LAS INSOPORTABLES NOCHES DE VERANO EN EL PARQUE SAN MARTÍN

Ruidos de motos sin escape, música a todo volumen, gritos, corridas y mucho desorden son la postal veraniega del renovado Parque San Martín durante las madrugadas de fin de semana y entre semana también. Los vecinos dan aviso a las autoridades policiales que llegan, dispersan a la multitud, pero al rato vuelven y todo sigue igual.

De la redacción de El Norte
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El sonido es irritante, estruendoso, insoportable y se multiplica, se vuelve incesante. La motos de baja cilindrada pero con escapes libres hacen estallar la noche por calle Colón en la zona del renovado Parque San Martín, que cambió totalmente su imagen oscura y abandonada de años en la ciudad para volverse una zona de espacios amplios y luz, propicia para el encuentro de jóvenes que en muchos caso gustan del bullicio y el desorden, afectando la vida de los nicoleños que viven en esa zona. El peor momento es durante los fines de semana, cuando, casi sin horarios, el ruido de motores y la música estruendosa hacen imposible el descanso; pero en las noches de calor, no hay día de semana en que el ruido se detenga, volviéndose un martirio para aquellos que deben descansar y trabajar temprano al día siguiente.

A nuestra redacción llegaron videos de grupos de chicos en motos recorriendo el lugar apurados, tomando desde avenida Falcón hasta toda esa zona donde se vuelve una locura para quienes la habitan.



La policía es convocada en reiteradas oportunidades para calmar los ánimos de los más revoltosos, quienes en muchas ocasiones se retiran o les secuestran los rodados, pero al otro día vuelven y se torna peor, como una suerte de revancha a la denuncia de los vecinos.

Música y gritos

No solo es una vuelta la que dan quienes frecuentan la plaza, sino que en la mayoría de la ocasiones estacionan autos y abren el capó poniendo la música a todo volumen, improvisándose un boliche al aire libre que suena por toda la costanera.

En la zona hay algunos quioscos que permanecen abiertos durante toda la velada y venden bebidas alcohólicas aprovechando el redituable negocio que les queda a mano.



Una de las postales más tristes es la del otro día, cuando se puede observar en el parque la gran cantidad de botellas y latas de bebidas en el pasto y la vereda como testimonio de una noche larga y de muchas revoluciones.

Testimonio

Una vecina del lugar comentó a nuestro medio que lo que también se escuchan son muchas peleas y corridas “A veces se sienten gritos y se llama a la policía, que no siempre vienen. A la noche después, de cierta hora, no quiero ni salir a la calle, nos sentimos rehenes de estos pibes”, expresó Natalia, quien prefiere mantenerse anónima, pero sí brindar su testimonio. “La verdad, yo los fines de semana ya me hago la idea de que no voy a poder dormir, pero también pasa entre semana y al otro día se me hace eterno. A veces prefiero ir a lo de mi papá para descansar, pero la verdad es que es imposible. Si no es la música, son las motos que no paran de dar vueltas”, agregó.

En el predio ganado por la juventud también van muchos chicos que hacen pícnics y pasan un momento tranquilo, pero en muchas ocasiones deben irse porque la zona se descontrola y se vuelve insegura.



El pasado fin de semana se dio un hecho de inseguridad grave cuando un grupo de jóvenes que estaban cerca de la UTN fueron baleados desde un auto por otro menor, el cual tenía problemas con ellos de larga data. Los chicos resultaron con heridas leves, pero el riesgo de muerte estuvo latente. Días después se detuvo al presunto autor de los disparos.

La ciudad progresa, los espacios verdes van ganado al cemento, pero también a la par crecen este tipo de hechos que sacuden la relativa paz y generan perjuicios al otro, olvidando aquello de que los derechos de una persona terminan cuando empiezan los de la otra.

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