Homilía del Obispo: “¿Justicia por mano propia?”

HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (Lc 18, 1-8).

Por monseñor Hugo Norberto Santiago
Obispo de la Diócesis de San Nicolás

«Jesús enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse: “En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él diciéndole: ‘Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario’. Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: ‘Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme’. Y el Señor dijo: ‘Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche, aunque los haga esperar? Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?’”». Palabra del Señor.

¿Dónde está Dios?

En determinadas circunstancias hay creyentes y no tan creyentes que se enojan con Dios porque no hace justicia con los violentos, los ladrones, los corruptos, los poderosos, que no tienen miedo a una justicia divina y para los cuales parece no existir la justicia humana. En esas circunstancias, el estado de ánimo de estas personas decepcionadas con Dios se expresa de esta manera: “¿Dónde está Dios si en el mundo hay tantas atrocidades impunes y tantos inocentes que sufren?”. O “Si Dios fuera Dios, no permitiría que ocurran tantas injusticias”. Si ni Dios ni la justicia humana intervienen ante tantas injusticias, la decepción y la tentación de hacer justicia por mano propia parecen ser la única opción realista.

Fuente de toda razón y justicia

Sin embargo, los que creemos sabemos que la justicia humana puede fallar, pero la justicia de Dios nunca falla. Dios es nuestro Creador y Padre bueno, y porque es bueno es justo. Aunque a veces, desde nuestro punto de vista, Dios parece ausente ante la injusticia, ante Él, tarde o temprano, ninguna injusticia queda impune. Dios conoce el momento mejor y tiene la modalidad más efectiva de hacer justicia, siempre con una intencionalidad clara: corregirnos, edificarnos, no destruirnos, porque es Padre. He leído algún escrito sobre el tema donde el autor, no sin un sentido tragicómico, dice: “Dios, cuando quiere corregirte, te pone una ‘piedrita’, pero en el ojo”. Ciertamente, no debe haber cosa más molesta que una basura en el ojo; irrita la vista, no nos deja ver y, desde luego, no quedamos en paz hasta que un oculista nos la extrae. Otro escritor utiliza la imagen del boxeo y dice: “Dios, cuando quiere corregirnos, usa la mano izquierda, que es la de la caricia, y si no hace efecto, utiliza el gancho al hígado y te deja nocaut”. Algo de esto empleamos en la educación de nuestros hijos; para llamarles la atención y corregirlos, solemos ir de lo más leve a lo que más les duele; no con el propósito de dañarlos, sino para que adviertan lo que están haciendo mal y lo corrijan. Hay en nosotros una pedagogía que lleva tiempo y paciencia; igual ocurre con Dios.

Orar sin desanimarnos

Jesús dice en el Evangelio de este domingo: “Si el juez injusto terminó haciendo justicia al menos para que dejen de molestarlo, ¿cuánto más Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche, aunque los haga esperar?”. Clamar a Dios, incluso interpelarlo, quejarnos ante Él y perseverar en la oración para que intervenga y haga justicia es lo correcto. El Salmo 73 plantea en La Biblia el tema del justo que sufre y el injusto que, aparentemente, la pasa bien. Al final, Dios ilumina al que se queja delante de Él, de modo que el hombre concluye: “Para mí lo bueno es estar junto a Dios porque los que se alejan de Ti, se pierden”. Después de haber hecho todo lo que estaba a nuestro alcance en el trabajo por la justicia sin lograr el objetivo, hay que vencer la tentación de hacer justicia por mano propia y confiar en que Dios, tarde o temprano, no dejará nada impune; es el camino, también para construir la paz; de lo contrario, el resultado es una sociedad cada vez más violenta. Que Dios te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Buen domingo.

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