Campo: San Nicolás y alrededores, entre el optimismo por el trigo y el desafío de los rindes estancados

Con un trigo que muestra condiciones excepcionales gracias a las lluvias de julio, la región atraviesa un momento de expectativas positivas para la campaña fina. Sin embargo, el estancamiento de los rindes en soja y maíz sigue siendo un desafío estructural. Aunque el clima mejora levemente, la incertidumbre sigue marcando el horizonte productivo.

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De la redacción de EL NORTE
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La última actualización de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) sobre la región núcleo traza un panorama mixto para la campaña agrícola en curso. San Nicolás y la Subzona III, que incluye áreas como Pergamino, una referencia técnica y productiva de peso, comparten tanto el optimismo generado por la buena condición del trigo como la preocupación por el estancamiento en los rendimientos de soja y maíz, un fenómeno que persiste más allá de las condiciones climáticas puntuales.

En contraste con el invierno seco y gélido del año pasado, las precipitaciones de julio marcaron un punto de inflexión positivo para el trigo. En San Nicolás y la Subzona III, el cultivo avanza con niveles inéditos de sanidad y desarrollo. Según los técnicos de la BCR, el 40% de los lotes presenta un estado “excelente”, un 55% está “muy bueno” y solo un 5% se clasifica como “bueno”.

El maíz sigue ganando terreno frente a la soja. La intención de siembra en la región núcleo apunta a un aumento del 17% respecto a la campaña anterior, lo que llevaría el área implantada a 1,9 millones de hectáreas. En la subzona que incluye a nuestra ciudad, este crecimiento también se ve impulsado por una mayor disponibilidad de humedad en los suelos tras las lluvias de julio.

Sin embargo, detrás de este entusiasmo, el cereal no escapa al fenómeno que aqueja al sistema productivo en general que está vinculado al estancamiento de los rindes. En las últimas 16 campañas, salvo excepciones, el rendimiento promedio del maíz no muestra una mejora sostenida, oscilando entre los 60 y 110 qq/ha. Esta falta de progreso es atribuida, según técnicos y especialistas, a un deterioro del manejo agronómico más que a límites genéticos.

En palabras de Rodolfo Rossi, referente en genética vegetal, “la clave no está en la genética sino en el manejo. No hay reposición de nutrientes. En soja, más del 60% de los productores no devuelve al suelo lo que se lleva”. Lo mismo aplica al maíz, que exige mayores niveles de inversión para desplegar todo su potencial. “Es un año para fertilizar bien”, señalan los técnicos, aunque reconocen que las restricciones financieras y la baja rentabilidad dificultan la toma de decisiones intensivas.

La soja sigue siendo el “caballito de batalla” para muchos productores del norte bonaerense, pero su rinde promedio lleva años sin mostrar signos de mejora. En San Nicolás y Pergamino, los ingenieros agrónomos coinciden en el diagnóstico. Hablan de baja fertilización, uso de insumos de mínima y estrategias defensivas en campos alquilados como los principales factores que impiden capitalizar los avances genéticos.

Los datos lo confirman. La soja oscila entre 25 y 42 qq/ha, sin una tendencia clara de crecimiento en los últimos 15 años. En la Subzona III, los técnicos remarcan que la falta de reposición de fósforo, el uso de variedades liberadas (más antiguas) y la compactación de suelos por siembras continuas sin rotación adecuada explican la pérdida de eficiencia.

Matías De Felipe, especialista en mejoramiento genético, señala que “el rendimiento potencial existe, pero en ambientes degradados o con bajo uso de insumos, ese potencial no se expresa”. La brecha tecnológica es cada vez más profunda, con consecuencias directas sobre la competitividad del cultivo.

En términos climáticos, el panorama mejora, aunque de forma modesta. Las precipitaciones recientes, de hasta 32 mm en algunos puntos del noroeste, permitieron aumentar las reservas hídricas, especialmente en zonas como San Nicolás, aunque aún hay sectores con déficit de entre 20 y 80 mm. El pronóstico para los próximos días incluye lluvias débiles y chaparrones aislados, con temperaturas que descenderán por debajo de los 10°C durante el fin de semana, para luego subir lentamente.

Especialistas advierten que “el ingreso de un nuevo sistema frontal frío confrontará con la atmósfera cargada de humedad”, lo que puede generar precipitaciones dispares. Esta inestabilidad, aunque leve, obliga a mantener la cautela de cara al desarrollo de los cultivos de invierno y la planificación de las siembras de verano.

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