El Departamento de Justicia publicó más de tres millones de páginas y miles de registros audiovisuales del caso Epstein tras una ley aprobada en 2025. La liberación parcial del material expuso vínculos con figuras de alto nivel y volvió a poner bajo la lupa el manejo estatal del caso.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos divulgó recientemente un volumen inédito de documentación vinculada al caso de Jeffrey Epstein. La publicación respondió a la Epstein Files Transparency Act, una ley aprobada por el Congreso y firmada por el presidente Donald Trump en noviembre de 2025, que obligó a liberar los registros no clasificados de las investigaciones federales.
La norma estableció un plazo de 30 días para hacer públicos los archivos. Como resultado, el DOJ difundió más de tres millones de páginas de documentos, al menos dos mil videos y alrededor de 180 mil imágenes vinculadas a décadas de pesquisas sobre Epstein, su entorno y su red de abuso sexual y tráfico de menores.
El alcance de la divulgación marcó uno de los mayores procesos de apertura documental en la historia judicial estadounidense. Sin embargo, el contenido publicado también dejó al descubierto fuertes límites y tensiones en torno a la transparencia real del Estado.
El contenido de los archivos y las críticas al proceso
Los materiales incluyen correspondencia interna, informes de agentes del FBI, registros de investigación, presentaciones judiciales, fotografías y grabaciones acumuladas en investigaciones desarrolladas en distintos distritos, como Florida y Nueva York. También aparecen referencias a la causa contra Ghislaine Maxwell y a los interrogantes que rodearon la muerte de Epstein en prisión.
La publicación no estuvo exenta de controversias. Aunque la ley fijó como fecha límite el 19 de diciembre de 2025, el DOJ incumplió ese plazo y difundió el material de forma escalonada. Además, legisladores de ambos partidos cuestionaron las extensas redacciones aplicadas a los documentos y la exclusión de partes consideradas relevantes.
El propio Departamento de Justicia reconoció que el universo total de registros potencialmente vinculados al caso superaría los seis millones de páginas. Muchas de ellas continúan bajo revisión, sujetas a censuras parciales o directamente sin divulgar.
Este escenario reavivó interrogantes centrales: quiénes integraban el círculo de Epstein, qué información manejaban las autoridades y por qué una parte sustancial de estos datos permaneció fuera del escrutinio público durante años.
Trump, magnates y el entramado estadounidense
La liberación de los archivos expuso la densidad de los vínculos entre Epstein y figuras del poder político, financiero y tecnológico de Estados Unidos. Donald Trump aparece como uno de los nombres más mencionados, con más de 1.500 referencias en documentos, entrevistas del FBI, correos electrónicos y registros internos.
Entre los materiales figuran acusaciones no verificadas remitidas a lo largo de los años, algunas de ellas referidas a presuntos abusos sexuales cometidos cuando las denunciantes eran menores. Informes del FBI recogen testimonios que indican que Trump “sabía sobre las chicas” y que habría participado en encuentros en propiedades de Epstein. En al menos un caso, una denunciante afirmó haber sido forzada a realizar actos sexuales entre los 13 y 14 años.

Los documentos también incluyen declaraciones según las cuales Ghislaine Maxwell presentó mujeres jóvenes a Trump en un contexto similar al utilizado con Epstein. En una entrevista federal de 2021 se aclara que en uno de esos encuentros “no ocurrió nada”, aunque el patrón descripto refuerza la existencia de una relación social sostenida.
Otros archivos muestran que Epstein brindó asesoramiento sobre cómo Trump debía responder públicamente a preguntas sobre su vínculo con él durante la campaña presidencial de 2016. En un correo, Epstein reconoció que una menor había afirmado haber mantenido relaciones sexuales con Trump en su residencia y que decía contar con un testigo.
Además, se difundieron fotografías inéditas, registros de vuelos privados y referencias a un libro de cumpleaños compilado por Maxwell, que incluía una carta atribuida a Trump con un dibujo sexualizado. Trump negó reiteradamente la autoría de ese material.
Gates, Musk y otros nombres relevantes
Los archivos también incorporan acusaciones contra Bill Gates contenidas en borradores de correos que Epstein se escribió a sí mismo en 2013. En esos mensajes, Epstein afirmaba que Gates habría mantenido encuentros sexuales con mujeres rusas, contraído una enfermedad de transmisión sexual y buscado antibióticos para administrarlos en secreto a su entonces esposa, Melinda Gates.
Los correos expresan además el enojo de Epstein por el fin de su relación con el empresario y contienen pedidos de eliminación de comunicaciones previas. Aunque ninguna de estas afirmaciones fue corroborada judicialmente, las imágenes publicadas confirman múltiples encuentros entre Epstein y Gates después de la primera condena del financista. Gates negó las acusaciones y las calificó como intentos de difamación.


