La esposa de Konstantin Rudnev reclama su liberación urgente

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Tamara Rudneva, esposa de Konstantin Rudnev, rompió el silencio y denunció que su marido “se está muriendo en la cárcel y nadie hace nada”. El ciudadano ruso, acusado de liderar una presunta secta en Bariloche y de trata de personas, está detenido en la Unidad Penitenciaria de Rawson desde abril del año pasado, en el marco de una causa que su entorno califica como “fabricada” y de carácter político.
En declaraciones al programa Tiempo de Policiales, por ATP Stream, Rudneva aseguró que su pareja atraviesa un crítico estado de salud y que no recibe la atención médica adecuada. “Cuando voy a visitarlo trato de sostenerlo para que no se caiga. Está muy débil. Esperábamos el arresto domiciliario para que lo traten los médicos pero no ocurrió”, relató, y dijo temer que su esposo se desmaye o pierda la conciencia dentro del penal.
Rudnev está imputado por presunta trata de personas en el marco de una investigación abierta en Bariloche, donde se lo señaló como posible líder de una organización de tipo sectaria. Sin embargo, su esposa sostiene que no existen pruebas firmes en su contra y que la imputación destruyó por completo la vida de la familia, que había llegado a la Argentina buscando tranquilidad y refugio después de abandonar Rusia.
Críticas a la Justicia y cuestionamientos a la prisión preventiva
Según supo Noticias Argentinas, Rudneva cuestiona con dureza el funcionamiento de la Justicia federal. Sostiene que en el país es común el uso extendido de la prisión preventiva sin condena firme y sin elementos probatorios suficientes, y afirma que el caso de su marido se inscribe en esa lógica. “Entre el 30 y el 60 por ciento de las personas que están en preventiva lo están sin pruebas. Mi esposo no tiene la culpa de nada, no vendía a nadie y no cometió ningún crimen”, insistió.
La mujer recordó que el juez federal Gustavo Villanueva, que intervino en el inicio del expediente, habría cerrado la causa por falta de pruebas y ordenado la liberación de los detenidos. No obstante, señaló que los fiscales recurrieron a otro magistrado, Gustavo Zapata, y que el caso fue reabierto casi de inmediato. “No está claro cómo se puede cerrar un expediente y volver a abrirlo tan rápido sólo para prolongarlo sin pruebas. Así se fabrican causas para mostrar actividad y conseguir favores”, advirtió.
Actualmente, la investigación está en manos del fiscal general Fernando Arrigo, acompañado por los auxiliares fiscales Gustavo Revora y Tomás Labal. Desde la defensa de Rudnev remarcan que seguirán reclamando revisión de las medidas de coerción y garantías para el acceso a la salud del detenido.
Grave estado de salud y denuncias por falta de atención médica
Rudneva describió un cuadro sanitario alarmante. Aseguró que su esposo tiene enfermedades preexistentes certificadas por médicos, entre ellas fibrosis pulmonar –una patología grave y potencialmente mortal– y antecedentes de problemas cardíacos. Según su testimonio, el ambiente del pabellón, donde se fuma de manera constante y la ventilación es deficiente, agrava de manera crítica su situación.
La mujer señaló que Rudnev firmó pedidos de tratamiento médico en ruso, ya que no domina el español, pero que esos documentos no se habrían traducido ni tramitado. “El perdió mucho peso y está muy mal. Una vez, mientras hablaba conmigo por teléfono, se desmayó y no podía mantenerse de pie”, relató. También denunció que no le permiten la internación en una clínica externa pese a los informes sobre su estado de salud.
“No sé si lo volveré a ver con vida. Me despierto todos los días con ese miedo”, confesó, y remarcó que su reclamo se extiende a otras familias que atraviesan situaciones similares con presos sin condena firme. “Quiero que la Justicia se reivindique, no sólo con mi esposo, sino con todos. En ningún país deberían encarcelar a una persona sin pruebas”, planteó.
Acusaciones de persecución política y contexto internacional
Rudneva sostuvo que la detención de su marido tiene un trasfondo político, vinculado tanto a la condición de ciudadano ruso de Rudnev como a las tensiones geopolíticas actuales. En ese sentido, mencionó la alineación del gobierno de Javier Milei con la figura de Donald Trump y la histórica confrontación de este último con el presidente ruso, Vladimir Putin.
“Sin dudas mi esposo es un preso político”, afirmó, y recordó que Rudnev fue disidente en Rusia, crítico de Putin y objeto –según su mirada– de distintas represalias. La familia abandonó ese país en busca de protección y asegura haberse encontrado en Argentina con un escenario de persecución similar. “Si él no fuera un disidente ruso, pienso que no se lo habrían llevado. Es un caso profundamente político”, sostuvo.
Sobre la presunta víctima del caso, Elena Makarova, quien habría sido captada por la supuesta secta y tuvo un hijo en el sur del país, Rudneva afirmó que ni ella ni su esposo la conocen. Relató que sólo oyeron su nombre en el expediente judicial y que, incluso, la propia joven habría declarado en más de una oportunidad que no conocía a Rudnev.
“Pido a todos, a cualquiera que tenga la oportunidad de ayudar, que por favor lo haga. Ayuden a liberarlo, ayuden a salvar a mi esposo. Lo que hacen con él es inhumano”, imploró Rudneva al cierre de su testimonio.
Mientras la causa avanza en el fuero federal, el caso vuelve a encender el debate sobre el uso de la prisión preventiva, las condiciones de detención en las cárceles argentinas y las garantías que deben regir para los acusados extranjeros en procesos de alta sensibilidad política y mediática.

