El nuevo escenario del dólar tras el pago de deuda y el REPO
NewsITe
El mercado cambiario atraviesa un comienzo de año clave luego de una serie de decisiones que reordenaron el frente financiero: el Gobierno concretó un REPO con bancos internacionales por USD 3.000 millones, realizó un canje de bonos dollar linked que alivió vencimientos inmediatos y el Banco Central volvió a comprar dólares en el Mercado Libre de Cambios dentro del esquema de bandas cambiarias.
El pago de capital e intereses de los bonos Globales y Bonares por unos USD 4.200 millones impactó de lleno en las reservas, aunque la reinversión de una porción de esos fondos atenuó la presión sobre el tipo de cambio. En paralelo, el BCRA aprovechó la calma relativa para recomponer posición con compras por alrededor de USD 218 millones en la última semana.
Tras el salto inicial del dólar del 2 de enero, cuando empezó a regir el nuevo régimen de bandas ajustadas por la inflación pasada, la cotización mayorista retrocedió casi todo ese movimiento. El volumen operado, cercano a los USD 500 millones diarios, contribuyó a contener la volatilidad y a dar una señal de normalización a los operadores.
Bandas cambiarias, brecha y límites para el Banco Central
El esquema de bandas cambiarias tiene como objetivo central evitar un atraso del tipo de cambio real. En los hechos, el dólar oficial puede moverse al ritmo de la inflación sin perforar el techo de la banda. Sin embargo, con una brecha cambiaria por debajo del 5%, el margen para que el BCRA compre divisas de manera agresiva es acotado: la propia autoridad monetaria fijó un límite tentativo del 5% del volumen operado en el mercado oficial.
La brecha contenida también responde a que las empresas comenzaron a girar dividendos con acceso al dólar oficial, lo que redujo la demanda en los dólares financieros. El contado con liquidación se negoció en niveles cercanos a la parte alta de la banda, pero sin desbordes que pusieran en duda la sostenibilidad del esquema.
Hacia adelante, el consenso de los analistas es que el dólar oficial se moverá de forma más previsible. El Banco Central, en su Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), difundido a fines de diciembre, recogió una proyección de tipo de cambio mayorista de $1.484 para fines de enero, equivalente a un incremento mensual de 2,5%, en línea con el ajuste del techo de la banda por la inflación de noviembre.
Qué proyectan los analistas para 2026
En el segmento de futuros, los contratos negociados en la plataforma A3 Mercados marcan para diciembre de 2026 un dólar en torno a $1.895, es decir, una suba cercana al 30% anual respecto de un cierre estimado de $1.455 para 2025. Se trata de un ritmo de devaluación que, en la visión privada, quedaría por debajo de la inflación esperada, lo que implicaría una apreciación gradual del tipo de cambio real si no hay cambios en la política económica.
El analista Ignacio Morales, de Wise Capital, destacó que las proyecciones del sector privado incorporan por primera vez el nuevo ajuste de bandas. Para el primer semestre, se estima un avance acumulado del dólar oficial de 10,9%, hasta los $1.605, con subas menores a la inflación entre mayo y junio. Esa dinámica refuerza la idea de un dólar “encorsetado” por tres fuerzas: la política de compras del BCRA, la velocidad de la desinflación y la necesidad de sostener un tipo de cambio competitivo.
“Las autoridades parecen priorizar la estabilidad cambiaria y monetaria por encima del nivel puntual del tipo de cambio, buscando contener la volatilidad mientras acumulan reservas”, evaluó un informe privado del mercado.
Informes de consultoras como Adcap, PPI e IEB coinciden en que el Gobierno necesitará, a mediano plazo, un salto de productividad para reducir el déficit de cuenta corriente sin recurrir en forma permanente al financiamiento externo. El acceso a los mercados internacionales de crédito y una eventual mejora en la calificación soberana aparecen como condiciones clave para sostener el pago de la deuda y evitar sobresaltos cambiarios. Mientras tanto, el foco de los inversores seguirá puesto en el ritmo de acumulación de reservas del Banco Central y en la capacidad oficial para mantener a raya la brecha y la inflación.

