ES NICOLEÑA, VIVE EN SUECIA Y TRABAJA POR EL DERECHO AL AGUA EN EL MUNDO

VIRGINIA MARIEZCURRENA CONTÓ SU EXPERIENCIA A EL NORTE

La abogada ambientalista compartió con este medio su paso por numerosos países, su mirada sobre temas como necesarios cambios de hábitos, y el covid. Hace 23 años se fue de nuestra ciudad, pero vuelve cada fin de año al pago de los Arroyos a reencontrarse con sus afectos y su tierra. Sus tres hijos nacieron en Sudáfrica. Desde 2018 trabaja en el Instituto Internacional del Agua de Estocolmo.

Rocío Vega
redacció[email protected]

Virginia Mariezcurrena es nicoleña, trabaja actualmente en el Instituto Internacional del Agua de Estocolmo (Suecia) y cuenta con una vasta trayectoria laboral como abogada ambientalista en numerosos países. Hace 23 años partió de San Nicolás, pero vuelve cada fin de año al pago de los Arroyos a reencontrarse con sus afectos y su tierra. Sus tres hijos nacieron en Sudáfrica. En diálogo con EL NORTE, contó su historia de vida y aportó su mirada sobre varias problemáticas de actualidad.

“Trabajo en una organización de investigación y de incidencia política de temas relacionados con el agua a nivel mundial. El instituto es muy conocido por otorgar desde hace 20 años lo que se llama comúnmente el Premio Nobel del Agua. Lo da el rey de Suecia, siguiendo los mismos protocolos del Premio Nobel, a una persona destacada en el ambiente del agua: profesores, investigadores, ambientalistas. Se hace una ceremonia, en 2018 tuve la oportunidad de participar del encuentro. También es muy conocido por la Semana Mundial del Agua, una conferencia que se hace en agosto con la presencia de 10.000 personas. Trabajo allí en el equipo de Agua, Saneamiento e Higiene como gestora de programas dando asistencia técnica a diferentes países del mundo, en América Latina, Asia, África sobre temas de política de agua. Ayudo a los gobiernos –a través de diferentes metodologías– a alcanzar el objetivo de desarrollo sostenible 6, a promover que todo el mundo tenga el derecho humano al agua cumplido. Por trabajo –anteriormente– estuve en la Franja de Gaza, Haití, Colombia, Ecuador, Brasil, Bolivia, Angola, Comoras, Níger, Ghana, Mali, Togo, Nigeria, Costa de Marfil, Tanzania, Kenia, Etiopía, Uganda, Malaui, entre otros. Algunos países que ni siquiera sabía que existían. Mi trabajo me permite trabajar con todos los países del mundo, es súper interesante”, precisó.



“La simpleza es el camino”

En 1999, Virginia partió de San Nicolás a Holanda a estudiar. Luego, al sur de Suecia para realizar una Maestría en Política Ambiental. De ahí se fue a trabajar a Paraguay por tres años, luego a Burkina Faso (África) por otros tres años a trabajar con una ONG holandesa. Su siguiente destino fue Mozambique -a cuatro ciudades diferentes- por nueve años, para trabajar en programas de agua rural. Más tarde se fue a Bolivia y ahora se encuentra en Estocolmo desde 2018.

“El camino que debemos tomar como humanidad ambientalmente hablando es volver a las raíces. Volver a sentirnos parte de la naturaleza, no tomar más de lo que necesitamos de ella ni devolverle más de lo que ella puede digerir. Vivir dentro de la capacidad de carga, frugalmente, desapegadamente de las cosas materiales, vivir con simpleza, no consumir más de lo que necesitamos, y mejor cuanto más directo de la naturaleza. La comida fresca, cruda, no procesada, sin químicos, sin aditivos, cultivar. Si uno come natural, no se usan prácticamente envases. Optar por energías más verdes, en la medida de lo posible. Hacer actividades con el ciclo natural de luz. No desperdiciar el agua. Si se puede, usar bicicleta. No utilizar plásticos de un solo uso, evitar los envases. Lo que naturaleza da no tiene envases. Usar la mínima cantidad de recursos posibles, que la huella ambiental de cada persona sea la mínima posible. Pensar dos veces antes de comprar algo. Simpleza: para mí ese es el camino de vivir una vida ambientalmente amigable con el planeta”, recomendó.



Cambios de abajo hacia arriba

Y analizó: “Compromisos ambientales hay muchísimos al más alto nivel político, el gran problema es que no se aplican, no hay intereses para que se apliquen. El mejor ejemplo está en que la Conferencia de las Partes del Convenio marco de Naciones Unidas contra el Cambio Climático se hizo presencial en Glasgow (Escocia), y miles de personas viajaron en avión para llegar  hasta allí. Esto sucedió luego de dos años de trabajar en remoto para no moverse, sabiendo que los aviones son unos de los que más inciden en el cambio climático. Los que están trabajando para el ambiente son los primeros que pecan en contaminar. El sistema que tenemos para contrarrestar el cambio climático vive aprovechándose de los recursos del cambio climático. Hay intereses contradictorios. Si verdaderamente se trabajara por un mundo ambientalmente sano, ellos no tendrían trabajo. Los cambios tienen que venir de abajo hacia arriba, por el consumo, por la conciencia de las personas. Así, esos propios sistemas anquilosados de poder que van en contra de tener una respuesta efectiva al cambio climático, caerían por su propio peso”.

