Hoy se cumplió un año del crimen de Noah Romero. Familiares y allegados marcharon por las calles céntricas con el rostro del niño estampado en remeras y carteles. Alrededor de cien personas se concentraron en la Plaza Mitre y recorrieron en silencio gran parte del camino en reclamo de justicia. Noah, de apenas tres años, recibió un disparo mortal cuando jugaba en la vereda junto a otros niños.

De la Redacción de EL NORTE
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Durante la tarde de este miércoles, al cumplirse un año del crimen de Noah Romero, alrededor de cien personas se reunieron en la Plaza Mitre para acompañar el pedido de sus padres. Gabriel y Daiana, junto a familiares y amigos, pidieron justicia por el homicidio del niño de tres años que el 15 de octubre del año pasado murió alcanzado por un disparo cuando jugaba en la vereda de su casa. El primer recorrido por las calles céntricas fue en silencio y el segundo tramo, tras un repetido pedido de justicia, fue transitado batiendo palmas. El grupo volvió luego al punto de partida y se desconcentró tras el agradecimiento y un pedido desesperado de la mamá de Noah para que los sigan acompañando.
Gabriel Romero, papá del niño, en diálogo con EL NORTE, manifestó: “Al cumplirse un año, estamos pidiendo justicia por nuestro hijo al que le arrebataron la vida. Marchamos pidiendo que actúen conforme al hecho. Ellos no tuvieron piedad; queremos que la Justicia actúe igual. Ellos eran del barrio, no les importó nada. Varios chicos estaban jugando en la vereda y no les importó”. Respecto de la causa, explicó: “Ayer nos entrevistamos con el fiscal y nos dio buenas noticias. Nos dijo que ya reunió toda la prueba y pidió que juzguen a los acusados, así que ahora aguardamos la fecha del juicio. Esperamos que el juez se ponga una mano en el corazón y les dé la pena máxima. Anhelamos justicia por Noah”.
Por su parte, Daiana, la mamá del pequeño, expresó: “Sabemos que la justicia terrenal les puede dar una pena de 15 años y después de eso los asesinos van a volver a estar en la calle. Les pido que nos sigan acompañando y les agradezco a todos que hayan venido. Vamos a organizar otras marchas para seguir pidiendo que les den la pena máxima. Esto no me va a devolver a mi hijo, pero ellos tienen que pagar. Lo que hicieron no se repara nunca más, pero pido que el fiscal nos siga apoyando, que el juez les dé la pena máxima, que no salgan nunca más. Porque si salen, van a seguir lastimando gente, van a seguir matando; todos saben lo que ellos son. Yo tengo otros hijos y no quiero que les pase nada. Esta vez le tocó a mi Noah; ellos me arrebataron mi ángel; el nene tenía apenas tres años y no les importó. Cuando pasó lo de Noah, yo estaba embarazada casi de cinco meses y fue terrible porque sufría por lo de mi hijo y a la vez sabía que tenía una vida en la panza que cuidar. Lupe fue de gran bendición para mí porque la llegada de ella pudo alumbrar mi vida. También tengo a mi otro hijo de 9 años y entre los dos hacen que me levante día a día para seguir. Si bien un hijo no se reemplaza, no se repara con nada. Por eso les pido que estén conmigo para que a estos delincuentes asesinos les den la pena máxima. He escuchado rumores que preguntaban por qué el nene estaba jugando en la vereda y yo les digo: porque Noah era un niño libre, tenía derecho a jugar. Pido justicia, que me ayuden, que me sigan apoyando, vamos a hacer otra marcha para que los condenen y les den el máximo de la pena”.
A un año del trágico hecho, con el arribo de los resultados de la última pericia realizada el pasado 18 de septiembre, la Fiscalía cerró la etapa de instrucción en la causa por la muerte del niño y pidió el enjuiciamiento de los acusados.



El crimen
Noah Emir Romero, de apenas 3 años, jugaba en la vereda de su casa el martes 15 de octubre del año pasado en horas de la noche cuando, alrededor de las 21.00, fue alcanzado por una de las balas disparadas por dos sujetos que se trasladaban en moto. Los ocupantes del rodado, al pasar por calle Esquiú al 200 del barrio San Francisco, efectuaron más de diez disparos. Tres de ellos impactaron en Marcos Ariel Pino, de 36 años, destinatario de la balacera, quien recibió heridas en una de sus manos, en la pierna izquierda y en la cadera del lado derecho, pero que no pusieron en riesgo su vida. Noah, en cambio, recibió un impacto en el tórax y, aunque fue trasladado rápidamente a la guardia pediátrica del Hospital San Felipe, los facultativos no lograron salvar su vida y falleció a poco del ingreso.
La madre del menor pudo reconocer a los agresores; se trataba de dos sujetos de apellido Gaetán, de 24 y 26 años, con frondosos prontuarios policiales por diversos delitos. Los disparos estaban destinados a Pino, con quien los atacantes mantenían conflictos anteriores.
Con los primeros testimonios, a poco de ocurrido el brutal episodio, la policía realizó allanamientos de urgencia en varios objetivos, uno de ellos en Av. Alberdi al 1600, donde aprehendieron a David Ezequiel Gaetán, alias “Tin”, y secuestraron varios elementos vinculados al hecho. Pero Leonel Iván “Patón” Gaetán, sobrino del primer detenido, había logrado darse a la fuga antes del arribo de los efectivos. Al día siguiente fue capturado por fuerzas de la DDI en zona cercana a su domicilio. Su padre pidió la presencia fiscal y lo entregó a la policía cuando los investigadores ya lo tenían cercado. Desde entonces permanecen tras las rejas en la UP3 a la espera del juicio.

