La moda silver desafía el edadismo y reclama representación

La revolución de la moda silver: identidad, estilo y edad real

Mujer mayor posando con estilo en una producción de moda silver

NewsITe

En la última década, la industria de la moda comenzó a mirar con otros ojos a las personas mayores de 60 años. Lo que durante años fue un segmento invisibilizado en pasarelas, campañas y redes sociales hoy reclama un lugar propio, lejos de los estereotipos que asocian vejez con declive o retiro. En ese cambio de paradigma se inscribe el trabajo de Carmen Asenjo, licenciada en Ciencias Empresariales, especialista en Comercialización y creadora de “Viva la Moda”, una comunidad digital con más de 250.000 seguidores hispanohablantes.

Asenjo sostiene que el primer gran quiebre se dio alrededor de 2014, con el documental Advanced Style de Ari Seth Cohen, que puso en primer plano a figuras como Iris Apfel y celebró la longevidad desde la estética y el estilo personal. Ese impacto coincidió con la democratización de la comunicación de moda a través de plataformas como Instagram, TikTok y YouTube, y con la influencia de los feminismos, que comenzaron a cuestionar los modelos de belleza rígidos de los años 90 y 2000.

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Sin embargo, la especialista advierte que la discriminación por edad sigue muy presente. Un ejemplo contundente es la elección de modelos: “Es contradictorio que marcas que diseñan para un público de 60 usen modelos de 30”, plantea. El desfasaje generacional es evidente también en campañas dirigidas a mujeres de 30, donde se recurre a adolescentes, reforzando una idea única de juventud como valor máximo.

Edadismo, talles y el cuerpo real tras las vidrieras

La moda para personas mayores suele quedar reducida, en gran parte de la publicidad, a la cosmética “anti-age”. Cremas, tratamientos y productos que prometen combatir arrugas y signos del paso del tiempo instalan el envejecimiento como problema a corregir, en lugar de asumirlo como una etapa vital más. Para Asenjo, ese mensaje choca con la experiencia de muchas mujeres que viven la adultez mayor como una fase de madurez creativa e identidad afirmada.

En ese sentido, la ropa ocupa un rol central. La entrevistada retoma una idea del diseñador Martín Churba: la indumentaria como “Piel Social”. A lo largo de la vida, la forma de vestir funciona como carta de presentación, pero en la adultez mayor adquiere un matiz particular. Con los años, explica, se afina el criterio, se construye mejor el estilo personal y se eligen prendas que realmente representan quién se es hoy. Vestirse deja de ser mandato externo para transformarse en un acto de libertad.

Si bien muchas marcas dejaron atrás la etiqueta de “ropa de señora” y hoy una persona de 60 o 70 puede encontrar opciones interesantes en firmas contemporáneas, persiste una deuda estructural: los talles. La moldería continúa pensada para cuerpos jóvenes y delgados, lo que contradice el discurso de inclusión. Para que la democratización de la moda sea real, remarca Asenjo, no alcanza con ampliar el estilo; es indispensable adaptar calces y proporciones a la diversidad de cuerpos y a los cambios naturales que trae el tiempo.

Libertad de estilo, redes sociales y una vejez visible

Consultada sobre qué buscan las personas mayores al vestirse, Asenjo evita generalizaciones, pero identifica algunas tendencias: predomina la búsqueda de calidad por sobre cantidad, de materiales nobles y de un buen calce que aporte seguridad. Más que seguir ciegamente la tendencia, se apunta a una identidad clara, a estar vigentes sin resignar comodidad ni autenticidad. La ropa, en esta etapa, se convierte en aliada de la libertad y no en una prisión de mandatos ajenos.

La moda también se vuelve una poderosa herramienta para desafiar el edadismo. En una encuesta que realizó en redes sociales, la especialista detectó que persisten normas “invisibles” que dictan cómo debería vestirse alguien según su edad: largo del pelo, prohibición tácita de minifaldas o bikinis después de cierta década de vida, colores supuestamente inadecuados. Quienes se visten rompiendo esas reglas, sostiene, ejercen una forma de rebeldía pacífica que obliga a revisar prejuicios.

En este escenario, las redes sociales juegan un rol ambivalente. Por un lado, permitieron que muchas personas mayores se conviertan en sus propias editoras de moda, compartan looks, experiencias y reflexiones sin esperar la validación de las revistas tradicionales. Por otro, los algoritmos siguen privilegiando la juventud y la estética hegemónica, lo que obliga a los contenidos “silver” a redoblar esfuerzos para ganar visibilidad.

“El estilo es una construcción cultural que no tiene fecha de vencimiento”, resume Asenjo, para quien la clave está en habitar la edad con autonomía estética y ocupar el espacio público con presencia y personalidad.

En esa intersección entre moda, comunicación y experiencia vital, la moda silver se consolida como un campo en disputa: reclama representación real, talles inclusivos y narrativas que celebren la madurez, no como excepción pintoresca, sino como parte legítima y cotidiana del paisaje de la moda.

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