El Gobierno demora los cambios de roles y funcionarios por las disputas internas en la cúpula libertaria. Asumió como nuevo canciller Pablo Quirno y Cúneo Libarona pospuso si renuncia.

El Gobierno de Javier Milei atraviesa una nueva etapa de tensiones tras el triunfo electoral del domingo. Mientras el Presidente le tomó juramento a Pablo Quirno como nuevo canciller, persisten las diferencias entre Karina Milei, Santiago Caputo, Guillermo Francos y Manuel Adorni. Según informó iProfesional, el mandatario planea darle a Caputo el control de las negociaciones con gobernadores y el Congreso para garantizar la gobernabilidad y avanzar con la Ley Bases II y el Presupuesto 2026.
Sin embargo, esa decisión reavivó la disputa con su hermana, Karina Milei. La secretaria general de la Presidencia busca limitar la influencia de Caputo, a quien considera con demasiados espacios de poder. Según fuentes citadas por iProfesional, el asesor político del Presidente concentra bajo su órbita organismos clave como la SIDE, la Aduana, la DGI y los ministerios de Justicia y Salud, además de la relación con Estados Unidos.
Cúneo Libarona, el regreso inesperado y el rol del “Triángulo de Hierro”
Entre los cambios más recientes, se destaca la continuidad del ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona. Según publicó iProfesional, Milei lo llamó personalmente para pedirle que no renunciara, decisión que habría sido impulsada por Karina Milei para evitar la llegada de Sebastián Amerio, hombre de confianza de Caputo. De todos modos, las fuentes consultadas admiten que Amerio mantiene el control efectivo del ministerio.
Dentro del denominado “Triángulo de Hierro”, conformado por Karina Milei, Santiago Caputo y Guillermo Francos, crece la desconfianza. Las peleas internas se mantienen pese al resultado favorable en las urnas. “Poder y solo poder. Muchas cajas tiene Santiago, y eso molesta”, aseguraron a iProfesional fuentes cercanas a la Casa Rosada.
Las aspiraciones de Karina y el futuro de Francos
Otra posible jugada es la que impulsa Karina Milei para promover al vocero presidencial, Manuel Adorni, como futuro jefe de Gabinete. Su ascenso implicaría desplazar a Guillermo Francos, actual jefe de ministros y figura de confianza del Presidente. Según iProfesional, Adorni debería asumir como legislador porteño en diciembre, aunque la hermana del mandatario quiere mantenerlo a su lado.
Francos, por su parte, descartó dejar su puesto. “El Presidente nunca me hizo un comentario sobre esto. Yo sigo en mi cargo y sigo trabajando como todos los días”, declaró. No obstante, su futuro permanece incierto ante la inestabilidad que domina el gabinete.
Expectativa por los cambios y la mirada de Estados Unidos
En la Casa Rosada reconocen que los cambios de gabinete se frenaron por las tensiones internas. Fuentes oficiales citadas por iProfesional señalaron que “para que los gobernadores acepten venir a la Casa Rosada, tiene que haber algo más que una foto”. El objetivo del Presidente es mostrar gobernabilidad ante el Congreso y los Estados Unidos, que respaldaron al país tras el reciente rescate financiero del Tesoro norteamericano.
El asesor Santiago Caputo es visto en Washington como una figura clave para sostener esa relación. De acuerdo con iProfesional, el estratega mantiene vínculos con el entorno de Donald Trump, cuyo asesor Barry Bennet manifestó interés en que Caputo asuma un rol de mayor relevancia.
Un poder en disputa y un desenlace incierto
Mientras tanto, Karina Milei busca recortar el poder de Caputo, a quien el Presidente considera el arquitecto de sus victorias electorales. Según distintas fuentes consultadas por iProfesional, la hermana del mandatario quiere asegurarse la gobernabilidad mediante un posible ascenso de Adorni y un eventual reemplazo de Francos.
Por ahora, las decisiones avanzan con cautela. Los funcionarios cercanos al Presidente reconocen que el esquema de poder está en revisión y que “nadie toma decisiones” sin el visto bueno directo de Milei. En medio del desconcierto, el Gobierno intenta recomponer la relación con los gobernadores y dar señales de estabilidad hacia el exterior, aunque las disputas internas siguen marcando el pulso del gabinete libertario.

