El mercado negro de metales se consolida como una habitual actividad delictiva

El robo de cables, porteros eléctricos, como de placas y cruces del cementerio configura el primer eslabón de una cadena delictiva que se reproduce y se diversifica. El metal sustraído ya no sólo se vende a chatarrerías sino que -ahora- también se ofrece en redes. No hay estadísticas que permitan dar cuenta de la magnitud de este escenario en San Nicolás, principalmente porque los hechos no suelen denunciarse en sede policial o judicial. Pero si hay reiteradas quejas de quienes se sienten ultrajados a causa de una modalidad que alimenta un importante mercado negro.

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De la redacción de EL NORTE
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No puede considerarse como un hecho de inseguridad, aunque sí forma parte de una actividad delictiva que provoca daños y perjuicios a las personas. El mercado negro de metales en la ciudad supone un mecanismo organizado entre quienes roban materiales de bronce y cobre, y quienes lo compran para fundirlo y reinsertarlo como materia prima de distintas piezas.

El robo de cables eléctricos comenzó a ser un negocio lucrativo durante el aislamiento social preventivo y obligatorio. A partir de entonces se instaló como una modalidad delictiva usual por la facilidad para transformar en dinero el material robado.

Durante 2024, la Empresa Distribuidora de Energía Norte (EDEN) sufrió 83 episodios de robo de su infraestructura eléctrica, en toda su área de cobertura. Los robos más usuales afectan a las instalaciones que alimentan la caja, puesta a tierra, transformadores, estaciones transformadoras, tendido caído por tormentas, etc.

Paralelamente, personas que acuden habitualmente al cementerio se ven sorprendidas al constatar la sustracción de placas de bronce, floreros y cruces. El bronce es uno de los materiales más codiciados por los ladrones producto de que es vendido a fundidoras por peso, una problemática similar a lo que ocurre con el robo de cables.

No hay estadísticas que permitan dar cuenta de la magnitud de este escenario en San Nicolás, principalmente porque los hechos no se denuncian en sede policial o judicial. Pero si hay reiteradas quejas de quienes se sienten ultrajados a causa de una modalidad que alimenta un importante mercado negro, con fácil disponibilidad de dinero. En la cadena delictiva hay tres eslabones bien diferenciados: los sujetos encargados de la sustracción material, los responsables de chatarrerías que compran el material robado y lo almacenan. Y, finalmente, las fundiciones, talleres donde, a través de procesos metalúrgicos específicos, se separa el cobre del aislante que lo contiene para su posterior venta.

Aunque también existe ahora una modalidad novedosa: la compra-venta de metales en redes, una tentación para saqueadores. Las intervenciones directas a los ladrones de bronce a menudo resultan en imputaciones por daños menores, sin grandes consecuencias.

Chatarrero imputado

En San Nicolás, un comerciante de chatarrerías fue imputado el año pasado por “el delito previsto en el artículo 277 del Código Penal, que reprime a la persona que, tras la comisión de un delito ejecutado por otro en el que no hubiera participado, adquiere, recibe u oculta dinero, cosas o efectos provenientes de un delito. Además, se alegó que la situación del imputado se ve agravada por haber actuado con ánimo de lucro”, según informó oportunamente el Ministerio Público Fiscal.

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