Identificar señales de alerta en el cuerpo es fundamental, advierten expertos, ya que el exceso de líquidos puede alterar el equilibrio del organismo y derivar en complicaciones graves si no se actúa a tiempo. Según Mayo Clinic, la sobrehidratación puede provocar que los niveles de sodio en sangre desciendan peligrosamente, lo que se conoce como hiponatremia.

Beber agua en exceso podría ser tan riesgoso como no hidratarse lo suficiente. La sobrehidratación ocurre cuando el cuerpo recibe más líquido del que puede eliminar, alterando su equilibrio interno y afectando la concentración de minerales en la sangre. Esta condición, poco conocida, puede provocar síntomas graves y representa un peligro particular para quienes presentan enfermedades previas o consumen ciertos medicamentos, según advierten especialistas consultados por el medio Health.
Según Mayo Clinic, la sobrehidratación puede provocar que los niveles de sodio en sangre desciendan peligrosamente, lo que se conoce como hiponatremia. Los síntomas pueden incluir náuseas, dolor de cabeza, confusión, debilidad muscular y, en casos graves, convulsiones o coma. Estos signos pueden confundirse con otras afecciones y, si no se detectan a tiempo, derivar en complicaciones severas.
El diagnóstico oportuno resulta fundamental para evitar consecuencias graves. Harvard T.H. Chan School of Public Health advierte que, aunque la hidratación es fundamental, el exceso puede alterar el balance de electrolitos y ser peligroso, sobre todo en personas con enfermedades crónicas o durante el ejercicio intenso.
Una sobrecarga leve de agua suele ser asintomática, pero si la cantidad ingerida sobrepasa la capacidad de regulación del organismo, la salud puede verse comprometida.
Grupos de riesgo
El exceso de agua implica un riesgo mayor para determinados grupos. Deben extremar precauciones quienes padecen insuficiencia renal, enfermedad hepática o insuficiencia cardíaca congestiva.
También deben prestar atención los atletas que realizan esfuerzos prolongados, personas que toman diuréticos o antidepresivos, quienes presentan insuficiencia suprarrenal o hipotiroidismo y aquellos que sufren vómitos o diarreas intensas. En estos escenarios, la sobrehidratación puede provocar hiponatremia, una disminución peligrosa de los niveles de sodio en sangre.
El National Institutes of Health (NIH) enfatiza que la hiponatremia asociada a la sobrehidratación es un riesgo real para adultos mayores y pacientes hospitalizados, y que la prevención requiere detectar a tiempo los síntomas y ajustar la ingesta según las necesidades individuales.
¿Existe una cantidad segura?
Para la mayoría de las personas sanas, el riesgo de sobrehidratación es bajo porque el cuerpo regula con eficacia el exceso de líquidos. Mayo Clinic y Harvard aclaran que no existe una cantidad universal de agua recomendada por día. Las necesidades varían según la edad, el estado de salud, el nivel de actividad física y las condiciones ambientales. El exceso puede ser especialmente peligroso para quienes forman parte de los grupos de riesgo.
“La hidratación es fundamental para todas las funciones celulares del cuerpo”, sostiene Dana Cohen, doctora especializada en medicina integrativa en la ciudad de Nueva York y coautora de los libros FuelUp y Quench, citada por National Geographic. “Sin embargo, muchas personas viven en un estado de deshidratación leve y ni siquiera se dan cuenta. Esta deshidratación crónica puede provocar fatiga, dolores de cabeza, falta de concentración, dolor en las articulaciones e incluso antojos que se confunden con hambre”, advierte en contrapartida. Cuando el calor y la humedad aumentan durante el verano, probablemente se necesite beber más. Incluso cuando no se suda visiblemente, el cuerpo pierde agua a través de la respiración y la evaporación de la superficie de la piel, especialmente en ambientes cálidos, húmedos o de gran altitud. Por eso es importante la hidratación, aun durante actividades ligeras o en reposo.
El equilibrio de líquidos en el cuerpo depende de la integración de funciones de la hipófisis, los riñones, el hígado y el corazón. Así, resulta fundamental prestar atención a las necesidades individuales.
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