Trump endurece su mirada sobre el régimen cubano

NewsITe
La detención del presidente venezolano Nicolás Maduro en una operación nocturna de fuerzas estadounidenses reconfiguró el tablero político en América Latina y encendió las alarmas en La Habana. En Miami, la numerosa diáspora cubana siguió las imágenes con una mezcla de euforia y expectativa: muchos interpretan el golpe a Caracas como un aviso directo al histórico régimen comunista cubano.
Desde 1959, cuando la revolución encabezada por Fidel Castro obligó a miles de cubanos al exilio, la comunidad en el sur de Florida mantiene viva la consigna de “el año que viene en La Habana”. Tras décadas de frustraciones y promesas incumplidas de cambio, la caída de Maduro es vista por algunos como un posible punto de inflexión, comparable simbólicamente con la caída del Muro de Berlín.
El gobierno de Donald Trump alimentó esa expectativa al dejar entrever que Cuba podría ser el próximo foco de presión. El secretario de Estado, Marco Rubio, cubanoamericano de segunda generación, advirtió que, si estuviera en el poder en La Habana, estaría “preocupado”. El propio Trump afirmó que Cuba será un tema central de conversación en su agenda hemisférica, lo que refuerza la sensación de vulnerabilidad del régimen encabezado por Miguel Díaz-Canel.
La isla llega a este momento en una situación económica extremadamente delicada. La caída drástica de los envíos de petróleo venezolano, sumada a los efectos persistentes de la pandemia sobre el turismo, dejó a Cuba con una severa escasez de divisas, apagones diarios y un deterioro visible de los servicios básicos. La producción de alimentos se desplomó por falta de insumos y por controles de precios que desalientan a los productores, mientras la recolección de residuos se convirtió en una de las principales quejas sociales.
La captura de Maduro también expuso debilidades del aparato de inteligencia y seguridad cubano, que durante años fue clave para sostener al chavismo. La Habana admitió la muerte de varias decenas de efectivos propios durante la operación, sin que ello evitara el éxito del comando estadounidense. Analistas señalan que este fracaso podría acelerar una revisión, por parte de la nueva conducción venezolana, del histórico intercambio de petróleo por servicios médicos y asesoría militar cubana.
Dependencia del petróleo y juego geopolítico
Con Venezuela bajo fuerte presión de Washington, el mayor temor de Cuba es perder su principal fuente de crudo subsidiado. La presidenta interina Delcy Rodríguez, que también ejerce como ministra de Energía, podría verse obligada a recortar o incluso cancelar los envíos hacia la isla como parte de una eventual negociación con Estados Unidos. Especialistas advierten que difícilmente otro aliado logre cubrir de inmediato ese vacío energético.
Cuba intenta compensar con importaciones desde México y Rusia, pero enfrenta limitaciones financieras y políticas. Moscú se consolidó en los últimos años como el socio más activo: firmó acuerdos militares y económicos, amplió inversiones en petróleo y agricultura, y utilizó la relación con La Habana como pieza en su tablero global. Ese vínculo, sostienen diplomáticos, podría actuar como freno a una escalada mayor de Trump contra la isla.
Mientras tanto, en Miami, entre los exiliados predomina una mezcla de escepticismo y esperanza. Tras más de seis décadas de crisis recurrentes, muchos recuerdan que la población cubana ha aprendido a sobrevivir con casi nada. Sin embargo, el deterioro económico, la pérdida de aliados estratégicos y la renovada presión de Washington configuran uno de los escenarios más frágiles para el régimen desde el llamado “Período Especial” de los años 90.
“Llevamos la idea de algún tipo de justicia al final, de que el comunismo no triunfó, de que nunca nos rendimos en la lucha”, resume un dirigente de la comunidad cubanoamericana en Miami, reflejando el clima de expectativa ante lo que consideran una nueva oportunidad para la apertura democrática en la isla.
El desenlace dependerá de tres factores clave: cómo se reordene el poder en Venezuela tras la caída de Maduro, qué margen de maniobra mantenga Cuba para asegurar energía y financiamiento, y hasta dónde esté dispuesto a avanzar Trump en su ofensiva regional. Por ahora, La Habana mira con preocupación un tablero que ya no controla y donde su histórica capacidad de resistencia será puesta nuevamente a prueba.

