En la historia, se considera que fue el primero que le dio un rol protagónico a la riqueza mineral del país para que preste servicio a favor de la independencia. O’Higgins recomendó a San Martín los conocimientos del fraile en organización, mecánica y fundición. Gran parte del mérito de la hazaña del cruce de la cordillera de enero de 1817 se debió a la logística que implementó.

De la Redacción de EL NORTE
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La efeméride que se conmemora hoy en reconocimiento a los trabajadores y trabajadoras metalúrgicos se relaciona con Fray Luis Beltrán: un militar y fraile franciscano argentino, quien se destacó principalmente como fabricante y organizador de la artillería del Ejército de los Andes.
Beltrán fue el primero que le dio un rol protagónico a la riqueza mineral del país para que preste servicio a favor de la independencia, según destacada la Unión Obrera Metalúrgica.
Bartolomé Mitre lo calificó así: “Todo caudal de ciencia lo había adquirido por sí en sus lecturas, o por la observación y la práctica. Así se hizo matemático, físico y químico por intuición; artillero, pirotécnico, carpintero, arquitecto, herrero, dibujante, bordador y médico por la observación y la práctica; entendido en todas las artes manuales y lo que no sabía lo aprendía con sólo aplicar a ello sus extraordinarias facultades mentales”.
Orígenes
Según la versión canónica había nacido en Mendoza -aunque en su testamento declara ser oriundo de San Juan- un 7 de septiembre de 1784. Su padre era el francés Louis Bertrand y su madre, la sanjuanina Manuela Bustos. Al bautizarlo, tres días después de nacido, el cura lo inscribió como “hijo de Luis Beltrán”; con lo que su apellido quedó así castellanizado. Fue uno de los primeros en entender que la riqueza mineral del país podía prestar servicios valiosísimos en la lucha por la independencia, favoreciendo la fabricación de armas como fusiles y cañones.
Fue un fraile argentino perteneciente a los Franciscanos, siendo ordenado sacerdote en 1805. En tanto, el estallido de la revolución independentista marcó un antes y un después en su vida. Comenzó los estudios de matemáticas, física, químicas, en los que destacó con muy buenos conocimientos.
Recomendación de O’ Higgins
Un día entró por casualidad a los talleres de maestranza del ejército de Bernardo O’ Higgins. Al observar la forma elemental y rudimentaria en que trabajaban los operarios chilenos; se puso manos a la obra, y empezó a darles consejos, órdenes e instrucciones, para optimizar la labor en el taller. Los ingenieros del ejército, impresionados con la colaboración desinteresada del fraile cuyano, se lo recomendaron a O’ Higgins; quien lo designó, con el rango de teniente, al frente de la maestranza trasandina, sin abandonar sus hábitos. De inmediato, Fray Luis Beltrán puso todo su empeño y conocimientos técnicos para recuperar los cañones dañados; con bastante éxito y reconocimiento. Sirvió en el sitio de Chillán y la acción de Rancagua. En esta última batalla, el 2 de octubre de 1814, los realistas derrotaron a los patriotas chilenos, terminando con la “Patria Vieja” trasandina. Ello generó una emigración masiva de los independentistas hacia Mendoza, donde fueron recibidos y socorridos por el Gral. José de San Martín. Entre los mil fugitivos retornaba también, Fray Beltrán, a su tierra natal.
O’Higgins recomendó al Libertador los conocimientos del fraile en organización, mecánica y fundición. Entonces, San Martín el 1º de marzo de 1815 lo puso al frente del parque y la maestranza del Ejército de los Andes, con el grado de teniente segundo del tercer batallón de artillería. De inmediato, el cura improvisó un taller y una fragua en el campamento de El Plumerillo. Así, llegó a ser jefe del Parque de Artillería del Ejército de los Andes, nombrado por el general José de San Martín.
Mérito en el cruce de la cordillera
Gran parte del mérito de la hazaña del cruce de la cordillera de enero de 1817 se debió a la logística ideada y concretada por Fray Luis Beltrán.
Los cañones se envolvían en paños de lana, y se retobaron con cueros, para protegerlos contra los golpes y caídas. Con el ejército marchaban los ciento 20 primeros zapadores del Ejército Argentino, todos a las órdenes del fraile. Su misión era arreglar los pasos defectuosos. Llevaban un puente mecánico para cruzar los pasos de agua, construido con maromas de doce vetas resistentes, de cuarenta metros de largo, que se podía desplegar rápida y fácilmente para el cruce de hombres, enseres y animales. También transportaban dos anclotes, para evitar que las piezas pesadas y la artillería se despeñaran en las laderas muy empinadas. Cuenta el después Gral. Jerónimo Espejo que “se llevaban para suplir las funciones de cabrías o cabrestantes en los grandes precipicios, adhiriéndose aparejos o cuadernales de toda clase o potencia, según los casos”. No fue preciso utilizarlos para salvar los cañones, pero sí la carga de las mulas, que a veces se caía en los abismos no tan abruptos.
Influencia
Cuando abandonó los hábitos, empezó a fabricar pólvora, armas, municiones, entre otros. Gracias a él, cientos de personas comenzaron a trabajar en las fábricas militares de Chile y poco a poco iba mejorando la fabricación de todo aquello relacionado con el ejército. Beltrán fue vital para reponer los arsenales del cuerpo militar que comandaba José de San Martín luego de la derrota del Libertador de América en la batalla de Cancha Rayada, donde había perdido buena parte de su artillería a manos de las tropas realistas. Comandó este esfuerzo metalúrgico en la fragua del Plumerillo, donde -con herramientas fabricadas por ellos mismos- más de 700 operarios trabajaron bajo sus órdenes en la fundición de cañones, cartuchos y municiones para combatir por la independencia regional.
De esta manera, por su destacado conocimiento e influencia en el rubro metalúrgico, aún en una etapa preindustrial, el gremio que representa a los trabajadores del sector decidió fijar su natalicio como la fecha de celebración de los trabajadores del sector.
En Lima, instaló una nueva zona de fábrica de armamento y entregó un numeroso material a los ejércitos de tierra y marítimos, llegando a participar en la batalla de Ayacucho. Años más tarde, se trasladó a Argentina donde murió el 8 de diciembre de 1827.
La actividad metalúrgica se forjó como una de las principales del país a lo largo de las décadas, contando en la actualidad con cientos de talleres, emprendimientos, empresas e industrias vinculadas.

