Reedición de un clásico del periodismo narrativo argentino

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Más de dos décadas después de su primera publicación, Los suicidas del fin del mundo, de Leila Guerriero, regresa a las librerías en una nueva edición de Anagrama que confirma su condición de obra fundamental del periodismo narrativo argentino. El libro, aparecido originalmente en septiembre de 2005, reconstruye una serie de muertes ocurridas en la localidad santacruceña de Las Heras a fines de los años noventa y se convirtió, con el paso del tiempo, en un texto de referencia para cronistas y lectores de toda la región.
El punto de partida del libro es una seguidilla de suicidios que golpeó a esa ciudad petrolera del norte de Santa Cruz entre 1997 y 1999, con casos que se extendieron hasta el año 2000. En total, al menos doce jóvenes —y veintidós personas en general— se quitaron la vida en un contexto marcado por el aislamiento geográfico, el viento constante y una profunda crisis económica y social. Sin estadísticas oficiales ni listados completos, el registro más preciso fue, durante años, el cuaderno manuscrito del sepulturero del pueblo.
Guerriero, nacida en Junín en 1967, viajó en 2002 a Las Heras con una premisa clara: tratar de entender qué había pasado. Recorrió sus calles de tierra y asfalto, tocó timbres, habló con madres, hermanos, parejas, docentes, peluqueros y trabajadoras sexuales. Escuchó testimonios contradictorios que iban desde rumores de sectas y supersticiones vinculadas a antiguos cementerios indígenas hasta hipótesis de contagio social. Pero, sobre todo, reconstruyó el peso de un modelo económico que había transformado el tejido comunitario.
Las Heras, postal de la Argentina de los noventa
Durante décadas, Las Heras creció al amparo del ferrocarril y de la explotación petrolera estatal. El yacimiento Los Perales convirtió a Santa Cruz en una de las principales cuencas hidrocarburíferas del país. Ese horizonte cambió drásticamente con el proceso de privatización de YPF impulsado en los años noventa, bajo el gobierno de Carlos Menem. La empresa, que llegó a tener cerca de 50.000 empleados, redujo su planta a unos 5.000 trabajadores, con despidos masivos y un impacto directo en las economías regionales.
En 1995, la desocupación en la zona de influencia de Las Heras alcanzó alrededor del 20% y miles de habitantes abandonaron el pueblo en busca de otras oportunidades. La promesa de progreso asociada a la industria petrolera cedió lugar a la precariedad, el desempleo y la fragmentación social. En ese escenario, la muerte de jóvenes de alrededor de 25 años dejó de ser un drama individual para convertirse en una herida colectiva que puso en cuestión el futuro de toda una comunidad.
Lejos de ofrecer una teoría cerrada, el libro apuesta por un relato coral en el que las voces de los dolientes —“los solos, los rotos a pedazos”, como escribe la autora— componen un mapa humano atravesado por la pérdida, el silencio y la dificultad de encontrar explicaciones simples. Con una prosa seca, precisa y sin golpes bajos, Guerriero convierte al paisaje patagónico en un personaje más, un telón de fondo de viento, polvo y noches interminables que potencia la sensación de intemperie.
Un hito del género y una historia que vuelve a interpelar
La reedición de Anagrama llega en un momento en que las tensiones sobre las economías regionales y las comunidades dependientes de industrias extractivas vuelven a ocupar el centro de la escena pública. La Patagonia petrolera, con sus ciclos de bonanza y ajuste, funciona como espejo de un país que repite conflictos estructurales: empleo inestable, desigualdad y desarraigo.
Con más de 25 años de trayectoria en medios como La Nación, Rolling Stone y Granta, y autora de títulos como Plano americano, Zona de obras, Opus Gelber, La dificultad del fantasma y La llamada, Guerriero consolidó su lugar central en la crónica en lengua española a partir de esta investigación. Los suicidas del fin del mundo fijó un modo de trabajo: investigación rigurosa, estructura literaria y una mirada que evita simplificaciones.
- Reconstrucción minuciosa de un caso que marcó a una comunidad patagónica.
- Retrato de las consecuencias sociales de las políticas de privatización en los noventa.
- Ejemplo de periodismo narrativo que privilegia la complejidad sobre el impacto fácil.
“Los datos dicen pero nunca explican”, escribe Guerriero. Esa frase sintetiza la apuesta del libro: antes que clausurar un enigma, rescatarlo del olvido y transformarlo en memoria escrita.
A veinte años de su primera aparición, la nueva edición de Los suicidas del fin del mundo renueva la lectura de una historia que, por contexto y tensiones, podría repetirse. La crónica no ofrece respuestas definitivas sobre lo ocurrido en Las Heras, pero sí una forma de mirar: escuchar, narrar y no simplificar el dolor ajeno.

