Creador de Juanito Laguna y Ramona Montiel, su obra denunció la desigualdad con materiales de la calle y compromiso social

Este 14 de mayo se cumplieron 120 años del nacimiento de Antonio Berni, uno de los artistas más influyentes del siglo XX en Argentina. Nacido en Rosario en 1905, Berni fue pionero en retratar la vida de los trabajadores, los marginados y los sectores populares desde una mirada crítica y comprometida. Su serie Juanito Laguna, realizada con materiales reciclados, marcó un quiebre en el arte argentino y fue resistida por parte de la crítica en su momento.
“Tamaña cantidad de basura en las paredes”, escribió un crítico en 1961 cuando Berni presentó la serie por primera vez en la Galería Witcomb. Las obras estaban hechas con latas, arpillera, trapos y cartón. Décadas después, una de esas piezas se vendió por 441.000 dólares en Sotheby’s, consolidando el valor simbólico y económico de su trabajo.
La figura de Juanito Laguna, un niño de villa que simbolizaba las infancias populares del conurbano, se convirtió en ícono. Lo mismo ocurrió con Ramona Montiel, una mujer prostituida que Berni desarrolló a partir de una investigación con el periodista Rodolfo Puiggrós en los prostíbulos de Rosario. Ambas figuras, realizadas con técnicas mixtas y materiales cotidianos, fueron eje de un nuevo tipo de realismo.
Antonio Berni comenzó su formación artística en Rosario, donde a los diez años pidió ser inscripto en un taller de vitrales. Expuso por primera vez a los 15 y llegó a Buenos Aires a los 18, donde fue rápidamente reconocido. Su talento lo llevó a Europa gracias a becas del Jockey Club y del gobierno de Santa Fe. En París se relacionó con figuras como Magritte, Duchamp y Breton, y se empapó del surrealismo, aunque sus obras de esa etapa no tuvieron repercusión.
De regreso a Argentina en 1930, en plena crisis económica y bajo dictadura militar, Berni viró hacia el “Nuevo Realismo”. Colaboró con el muralista David Alfaro Siqueiros en Ejercicio Plástico, y desarrolló piezas como Desocupados y Manifestación (1934), donde comenzó a incluir elementos como arpillera en sus pinturas.
Su trabajo como empleado municipal en Rosario le dio cercanía con las problemáticas sociales, que plasmó en su arte con una mirada humanista. En los años 40 y 50 viajó por América Latina y por provincias como Santiago del Estero, donde profundizó su observación sobre el trabajo rural y la vida en los márgenes.
A 120 años de su nacimiento, la obra de Berni sigue vigente por su capacidad de interpelar al espectador desde el dolor, la dignidad y la resistencia. Su legado permanece como testimonio de una época en la que el arte se atrevió a mirar donde otros no querían ver.



