El calor extremo pone en jaque a las construcciones urbanas

NewsITe
Las olas de calor que se repiten cada verano ya no solo impactan en la salud de las personas y en el consumo eléctrico: también están deteriorando de forma acelerada paredes, techos y revestimientos de viviendas y edificios, sobre todo en grandes centros urbanos como el Área Metropolitana de Buenos Aires.
Las altas temperaturas, la radiación UV extrema y las lluvias intensas generan dilataciones, fisuras y fallas prematuras en materiales de construcción. Este fenómeno, conocido como estrés térmico, transmite la concentración de calor al interior de los ambientes y obliga a un uso más intensivo de equipos de aire acondicionado, con el consecuente incremento en la factura de luz y en los riesgos para la salud respiratoria de quienes permanecen en espacios cerrados.
En ciudades como Buenos Aires, los índices de radiación ultravioleta ya alcanzan valores extremos (12 o más en la escala UV). Esa exposición prolongada acelera la degradación de pinturas, polímeros, membranas y techos, provocando grietas, pérdida de color y desprendimientos, de manera similar a lo que ocurre con la piel humana cuando se expone sin protección en las horas de mayor incidencia solar.
Qué es el estrés térmico en edificios
Los especialistas denominan estrés térmico al proceso progresivo que afecta revoques, pinturas, morteros y selladores, acortando su vida útil y generando problemas tanto estructurales como estéticos. Las superficies exteriores están sometidas a un constante ciclo de calentamiento y enfriamiento: durante el día se dilatan por el sol y por la noche se contraen, lo que termina abriendo microfisuras y debilitando uniones.
Entre los primeros signos de alarma aparecen fisuras capilares, craquelados, separaciones en juntas y deformación de sellados, especialmente en el encuentro de carpinterías (ventanas y puertas) con los muros. Aunque suelen minimizarse, estas señales iniciales pueden derivar en filtraciones de agua, humedad interna, desprendimientos de revoque y reparaciones mucho más costosas si no se interviene a tiempo.
Mantenimiento: un problema técnico, no solo estético
Para los expertos, uno de los errores más frecuentes de propietarios y administradores de consorcios es tratar el mantenimiento de fachadas y cubiertas solo como una cuestión de apariencia. En realidad, se trata de un aspecto técnico clave para la seguridad y la durabilidad de las construcciones.
“El error más frecuente es tratar el mantenimiento como una cuestión estética y no técnica. Las superficies exteriores están en constante movimiento y necesitan productos que acompañen esa dinámica, especialmente en verano”, señala Aylen Muñoz Alegre, responsable de Comunicación en Mapei Argentina.
El uso de selladores rígidos en zonas de dilatación o la aplicación de productos sobre superficies recalentadas reduce drásticamente la vida útil de cualquier sistema de protección. Además, en períodos de lluvias intensas, la combinación de sol extremo seguido de precipitaciones genera contracciones y expansiones bruscas que castigan cubiertas, balcones, medianeras y encuentros de materiales.
Recomendaciones para proteger paredes y techos
La prevención comienza antes de que se instale el calor fuerte. Los especialistas recomiendan una planificación anual de mantenimiento y reparación que incluya tanto edificios nuevos como construcciones antiguas.
- Revisar juntas, fisuras y sellados existentes en fachadas, terrazas y balcones.
- Limpiar y preparar superficies envejecidas antes de repintar o impermeabilizar.
- Verificar desagües y drenajes para evitar acumulación de agua de lluvia.
- Utilizar recubrimientos con resistencia UV certificada y alta reflectancia solar.
- Optar por selladores elásticos de calidad, capaces de acompañar los movimientos de la estructura.
- En obras nuevas, respetar los tiempos de curado de morteros y revoques para prevenir fisuras tempranas.
En presencia de una fisura activa que permita el ingreso de agua, los expertos recomiendan intervenir de inmediato con sistemas de impermeabilización adecuados, ya que una filtración pequeña puede transformarse en un problema recurrente si no se soluciona correctamente desde el inicio.
Impacto en el confort y en los costos a largo plazo
Las paredes expuestas al sol del mediodía en adelante se recalientan fuertemente durante el verano. Eso se traduce en ambientes más calurosos, mayor dependencia del aire acondicionado y un aumento significativo del consumo eléctrico. A la vez, el recalentamiento constante acelera el desgaste de los materiales, acortando los ciclos de pintura y reparación.
Un programa de mantenimiento preventivo, sumado a la elección de materiales adecuados al clima y a la orientación del edificio, permite extender la vida útil de la vivienda, reducir filtraciones y desprendimientos, mejorar el confort térmico interior y contener los costos a largo plazo. Frente a olas de calor cada vez más frecuentes e intensas, el cuidado de paredes y techos deja de ser un detalle menor para convertirse en una verdadera inversión en calidad de vida urbana.

