzos de 2015, conoció a Claudia von Graevenitz, dueña del chalet “Los Picaflores” en Punta del Este. Según la reconstrucción judicial, la mujer le ofreció 90.000 pesos uruguayos —alrededor de 3.100 dólares de entonces— y un empleo estable a cambio de asesinar a su hermano, Alejandro von Graevenitz, con quien mantenía un fuerte conflicto por la propiedad familiar.
Tras dudar inicialmente, el entonces joven de 32 años aceptó el encargo. El 2 de abril de 2015 se presentó en la residencia de Alejandro con la excusa de llevarle objetos de un conocido. Cuando la víctima se dio vuelta para lavar unos platos, García Cejas tomó una barra de hierro encontrada en la vivienda y lo golpeó reiteradamente en la cabeza. Alejandro murió poco después en el Hospital Pan de Azúcar. El arma fue descartada en un vertedero, pero luego hallada por las autoridades, clave para el avance de la investigación.
Una segunda víctima y la escalada homicida
Lejos de detenerse, García Cejas continuó su vínculo con el delito. En junio de 2015, la desaparición de Koni Silva, una joven trabajadora sexual de 19 años, volvió a ponerlo en la mira. La chica había sido vista en reiteradas ocasiones con él y, según testigos, incluso había sido invitada a alojarse en “Los Picaflores”, donde compartían consumo de marihuana.
Días después de la denuncia de su madre, la Policía halló el cuerpo desnudo y en avanzado estado de descomposición de Silva en una cabaña en Punta del Diablo, en el departamento de Rocha. La autopsia determinó que había sido asesinada de al menos dos golpes en la cabeza con una piedra de la chimenea. De acuerdo con las actuaciones, García Cejas le habría confesado el crimen de Alejandro y la joven lo habría amenazado con denunciarlo si no le entregaba dinero. El temor a quedar expuesto lo llevó, otra vez, a matar.
Tras el homicidio, el asesino tomó el teléfono de la víctima, el vehículo Chevrolet Meriva alquilado con el que se movía y arrojó las llaves de la cabaña a un contenedor de basura. Intentó justificar la demora en devolverlas, pero su presencia fue registrada por personal del complejo, que luego aportó datos claves a la investigación.
El crimen de la mujer que lo contrató
Identificado ya como principal sospechoso por el crimen de Silva, García Cejas protagonizó una persecución a alta velocidad por las calles de Maldonado. Pese a que la Policía efectuó disparos contra el vehículo y este terminó estrellado, el hombre logró huir a pie hacia una zona de cerros. Tras caminar varios kilómetros, llegó hasta una empresa distribuidora y pidió ayuda para llamar un taxi, alegando que había sido víctima de un asalto.
El taxista lo trasladó nuevamente al chalet “Los Picaflores”, donde el prófugo se bañó y comió. Al día siguiente, una discusión con Claudia von Graevenitz por la venta de un mueble sin autorización derivó en el tercer asesinato. De acuerdo con el expediente, la mujer lo abofeteó en medio de la pelea y él respondió tomando un cuchillo y apuñalándola varias veces, mientras ella intentaba defenderse golpeándolo con una lámpara.
Luego del ataque, García Cejas se apoderó de un automóvil con la intención de llegar hasta Chihuahua, otra zona de Maldonado donde vivían sus padres. Mientras tanto, la Policía allanó “Los Picaflores” el 15 de junio al notar que la dueña no respondía llamadas ni abría la puerta. Al ingresar por la fuerza, hallaron su cuerpo sin vida en una de las habitaciones.
Condena, impacto social y perfil criminal
Para entonces, los investigadores ya vinculaban a García Cejas con los tres crímenes. La búsqueda se intensificó hasta que fue detenido al día siguiente en la casa de sus padres. La Justicia uruguaya lo declaró culpable por el triple homicidio y lo condenó a 30 años de prisión, pena que cumple en el Penal de Libertad, una de las cárceles más conocidas del país.
El caso provocó profunda indignación en la población de Maldonado y tuvo una amplia cobertura mediática, tanto por la brutalidad de los hechos como por la particular secuencia que lo llevó de sicario a asesino serial en cuestión de semanas. Especialistas en criminología consultados en su momento remarcaron la combinación de móvil económico, capacidad para la violencia extrema y una escalada delictiva acelerada, rasgos que contribuyeron a forjar la figura del denominado “asesino de Maldonado”.
El triple homicidio sacudió a la opinión pública uruguaya y se instaló como uno de los episodios criminales más recordados de la historia reciente de Maldonado.
A casi una década de aquellos hechos, la historia de Pablo García Cejas sigue siendo objeto de análisis en ámbitos judiciales y académicos, como ejemplo de cómo un primer crimen por encargo puede derivar, bajo ciertas circunstancias, en una carrera homicida con consecuencias irreparables.

