De oficina a yates de lujo: la historia de Florencia

De La Plata a los mares del mundo: un cambio de rumbo

Florencia Mainet, reclutadora de personal para yates de lujo

NewsITe

Durante 15 años, María Florencia Mainet llevó una vida que muchos considerarían deseable: empleo estable como administrativa en La Plata, sueldo fijo y una rutina previsible. Sin embargo, detrás de esa aparente seguridad, crecía una certeza íntima: ese camino no era el que quería para su futuro. Graduada en Turismo y apasionada por los viajes, sentía que su vocación estaba lejos del escritorio.

En 2018 decidió dar un giro radical. Renunció a su trabajo, dejó atrás la comodidad de lo conocido y apostó por una industria tan exigente como fascinante: la de los yates de lujo. Ese salto al vacío la llevó a construir una vida completamente distinta, en movimiento constante, entre mares azules, puertos internacionales y una carrera marcada por la independencia.

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“Nunca quise seguir el camino tradicional ni hacer lo mismo que hace todo el mundo”, reconoce hoy. Con miedos pero también con determinación, Florencia eligió una vida sin rutina fija, con desafíos permanentes y grandes posibilidades de crecimiento personal y económico. Con el tiempo, pasó de ser tripulante a convertirse en jefa de azafatas y, más tarde, en reclutadora y mentora para quienes sueñan con trabajar a bordo.

La vida a bordo: trabajo intenso y postales de ensueño

Florencia vivió y trabajó en Grecia, Estados Unidos, el Caribe, África y distintos puertos de Europa. Aprendió a moverse sola por el mundo y a manejar los códigos de una industria donde el glamour convive con la máxima exigencia. Un día de trabajo a bordo puede variar mucho según haya o no huéspedes a bordo.

Cuando hay pasajeros, las jornadas se vuelven intensas: como jefa de azafatas, debe coordinar comidas, bebidas, actividades y cada detalle de la atención. Cuando el yate está vacío, la prioridad pasa a ser la limpieza profunda, el mantenimiento, la organización de recursos y la preparación para el próximo viaje. La tripulación se divide en áreas bien definidas: interior (azafatas), cubierta (marineros), máquinas (ingenieros), cocina (chef) y puente (capitán y oficiales).

Experiencias únicas en los mares del mundo

Entre las vivencias que más recuerda, destaca su paso por un yate de 95 metros de eslora, equipado con piscina, jacuzzis, cine y seis pisos. Allí no solo trabajó, sino que también pudo disfrutar de las instalaciones cuando no había huéspedes a bordo: días de sol en cubierta, chapuzones en la piscina, saltos al mar y hasta el cruce del Atlántico.

  • Noches de cine y karaokes para la tripulación.
  • Escalas en destinos exclusivos como Mykonos, St. Barth, Niza y Bahamas.
  • Atardeceres en el Mediterráneo y paisajes que, según Florencia, “no se olvidan más”.

“Traspasar la barrera del miedo y animarte a hacer lo que da vértigo es una de las formas más reales de transformar tu vida”, afirma Florencia.

Detrás de las fotos soñadas hay, sin embargo, una fuerte exigencia física y mental: subir y bajar escaleras todo el día, mantener la discreción frente a pasajeros de alto poder adquisitivo y sostener un nivel de servicio impecable en todo momento.

Sueldos, requisitos y oportunidades para argentinos

Las condiciones económicas son uno de los grandes atractivos de este rubro. Una azafata sin experiencia puede ganar alrededor de 2.500 euros mensuales, mientras que perfiles especializados como chefs o ingenieros superan con facilidad los 6.000 euros. A eso se suman beneficios clave: alojamiento, comida, seguro médico y vuelos cubiertos por la embarcación.

Las propinas, especialmente en megayates, pueden ser determinantes: hay semanas en las que la tripulación llega a repartir hasta 10.000 euros, y en travesías largas, esa cifra puede escalar a 35.000 euros. Para muchos argentinos, esto representa la posibilidad concreta de ahorrar en divisa fuerte, ayudar económicamente a sus familias y proyectar otros emprendimientos.

Qué se necesita para empezar en la industria de los yates

Florencia insiste en que no se trata de un trabajo “para cualquiera”, pero sí de una oportunidad real para quienes estén dispuestos a formarse y salir de su zona de confort. Entre los requisitos básicos se destacan:

  • Pasaporte vigente y certificado médico marítimo.
  • Cursos de seguridad obligatorios y edad entre 18 y 45 años.
  • Buen nivel de inglés y experiencia previa en servicio al cliente.
  • Para azafatas: capacitaciones en Housekeeping y Silver Service.
  • Para marineros: manejo de tender y certificación Power Level 2.

“El principal error es el currículum: tiene que estar hecho específicamente para yates, porque es tu carta de presentación”, advierte Florencia, que hoy acompaña a decenas de personas en este proceso.

Como reclutadora y mentora, su objetivo es claro: mostrar que trabajar en yates de lujo no es solo un empleo bien pago, sino una puerta de salida a la rutina, una forma de recorrer el mundo y, en muchos casos, una herramienta concreta para transformar la realidad económica de familias enteras.

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