Con el inicio de las actividades físicas y deportivas en pleno verano, especialistas recomiendan extremar cuidados para evitar golpes de calor, deshidratación y lesiones asociadas a las altas temperaturas.

Con la llegada de febrero y el reinicio de las pretemporadas deportivas en clubes, gimnasios y espacios recreativos, el calor se convierte en un factor determinante a la hora de planificar entrenamientos y actividades físicas. Las altas temperaturas propias del verano incrementan los riesgos para la salud, especialmente cuando el esfuerzo físico no está acompañado por medidas de prevención adecuadas.
Preparadores físicos y profesionales de la salud advierten que el golpe de calor, la deshidratación y la fatiga extrema son algunas de las principales complicaciones que pueden aparecer durante los entrenamientos en jornadas de calor intenso. Estos cuadros no solo afectan el rendimiento, sino que pueden derivar en situaciones graves si no se detectan a tiempo.
Uno de los puntos centrales es la hidratación constante, antes, durante y después de la actividad física. No se trata solo de beber agua cuando aparece la sed, sino de anticiparse, incorporando líquidos de manera regular. En entrenamientos prolongados o de alta exigencia, también se recomienda el consumo de bebidas con sales minerales para reponer electrolitos.
El horario de entrenamiento es otro aspecto clave. Los especialistas sugieren evitar las franjas de mayor radiación solar, generalmente entre las 11 y las 17 horas, y priorizar actividades temprano por la mañana o al atardecer. Esta simple medida reduce considerablemente el impacto del calor sobre el organismo.
Asimismo, resulta fundamental adaptar progresivamente las cargas de trabajo. En las primeras semanas de pretemporada, el cuerpo necesita un período de aclimatación al esfuerzo y a las condiciones climáticas. Incrementar la intensidad de manera brusca eleva el riesgo de lesiones musculares y descompensaciones.
La indumentaria también cumple un rol preventivo. Ropa clara, liviana y transpirable facilita la evaporación del sudor y contribuye a regular la temperatura corporal. El uso de gorros y protector solar es especialmente recomendado para actividades al aire libre.
Finalmente, los profesionales remarcan la importancia de escuchar al cuerpo. Mareos, náuseas, dolor de cabeza, debilidad o calambres son señales de alarma que no deben minimizarse. Ante cualquiera de estos síntomas, se aconseja interrumpir la actividad, buscar sombra, hidratarse y, de ser necesario, solicitar atención médica.
En un contexto donde miles de personas retoman la actividad física tras el receso, el cuidado de la salud se vuelve tan importante como el entrenamiento mismo. Prevenir, planificar y respetar los límites del cuerpo es la mejor estrategia para comenzar la temporada deportiva de manera segura, incluso en los días más calurosos.

