Homilía del Obispo: “La puerta estrecha es la integridad”

HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (Lc 13, 22-30)

Homilía del Obispo: “La puerta estrecha es la integridad”
Homilía del Obispo: “La puerta estrecha es la integridad”.

Por monseñor Hugo Norberto Santiago
Obispo de la Diócesis de San Nicolás

     «Jesús iba enseñando por las ciudades y pueblos, mientras se dirigía a Jerusalén. Una persona le preguntó: “Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?”. Él le respondió: “Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán. En cuanto el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta, diciendo: ‘Señor, ábrenos’. Y él les responderá: ‘No sé de dónde son ustedes’. Entonces comenzarán a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas’. Pero él les dirá: ‘No sé de dónde son ustedes; ¡apártense de mí todos los que hacen el mal! Allí habrá llantos y rechinar de dientes, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes sean arrojados afuera. Y vendrán muchos de Oriente y de Occidente, del norte y del sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios. Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos’”». Palabra del Señor.

La puerta ancha y la puerta estrecha

      Dios quiere que todos los hombres se salven, por eso entregó a su Hijo Jesucristo a la muerte en cruz: para rescatarnos, salvarnos, hacernos recobrar la integridad personal que habíamos perdido por el pecado que genera una grieta en nuestra misma persona, que luego se proyecta en la sociedad, pero comienza en nosotros mismos.

      La “puerta estrecha” de la que habla el Señor, por la cual hay que entrar, es la puerta de la integridad personal, la coherencia en lo bueno, a lo que se llega por creer en Jesús e identificarnos con sus valores; su modo de ser, de sentir, de pensar y de actuar; ya que Jesús nos vuelve a mostrar a la persona íntegra, su identidad sin grietas. La “puerta ancha” que lleva a la frustración es la coherencia en lo malo: es fácil no amar, no pensar ni hacer lo bueno; pero esa actitud cómoda o aparentemente conveniente nos lleva a la frustración personal y comunitaria. 

La coherencia entre el ojo, el corazón y la mano

     Las tres dimensiones fundamentales de cada persona se pueden simbolizar con tres palabras: el ojo, el corazón y la mano. El ojo representa lo que pensamos; el corazón, lo que amamos, y la mano, lo que hacemos. Según la fe católica, el pecado ha creado grietas personales fáciles de comprobar entre estas tres dimensiones de nuestra persona, porque a veces pensamos cosas buenas pero no las concretamos con la acción; esto nos muestra la grieta entre el ojo y la mano. Otras veces hacemos las cosas sin amor; aparece entonces la grieta entre las manos y el corazón; esta actitud no edifica ni nos deja satisfechos. Otras veces, hacemos las cosas sin pensar; es cuando obramos impulsivamente y herimos a los demás o no hacemos lo correcto; entonces comprobamos que en nosotros hay un divorcio entre el ojo y la mano. ¿Por qué la coherencia o la incoherencia tienen un gran influjo social? Uno de los dramas, por ejemplo, de Argentina, es que constatamos que hay mujeres y hombres que hablan, pero no aman ni hacen lo que dicen; eso genera un alto grado de escepticismo que nos daña socialmente y dificulta la construcción del bien común.

Pedir a Jesús el regalo de la integridad

        Es entonces cuando clamamos a Jesús, el hombre íntegro, diciéndole: “Danos la coherencia de lo bueno, por favor; ayúdanos a ser íntegros”. Entonces ocurre que un día pensamos en una buena acción, por ejemplo, visitar a un amigo que anda con el ánimo bajo; amamos ese gesto y lo concretamos, pasamos un tiempo con él tomando unos mates y charlando. Luego de esto, seguro que sentimos satisfacción interior; es la satisfacción de la coherencia en lo bueno. Una persona puede y se entusiasma con una empresa, la piensa, la ama y la concreta; muchas personas se benefician con el trabajo. Esto da un sano orgullo y una gran alegría, aunque sea un desafío. Estas alegrías y satisfacciones son como el “beso de Dios” que nos dice: “Estás en buen camino, seguí por ahí aunque te cueste”. De este modo, estamos entrando por la puerta estrecha de la que habla el Evangelio de este domingo, que es tal porque la coherencia no es fácil; hay que pedirla a Dios como un regalo que lleva a la alegría y a la confianza social.

    Jesús se entregó precisamente por esto, para devolvernos la integridad, la coherencia en lo bueno, porque esa es la vocación de cada persona, la tuya, la mía, la de toda la humanidad. Pidámoselo a la Virgen. Ella fue íntegra porque no tuvo la grieta personal que genera el pecado y es nuestra Madre, que nos ama y nos alcanza de Dios todo lo bueno. Que Dios te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. 

Buen domingo.

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