Trastorno del Juego Explicado: Causas, Efectos y Prevención

Fuente: Canva Editor

En 2022, la Dirección General de Ordenación del Juego señaló que más de un millón y medio de personas usaban plataformas de juego online en España; el dato no es menor. Si miramos el DSM-5, el juego patológico aparece claramente como adicción; las consecuencias golpean tanto lo emocional como el bolsillo, y afecta no solo a quien juega, sino a los suyos, el círculo cercano.

Causas reales de la adicción al juego

Los neurobiólogos, por poner un ejemplo, suelen hablar bastante sobre la dopamina y su papel en eso de las recompensas cerebrales. Dicen que hasta una pequeña ganancia puede resultar estimulante y que esa emoción, engancha rápido. De ahí que muchos especialistas, al intentar responder a la pregunta “¿Qué es la ludopatía realmente?“, recuerdan que no existe una sola causa detrás del problema.

Sin embargo, sería reduccionista dejarlo ahí. El entorno social pesa bastante también; en algunos lugares, el juego se percibe como algo normal, casi cotidiano, y la presión cultural, junto con lo sencillo que resulta apostar por internet, añade otra capa de complejidad.

Y no olvidemos el lado psicológico. Hay quienes buscan una vía de escape del estrés. El equipo de la Universidad VIU ha advertido sobre patrones de impulsividad o incluso pensamientos algo mágicos en quienes caen en esta espiral. A esto se suma la genética, que al parecer también puede jugar su papel.

Efectos devastadores y las señales de alarma

Casi ningún aspecto de la vida queda intacto cuando se instala el trastorno del juego. Uno de los primeros avisos: no poder dejar de apostar, aunque las pérdidas ya sean una constante. El Ministerio de Sanidad cita una cifra: alrededor del 2% de los adultos en España tendrían algún tipo de conflicto con el juego.

Mentiras repetidas sobre el dinero o el tiempo gastados, deudas crecientes, incumplimiento de obligaciones profesionales o académicas, incluso robos, son conductas que suelen aparecer, y ninguna es fácil de ocultar mucho tiempo.

Hay quienes terminan planificando la próxima sesión de juego aun cuando ni siquiera queda dinero, absorbidos por una preocupación que no se va. También emergen otros síntomas, más emocionales: ansiedad, noches en vela, tristeza por todo lo perdido.

La perspectiva clínica define que basta con cumplir al menos cuatro criterios en un año para considerar que hay un problema serio. En el mundo online, el aislamiento crece y la cosa puede complicarse aún más.

Así se previene y trata el trastorno del juego

¿Prevenir la ludopatía? Bueno, no parece que exista una fórmula mágica. Habría que pensar en una combinación entre educación, regulación y un apoyo constante y real. Las campañas dirigidas especialmente a las personas suelen ser importantes, según la Universidad VIU,  las primeras apuestas a veces empiezan incluso en edades vulnerables desde el punto de vista conductual

Añadir barreras técnicas, como herramientas de control y restricción de acceso, puede ser útil. En paralelo, convendría fomentar actividades de ocio alternativas y entornos educativos y sociales de herramientas para detectar cambios sospechosos: por ejemplo, negar siempre el problema, encerrarse más de lo habitual o cambios abruptos en el estado de ánimo.

Cuando la adicción ya se ha instalado. La terapia cognitivo-conductual es, de acuerdo con muchos profesionales, una de las opciones más eficaces para desmontar ideas equivocadas y frenar la autodestrucción. Apoyarse en grupos como Jugadores Anónimos suele aportar ese respaldo emocional tan necesario.

En casos en los que la ansiedad o la depresión hacen acto de presencia, los psiquiatras pueden ver recomendable incluir medicación. Pero nada de esto funciona si no se acepta la existencia del problema y se permite la ayuda.

Impacto social y perspectivas futuras

Con el auge del juego online, la sociedad enfrenta retos; en España, por ejemplo, la presencia en plataformas digitales de apuestas es de las más altas en Europa, algo que preocupa bastante. El aislamiento sumado a lo digital tiende a hacer que el problema se cronifique y lleva a situaciones difíciles, como la exclusión tanto social como económica.

Hay estimaciones, insisto, que sitúan el coste social de la ludopatía en Europa por encima de los 5.000 millones de euros cada año; entre psiquiatría, bajas laborales y ayudas sociales, el balance no resulta menor, al menos según el European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addiction.

Cuando la mirada se dirige a la familia, la huella es aún más personal: rupturas, dificultades de convivencia, e incluso la posibilidad de pasar ciertos hábitos de una generación a otra;  tal vez sería necesario apostar  por políticas preventivas que sean efectivas de verdad.

Si algo parece claro, o al menos hay cierto consenso, es que la solución tiene que ser un trabajo en equipo: instituciones, docentes, familias y profesionales de la salud mental, todos remando en la misma dirección.

Nunca ha resultado tan importante hablar de responsabilidad a la hora de jugar. Apostar con cabeza, conocer los propios límites y buscar apoyo profesional cuando aparecen las señales rojas; podría ser lo que marque la diferencia entre una simple diversión y una adicción que lo arrase todo.

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