
Por monseñor Hugo Norberto Santiago
Obispo de la Diócesis de San Nicolás
Hoy celebramos la solemnidad del Cuerpo de Cristo. Él nos enseña que hay un pan material que alimenta nuestra hambre física y hay un pan espiritual que alimenta y sacia nuestra hambre espiritual. En una oportunidad la multitud que siguió a Jesús mientras les predicaba quedó tan extasiada de sus palabras de modo que se hizo tarde y llegó la hora de cenar.
Los apóstoles le dijeron a Jesús que no tenían comida para tanta gente. Un sacerdote que trabaja en pastoral carcelaria me dijo: “Se encarcela la pobreza”. Muchos jóvenes presos nacieron sin el pan de una familia organizada, sin el pan de un techo digno, no pudieron acceder al pan de la educación, a una comida nutritiva.
Salieron a robar para conseguir algo de todo eso, los descubrieron y fueron a la cárcel. Nacieron desposeídos y terminaron en el infierno de un penal. La multitud que pasó el día con Jesús experimentó que sus palabras estaban llenas de vida; saciaban su hambre espiritual, sus deseos de paz, de bondad, de verdad, de fraternidad, en fin, sus deseos de Dios.
Pero el Señor se dio cuenta de que no se les puede hablar de Dios, ni de educación, ni de un proyecto de vida a personas con el estómago vacío. Por eso, como Jesús y como sociedad organizada, tenemos que dar una respuesta digna a esta carencia yendo a la raíz del problema. Jesús, desafiando nuestra creatividad, pide nuestra colaboración.
Denle ustedes de comer, enseñándonos que, además de un hambre física, en toda persona hay un hambre espiritual. Que Dios te bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Buen domingo.

