Un “shot” que reordena el poder mundial
NewsITe
La caída de Nicolás Maduro en Venezuela, presentada por Washington como la operación “Determinación Absoluta”, dejó de ser solo un capítulo más en la saga de cambios de régimen. En los hechos, se convirtió en un golpe de efecto global que reacomoda piezas en el tablero geopolítico y abre una etapa de fuerte interrogante sobre el verdadero alcance del liderazgo de Donald Trump.
Lejos de las narrativas heroicas que alimentan series como Fauda, Teherán o Mosul, la extracción de Maduro aparece cada vez más como una jugada extrema con un alto componente de marketing político. Para muchos analistas, funcionó como una catarsis personal de Trump tras quedar al margen de reconocimientos internacionales, mientras figuras como la opositora María Corina Machado ganaban visibilidad y premios en el exterior.
La salida de escena de Machado, desplazada cuando aún disfrutaba del impulso que le había dado el Nobel de la Paz, dejó desorientada a la oposición venezolana. Lo que al principio fue celebrado en plazas de todo el mundo como el fin del chavismo, rápidamente abrió interrogantes sobre quién conduce ahora la transición y, sobre todo, con qué objetivos.
Una Venezuela sin Maduro, pero con viejos fantasmas
A una semana de la remoción del líder bolivariano, las señales en Caracas son ambiguas. Los temidos “colectivos” continúan patrullando las calles, revisando celulares y controlando mensajes y redes sociales. La lógica de la persecución política, lejos de desaparecer, parece haber mutado de forma, pero no de esencia.
La liberación de presos políticos avanza a cuentagotas. Familiares de los detenidos aguardan a las puertas de los penales, mientras organizaciones humanitarias denuncian que los cautivos siguen funcionando como rehenes de un sistema que especula con una futura ley de amnistía. Las excarcelaciones, presentadas como “gestos de paz” por Jorge Rodríguez, uno de los hombres fuertes del nuevo esquema de poder, llegan condicionadas al silencio y a la no confrontación pública.
En el plano judicial, la causa contra Maduro en Estados Unidos también fue recalibrada. Si bien enfrenta cargos de narcoterrorismo y conspiración para traficar cocaína, la justicia norteamericana no logró probar la existencia de un cártel estructurado bajo su mando directo. Ese corrimiento del foco penal debilitó su rol como pieza central del rompecabezas, al tiempo que otros actores del régimen ocupan posiciones clave en la nueva etapa.
Trump, los Rodríguez y el apetito por el petróleo venezolano
En Caracas, la dupla conformada por Delcy y Jorge Rodríguez emerge como socia imprescindible de la Casa Blanca. Trump se muestra abiertamente satisfecho con el nivel de colaboración obtenido bajo presión y no oculta que el control del petróleo venezolano es ahora la prioridad número uno. El discurso sobre los derechos humanos y la lucha contra el narcotráfico se relega frente al objetivo estratégico de manejar recursos energéticos clave.
En reuniones con grandes compañías del sector, el presidente estadounidense fue explícito: las petroleras “negocian con Estados Unidos, no con Venezuela”, les aseguró, prometiendo seguridad jurídica total y un escenario de inversiones por 100.000 millones de dólares. El modelo es claro: Washington administra la llave del crudo y, a cambio, condiciona el destino de los ingresos.
Trump incluso celebró en redes que los dólares provenientes de la venta de petróleo venezolano a Estados Unidos deberán reinvertirse en productos norteamericanos: desde alimentos y medicamentos hasta equipamiento para la infraestructura energética del propio país caribeño. El círculo se cierra en una lógica que prioriza la agenda de “Estados Unidos primero” por encima de cualquier consideración multilateral.
Un nuevo orden: poder personalista y ley del más fuerte
En paralelo al desembarco económico en Venezuela, la Casa Blanca avanza en su repliegue de organismos internacionales, muchos de ellos vinculados al sistema de Naciones Unidas. La retirada masiva refuerza una visión del mundo basada en acuerdos bilaterales, presión económica y poder militar, en detrimento de los marcos colectivos construidos en las últimas décadas.
- Repliegue de espacios multilaterales y ruptura con el globalismo.
- Presión económica y militar como herramienta central de negociación.
- Alianzas tácticas con sectores del chavismo para asegurar el control del petróleo.
- Persistencia de prácticas represivas y violaciones de derechos humanos en Caracas.
“Nos asomamos a la definición de un nuevo orden global”, advierten analistas europeos, mientras líderes como Emmanuel Macron alertan sobre el avance de una geopolítica regida por “la ley del más fuerte”.
Colombia, México, Canadá y hasta Groenlandia siguen con atención los movimientos de Washington, en un contexto donde el estilo personalista de Trump consolida su influencia sobre la región. La captura de Maduro, presentada en clave épica, aparece ahora como un disparo preciso en el tablero global: un “shot” que redefine alianzas, desnuda intereses energéticos y deja planteada una pregunta central para la democracia en Occidente: ¿quién controla realmente el poder cuando la libertad se negocia al precio del petróleo?