En diciembre de 2020, Virginia realizó una charla TED (TEDxSanNicolas). “Estuvo dirigida a un público joven en relación con la posibilidad de progresar en las carreras. El mensaje es que si se hace el esfuerzo, se busca, se tiene una pasión, se descubre la vocación, se va a brillar en lo que se haga, y se será muy feliz si es una vocación de servicio. El guion se fue puliendo, conté experiencias de vida. Fue un ejercicio muy rico de hacer, es de alguna manera un legado”, recordó.



Mirada sobre el Covid-19

Consultada sobre su experiencia en relación con el coronavirus, contó: “Tuve covid en junio de 2020, cuando todavía no había vacuna ni información. Lo tomé con respeto y sin miedo. No tuve grandes síntomas, pero toda la paranoia, toda la historia del covid para mí tiene una raíz médica pero también política. En muchos casos, creo que causó más daños el remedio que la enfermedad. Tengo una mirada muy sesgada porque habiendo vivido 12 años en África he visto enfermedades mucho más virulentas, agresivas, contagiosas, injustas en el sentido de que se contagian los pobres y los ricos no, mucho más intratables y con condena a muerte. Teniendo ese parámetro de enfermedades mortales y que a nadie le importan en un punto, tengo la mirada muy sesgada sobre el covid. Si hubiera empezado en otra parte del mundo, y no en Italia y España, hubiera pasado a la historia de otra manera, completamente diferente”.



“Lo digo con todo respeto a las víctimas, porque tengo amigos que han muerto, no lo hablo desde un lugar de frialdad. Se ha hecho muchísimo daño. Me pregunto cómo hubiera sido sin medidas tan restrictivas. Suecia lo trató en principio con un criterio científico médico. Cuando se empezó a atacar a Suecia a nivel internacional, se retractó en algunas medidas y empezó a ser más restrictivo. El error que cometieron del cual habló el rey y el ministro de Salud fue que no cuidaron a los viejitos, porque en la primera ola se murieron muchos en los asilos de ancianos. Acá nunca se usaron mascarillas ni cerraron las escuelas, los restaurantes estuvieron siempre abiertos, todo estuvo siempre abierto. Los casos en niños se han dado ahora con ómicron. Y no se tiene más muertes que en otros países. Las estadísticas son favorables. No fue más virulento acá que en otro lado”, notó.

Raíces e identidad

La historia con San Nicolás es un capítulo aparte, pero siempre presente en la vida de Virginia. “Va a hacer 23 años que me fui de San Nicolás, y vuelvo todos los fines de año, excepto el año que nacieron mis mellizos en noviembre y el año que estuvo suspendido por la pandemia. Me encuentro con todo el mundo, me encanta y me emociona, soy pez en el agua. El río Paraná me cautiva, y de las tradiciones argentinas las que continúo inexorablemente adonde vaya es el mate. A los que conozco, se los hago probar. Y a mis hijos trato de mantenerle la cultura dentro de la casa, cantarles las canciones de María Elena Walsh, leerles cuentos de autores argentinos. La identidad argentina, por más que mis hijos sean multiculturales, la tratamos de mantener siempre. El papá es colombiano. Ellos nacieron en Sudáfrica, los tres se criaron en Mozambique hasta los 5 y 7 años. Estudiaron en francés, portugués, inglés. Cuando nos fuimos a Bolivia estudiaron en español. Y vinieron a Suecia, y empezaron a estudiar en sueco. En tres meses hablaban perfecto sueco. Estoy orgullosa de ellos, tienen una cabeza híper abierta, son muy activos, curiosos, divertidos, desprejuiciados, comparados con los chicos de acá son bien ‘salvajes’ por su infancia en contacto con lo natural”, compartió y agregó: “Mis hobbies son cantar, bailar, aprender a tocar piano, yoga, pilates, descalzarme, abrazar árboles, me vuelve al eje, estar con gente en casa, recibir amigos”.



“Les mando mis saludos a los nicoleños, y decirles que uno se da cuenta con el tiempo de que las conquistas son internas. De lo que se trata es de ganar territorio y domarse a uno mismo, a sus propias debilidades, muchas veces de aceptar que algunas cuestiones internas y externas no se pueden cambiar. Y vivir con alegría. Y una vez que uno va conquistando eso, no importa dónde esté, porque uno se va sintiendo protagonista de su vida. Estar afuera tiene ventajas, y también tiene muchos desafíos y muchísima lucha que atravesar día a día. La conexión con la propia historia es ‘imposible’, son pequeños tesoros de cuando uno vive en su lugar. Disfrutar de lo que cada uno tiene, y hacer lo mejor que cada uno pueda en el lugar donde está. ‘Sé el cambio que quieras ver en el mundo’, como decía Gandhi. Nunca duden del poder del cambio interno y de un grupo que empieza a despertar y conectar”, concluyó. 



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