Cada año, 12 millones de niñas se casan antes de cumplir los 18 años; 480.000 de ellas tienen menos de 15 años. Es “una violación de derechos de gran alcance”, que está “impulsada por la pobreza y por normas de género profundamente arraigadas, y que además ha resultado extremadamente difícil de erradicar”, señala la organización humanitaria y de desarrollo.

De la Redacción de EL NORTE
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Cada tres segundos una niña es forzada a casarse en el mundo. Se trata de una realidad que persiste bajo la clandestinidad y normalidad, pese a que cada vez más países deciden prohibir esta práctica violenta. El informe “Déjame ser una niña, no una esposa” –de la organización humanitaria y de desarrollo Plan Internacional– recoge los testimonios de 250 niñas que fueron casadas en Bangladesh, Camboya, Indonesia, Nepal, Etiopía, Mozambique, Uganda, Zambia, Colombia, República Dominicana, Guatemala, Ecuador, Nigeria, Níger y Togo, y pone en evidencia que los matrimonios y las uniones infantiles tempranas y forzadas siguen siendo una de las mayores amenazas para las niñas a nivel mundial. De acuerdo a cifras de Plan International, cada año, en el mundo, 12 millones de niñas se casan antes de cumplir los 18 años; 480.000 de ellas tienen menos de 15 años.
Es “una violación de derechos de gran alcance”, que está “impulsada por la pobreza y por normas de género profundamente arraigadas, y que además ha resultado extremadamente difícil de erradicar”, señala la organización. El Convenio de Estambul, el tratado internacional más completo que existe sobre violencias machistas, reconoce los matrimonios forzados como un tipo de violencia machista con graves consecuencias para las menores, aunque su ámbito es solo europeo.
IMPACTO
Menos de una de cada cinco niñas casadas permanece en la escuela después del matrimonio, según datos del informe.
Además, se les priva de derechos fundamentales, incluidos la salud y los derechos sexuales y reproductivos, y están expuestas a un mayor riesgo de violencia de género.
“El aislamiento social y la imposibilidad de interactuar libremente con sus pares o de participar en la fuerza laboral intensifican la angustia psicológica y otros problemas psicosociales”, se añade en la investigación.
SIN PROTECCIÓN
Muchas de estas uniones forzadas son ilegales o informales, lo que deja a las niñas sin protecciones legales relacionadas con la propiedad, manutención conyugal o herencia. Las que se convierten en madres enfrentan barreras adicionales cuando tienen que reclamar la custodia de sus hijos o la pensión alimenticia, lo que hace más difícil que abandonen el matrimonio.
“Las uniones informales van en aumento, con el riesgo de que el matrimonio infantil sea más difícil de rastrear y la práctica se vuelva menos visible”, advierte la organización.
EL PAPEL DE LAS REDES SOCIALES
Los matrimonios y las uniones infantiles forzadas están cada vez más condicionadas por las relaciones digitales, revela el informe.
“La tecnología no cambia los comportamientos. En línea, los hombres mayores pueden seguir explotando la vulnerabilidad emocional y económica de las niñas, presentando el matrimonio como una salida a la dificultad. El matrimonio infantil ya no es únicamente una práctica tradicional basada en arreglos familiares”, agrega el documento. En Asia y América Latina, las niñas reportaron de manera consistente haber conocido a sus futuros esposos a través de plataformas de redes sociales. Incluso cuando se casan “por amor”, las niñas terminan adoptando roles de género establecidos como parejas normalmente subordinadas, madres y trabajadoras domésticas. “Muchas expresan arrepentimiento y todas rechazan el matrimonio infantil para sus propias hijas o hijos”.
“Niñas Libres de Uniones Forzadas” es una campaña de Plan International por el 11 de octubre: Día Internacional de la Niña.