Elon Musk aparece en la documentación a través de intercambios de correos con Epstein entre 2012 y 2014. En ellos se discuten posibles visitas, eventos sociales y cuestiones logísticas vinculadas a viajes. Uno de los mensajes menciona el envío de copias de pasaportes de “tres chicas” en ese contexto. Musk negó haber viajado a la isla de Epstein o haber participado en actividades ilegales, aunque los correos confirman un canal de comunicación activo.
Otros nombres mencionados incluyen al exsecretario del Tesoro Larry Summers, quien mantuvo correspondencia con Epstein hasta su arresto en 2019, y a Howard Lutnick, actual secretario de Comercio, vinculado a planes de viaje a la isla en 2012, sin registros confirmados de que se hayan concretado.
La conexión argentina: menciones a Roberto Giordano en los archivos de Epstein
La reciente difusión de archivos del Departamento de Justicia de los Estados Unidos incorporó un capítulo con derivaciones locales al caso Jeffrey Epstein. Entre la documentación desclasificada aparece el nombre de Roberto Giordano, el estilista argentino fallecido en noviembre de 2024, mencionado en registros financieros y comunicaciones incluidas en la investigación.

Según esos documentos, Epstein habría realizado transferencias de dinero a Giordano en múltiples oportunidades, en la mayoría de los casos por montos cercanos a los 500 dólares. Los archivos no precisan el motivo de esos giros ni establecen con claridad a qué tipo de servicios o vínculos respondían. La información forma parte de una base más amplia que supera los seis millones de registros analizados por las autoridades estadounidenses.
Además, los papeles incorporados a la causa mencionan un viaje de Epstein a Uruguay en diciembre de 2016. Ese desplazamiento surge de un intercambio de correos electrónicos en el que Epstein posterga una reunión con el entonces primer ministro de Israel, Ehud Barak, al alegar un traslado urgente a Punta del Este, un destino asociado en ese período a actividades sociales y empresariales vinculadas a Giordano, quien por entonces residía en el país vecino.
El alcance internacional del escándalo
La documentación amplió el escándalo más allá de Estados Unidos y expuso vínculos con figuras políticas y sociales de alcance global. Entre los nombres recurrentes figura el del ex príncipe Andrew, cuya relación con Epstein ya había generado una crisis institucional en el Reino Unido.

Los archivos incluyen material gráfico que volvió a poner el caso en el centro del debate público y reactivó cuestionamientos sobre la falta de rendición de cuentas de las élites y el manejo interno del escándalo por parte de la monarquía británica.
También aparecen referencias a dirigentes europeos. En Noruega, la mención del ex primer ministro Thorbjørn Jagland en correspondencia vinculada a Epstein derivó en pedidos de explicaciones públicas y cobertura crítica de la prensa local. Aunque estos episodios no siempre derivan en consecuencias judiciales, sí generan costos políticos y reputacionales.
Inteligencia, geopolítica y disputas por la narrativa
Otro informe desclasificado del FBI agregó un elemento de alto impacto. Según ese documento, escrito en 2020 a partir de información de una fuente confidencial, Donald Trump habría sido “comprometido por Israel” y Epstein habría actuado como un agente del Mossad. El texto también menciona al movimiento judío Jabad Lubavitch como actor de influencia.
Este grupo religioso mantiene vínculos visibles con distintos dirigentes políticos a nivel internacional. Concretamente en Argentina, el presidente Javier Milei ha expresado públicamente en reiteradas ocasiones su cercanía personal y espiritual con referentes de Jabad, a quienes suele visitar y reconocer en actos oficiales y declaraciones públicas.

En ese marco aparece Alan Dershowitz, abogado de Epstein, descripto como una figura cooptada para cultivar élites políticas y económicas. El informe plantea que Epstein habría funcionado como una infraestructura de acceso a círculos de poder global, combinando capital, prestigio social y relaciones personales.
Más allá del contenido puntual, la forma en que se gestionó la liberación de los archivos volvió a poner en discusión el rol del Estado. Críticos sostienen que la divulgación resultó parcial y selectiva, y que millones de registros permanecen retenidos bajo privilegios legales o con amplias redacciones.
El Departamento de Justicia, a través del subprocurador general Todd Blanche, afirmó que cumplió con la ley y que no existen bases para nuevas imputaciones sin evidencia adicional. Esa postura fue recibida con escepticismo ante la magnitud del material disponible y la cantidad de información excluida.
En el plano internacional, analistas advirtieron sobre posibles derivaciones geopolíticas. El académico iraní Mohammad Marandi señaló que en su país se interpreta esta divulgación como un posible preludio de una política exterior estadounidense más agresiva.
En conjunto, la publicación de los archivos Epstein dejó expuesta una compleja trama de intereses estatales, presiones políticas y disputas de poder, en la que la transparencia aparece como una herramienta administrada y no como una apertura plena de la verdad.

