Hoy la brecha laboral es del 30% y la salarial del 20%, según el promedio mundial. En países como Argentina, un notable porcentaje de mujeres suelen trabajar en ocupaciones mal remuneradas y con altos niveles de informalidad. Por otra parte, la carga laboral duplicada o hasta triplicada se verifica en los hogares monomarentales.

De la Redacción de EL NORTE
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El último Informe Mundial sobre Salarios (2024-2025) de la Organización Internacional del Trabajo compila relevamientos producidos en 82 países que, agrupados, representan el 76% de la población mundial de asalariados, y utilizando diferentes herramientas e indicadores para medir desigualdad. Los resultados generales para la persistente brecha salarial entre varones y mujeres demuestran que “los hombres ganan más que las mujeres en todos los grupos de países, en todos los niveles de ingreso y en toda la escala salarial”.
En los países de ingreso mediano y bajo (entre los que se encuentra Argentina) “la brecha salarial de género crece en el extremo inferior de la distribución, donde las mujeres suelen trabajar en ocupaciones mal remuneradas y con altos niveles de informalidad”.
El trabajo que no se paga
¿Hay trabajo que no se pague? Efectivamente y no es poco trabajo, ni poco dinero. Son las actividades de cuidado, que son realizadas por mujeres en un 70,2% y representan el 15,9% del PBI. Si se consideran esos valores en términos globales, según el Informe de Cumplimento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, “las mujeres pertenecientes a grupos racializados, migrantes, rurales y urbanas de bajos ingresos, realizan el 75% del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, es decir gratis, sin cobertura social ni previsional de ningún tipo. Si se tradujera esa carga a valores monetarios, el trabajo semi esclavo y culturalmente naturalizado representaría -en estimaciones moderadas- el 40% del PBI mundial. Para 2050 se considera que las mujeres seguirán dedicándole 2,5 horas diarias más que los hombres a las tareas de cuidado.
Según el World Economic Forum, “las mujeres tienen el poder de dar impulso a la economía mundial, su avance es bueno para todos y cerrar las brechas de género podría aumentar el producto bruto mundial en un 20%”.
¿Equidad para 2255?
De acuerdo a la OIT, el primer cuarto del siglo XXI muestra un descenso promedio de la desigualdad salarial en términos globales, pero un leve aumento de la brecha salarial por motivos de género y “niveles de desigualdad de ingresos segmentados por estadísticas inaceptablemente altos”, que se proyectan sostenidamente y en aumento para la primera mitad del siglo.
La igualdad a ese ritmo, podría concretarse en unos 200 años según la OIT. El Foro Económico Mundial le pone precisión a la igualdad salarial, de la que podrán disfrutar las mujeres que nazcan en 2255.
Cambio climático
Por otra parte, el caso del cambio climático afecta a las mujeres en términos de salud, dado que favorece la contaminación doméstica y urbana e incrementa el tiempo que deben dedicar a cuidar personas y al planeta. Según la OIT, más de 1.200 millones de empleos –o lo que es lo mismo decir, el 40% de la fuerza laboral mundial– dependen directa e indirectamente del medio ambiente, de ecosistemas bajo deterioro y reducción permanentes. Y en caso de que se cumpla el peor escenario planteado para el cambio climático (hoy con 1.5 grados por encima de la era pre industrial, con proyecciones de hasta 2,1 para 2050), un total de 158,3 millones de mujeres y niñas serán empujadas a la pobreza en comparación con una afectación para hombres y niños que alcanzaría los 131 millones.
La carga laboral duplicada o hasta triplicada se verifica en los hogares monomarentales, en donde la ausencia paterna tiene la doble dimensión de ser psico-afectiva y económica.
Emprender
Finalmente, las tasas de emprendimiento productivo, es decir, la cantidad de mujeres con tiempo, recursos y apoyo financiero para poner en marcha negocios de media y alta escala, es un 20% inferior a sus pares hombres, con iguales o superiores capacidades académicas y técnicas. No cuenta el emprendedurismo de baja calificación y escala, mayormente de subsistencia.
Mejores cifras se observan en los empleos de baja calidad, e incluso en los de alta calificación en relación de dependencia pero con inequidad salarial y en algunos casos, con afectación en materia de violencia laboral y el acoso sexual en el trabajo.

