Un proyecto clave para integrar Argentina, Chile y el Cono Sur

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La reactivación del histórico Tren Trasandino vuelve a colocarse en el centro de la agenda de infraestructura regional. Con una inversión estimada en USD 4.000 millones, el Gobierno nacional, en coordinación con las provincias de Cuyo y autoridades chilenas, impulsa un corredor ferroviario bioceánico que unirá el Atlántico con el Pacífico a través de Mendoza.
El objetivo es ambicioso: reducir costos logísticos, ganar competitividad frente a otros corredores internacionales y ofrecer a la producción argentina y de países vecinos una salida más rápida hacia los mercados asiáticos, aprovechando la red portuaria de Chile como plataforma de exportación.
Un cruce estratégico por Malargüe
A diferencia del trazado original del ferrocarril inaugurado en 1910, el nuevo proyecto se orienta al Paso Planchón–Vergara, en el sur mendocino, dentro del departamento de Malargüe. Se trata de un punto de la cordillera con menor altitud y condiciones climáticas más favorables durante el invierno, lo que permitiría una operación continua durante gran parte del año.
Esta elección apunta a evitar los cierres prolongados por nieve que históricamente afectaron otros pasos cordilleranos y que terminaron siendo uno de los factores del declive del viejo Trasandino, que dejó de funcionar en 1984. La ingeniería actual prevé obras de túneles, sistemas de protección contra aludes y estándares internacionales para trenes de carga pesada.
Una red que conecta provincias, puertos y nuevos polos productivos
El plan va más allá del simple cruce entre Argentina y Chile. La red proyectada se integraría con las líneas San Martín y Sarmiento, conectando San Juan con el sur mendocino y extendiéndose luego hacia la Región del Maule, del lado chileno. El punto de llegada serían puertos de alta capacidad como San Antonio, uno de los más relevantes del Pacífico sudamericano.
De acuerdo con estimaciones técnicas preliminares, el corredor permitiría reducir hasta un 30% los costos logísticos y acortar entre 12 y 15 días los tiempos de arribo a Asia en comparación con las rutas actuales que dependen de puertos del Atlántico. La mejora impactaría especialmente en productos agroindustriales, minerales y cargas energéticas.
Vaca Muerta, el litio y la oportunidad energética
Uno de los componentes más disruptivos del proyecto es la incorporación de un ramal que vincule General Alvear con Vaca Muerta, el principal polo energético de la Argentina. Este tramo se diseña para el transporte masivo de carga pesada, clave para el desarrollo de hidrocarburos no convencionales y de la minería del litio en el norte del país.
- Transporte de minerales y litio, insumos estratégicos para la transición energética global.
- Salida eficiente de gas y petróleo hacia puertos del Pacífico.
- Movimiento de insumos industriales, como la arena utilizada en procesos de fracking.
Según especialistas del sector, un sistema ferroviario moderno permitiría aliviar rutas saturadas, mejorar la seguridad vial y dar previsibilidad a los proyectos de inversión de largo plazo vinculados a recursos naturales.
Desafíos de financiamiento e impacto económico regional
El antecedente del viejo Trasandino funciona hoy como advertencia: décadas de subinversión, problemas climáticos y tensiones políticas culminaron con su cierre hace más de 40 años. El nuevo plan apunta a recuperar parte de esas trazas, modernizarlas y adaptarlas a las exigencias actuales del comercio global.
En términos económicos, las proyecciones son significativas. En un horizonte de cinco años, los equipos técnicos estiman que el corredor podría impulsar las exportaciones argentinas entre un 15% y un 25%, con un impacto de hasta 0,6 puntos del PBI. Para Chile, se consolidaría el rol de hub portuario bioceánico, con un crecimiento potencial de hasta 18% en sus ventas externas, mientras que Paraguay obtendría por primera vez una salida directa al Pacífico.
Con una inversión millonaria y un diseño pensado para operar todo el año, el nuevo Tren Trasandino se perfila como una obra capaz de reordenar el mapa logístico y económico de Sudamérica.
El principal desafío pasa ahora por cerrar el esquema de financiamiento. Se analizan modelos de participación público-privada y el ingreso de capitales internacionales con experiencia en infraestructura, energía y logística. Si las decisiones políticas y económicas se alinean, el proyecto podría pasar de la categoría de promesa histórica a convertirse en uno de los ejes ferroviarios más relevantes de la región.

