Los orígenes ocultos de la identidad marplatense

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Mar del Plata es, desde hace décadas, el gran imán turístico de la costa atlántica argentina. Sin embargo, detrás de la hoy popular “La Feliz” y de la sigla “MDQ” existe una historia poco conocida, en la que la ciudad fue rebautizada una y otra vez con nombres que hoy suenan más a hoteles de lujo o a mapas de antiguos navegantes que a una metrópolis balnearia.
En más de 150 años de historia formal —y varios siglos de referencias previas— la región acumuló una serie de denominaciones pintorescas que ayudan a entender cómo se fue construyendo la identidad marplatense, desde los primeros exploradores europeos hasta el boom turístico del siglo XX.
De “Puntas de Arenas gordas” a una “costa muy galana”
Las primeras menciones registradas de la zona datan de 1519, cuando la expedición de Fernando de Magallanes describió el sector de lo que hoy es Punta Mogotes como “Puntas de Arenas gordas”, una referencia directa al relieve y a la fisonomía de sus playas. Décadas más tarde, en 1578, el célebre corsario inglés Francis Drake rebautizó el área como “Cape Lobos”, impresionado por la abundancia de lobos marinos en el actual Cabo Corrientes.
El giro más llamativo llegó en 1581, cuando Juan de Garay, en una expedición exploratoria, definió aquel litoral como “una costa muy galana”. Esa expresión, vinculada a la belleza y elegancia del paisaje, terminaría inspirando, siglos después, el nombre de uno de los hoteles más emblemáticos de la ciudad: el Costa Galana. Con el tiempo, los jesuitas se referirían al lugar como “La lobería grande”, mientras que distintos mapas antiguos la consignaban bajo otra denominación sugerente: “Región del Vulcán”.
Del metal precioso al nombre definitivo: Mar del Plata
La mención a la plata no es casual. Según distintos registros históricos, la presencia —real o supuesta— de este metal precioso en la región influyó en los exploradores y cartógrafos que comenzaron a hablar del “Mar del Plata”. El nombre terminaría consolidándose oficialmente recién en febrero de 1874, cuando se fundó la ciudad que, con el tiempo, se transformaría en el principal balneario del país.
A partir de entonces, la denominación Mar del Plata se impuso sobre los antiguos bautismos, pero muchos de esos nombres quedaron como curiosidades históricas y como materia prima para el imaginario turístico y comercial local.
Por qué Mar del Plata es “MDQ” y no “MDP”
Otra de las rarezas que rodean a la ciudad es su código aeroportuario. En las valijas, en los pasajes y en los paneles informativos figura “MDQ”, una sigla que desconcierta a quienes esperan encontrar “MDP”, en línea con el nombre de la ciudad.
La explicación se remonta a 1952, con la creación del Destacamento Aeronáutico de Mar del Plata. Al solicitar la clave de identificación internacional ante la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), las autoridades argentinas descubrieron que “MDP” ya estaba asignado al aeropuerto de Mindiptana, en la provincia de Papúa, Indonesia, operativo desde 1945.
Por una cuestión de prioridad histórica, la IATA mantuvo el uso de “MDP” para Mindiptana y asignó a la ciudad bonaerense la sigla “MDQ”. Desde entonces, el código quedó asociado inseparablemente al destino turístico argentino, alimentando mitos urbanos y debates entre marplatenses y visitantes.
El nacimiento publicitario de “La Feliz”
El apodo más entrañable y difundido de Mar del Plata tampoco surgió de manera espontánea. En la década del 60, en pleno crecimiento de la clase media argentina y con el turismo interno en expansión, la ciudad atravesaba una transformación: dejaba de ser un balneario casi exclusivo de las élites para convertirse en la capital del veraneo popular.
En ese contexto, el periodista y director de cine Enrique de Thomas ideó una campaña publicitaria que buscaba reforzar la imagen de Mar del Plata como destino de descanso, entretenimiento y bienestar. Allí nació el eslogan que terminaría trascendiendo a la propia campaña: “La Feliz”.
El lema funcionó tan bien que se incorporó al lenguaje cotidiano y hoy es casi inseparable del nombre oficial de la ciudad. Desde antiguos mapas que hablan de “Puntas de Arenas gordas” hasta el marketing moderno que la consagró como “La Feliz”, la historia de Mar del Plata puede leerse también como una larga disputa por el nombre con el que los argentinos la recuerdan cada verano.

