El lunes pascual se conoció la noticia de la muerte del papa Francisco. Jorge Bergoglio fue el primer pontífice no europeo en más de 1.200 años.

Al momento de su muerte, el papa Francisco tenía apenas 100 dólares a su nombre. No contaba con propiedades, cuentas bancarias ni inversiones personales. Según informó el sitio Celebrity Net Worth, ese era todo su patrimonio.
A diferencia de otros miembros del clero, el Papa no recibe un salario. Su rol se considera un servicio espiritual que no puede remunerarse con dinero. Por eso, el Vaticano cubre sus gastos personales, de residencia, viajes y seguridad.
Desde el inicio de su papado, Francisco marcó un estilo austero. Rechazó instalarse en el Palacio Apostólico y eligió vivir en un departamento de la Casa Santa Marta. También conservó la cruz de hierro que llevaba desde que fue obispo en 1998.
Su última voluntad también reflejó su humildad
En su testamento, el Papa dejó instrucciones claras sobre su sepultura. Pidió ser enterrado en la Basílica Papal de Santa María la Mayor, entre la Capilla Paulina y la Capilla Sforza.
“Pido que se prepare mi sepulcro en el nicho de la nave lateral entre la Capilla Paulina (Capilla de la Salus Populi Romani) y la Capilla Sforza de la citada Basílica Papal, como se indica en el anexo adjunto. El sepulcro debe estar en la tierra; sencillo, sin decoración particular y con la única inscripción: Franciscus”, escribió.
Así, el primer papa argentino cerró su vida pública del mismo modo en que la vivió: con sencillez, coherencia y humildad.

