Según una consultora privado los alimentos subieron un 3,8% en marzo y complican la meta oficial de inflación; lácteos, carnes y verduras lideran los aumentos.

La inflación en alimentos y bebidas acumula una suba del 3,8% en marzo. Así lo informó la consultora LCG en su último relevamiento. El incremento se dio en un contexto de rumores de devaluación y presiones sobre los precios.
Durante la cuarta semana del mes, los alimentos subieron 0,4%. El dato marca una desaceleración frente al aumento del 2,4% registrado la semana anterior. Sin embargo, el ritmo promedio mensual sigue alto.
Según LCG, los rubros que más subieron fueron lácteos y huevos (5,8%), carnes (5%), verduras (3,3%) y bebidas (2,2%). Estas categorías explican casi el 85% del incremento mensual.
El informe destaca que las carnes “volvieron a despuntar”, aunque panificados y bebidas bajaron y compensaron en parte la suba. En la cuarta semana, carnes subieron 4%, verduras 0,6% y lácteos y huevos 0,1%.
También bajó el porcentaje de productos con aumentos: pasó de 21% a 11%. Además, la dispersión de precios se redujo respecto a la semana anterior.

La inflación mensual, en niveles máximos
El promedio de inflación en marzo se mantiene en sus niveles más altos desde el mismo mes de 2024. La suba del 3,8% acumulada en las últimas cuatro semanas confirma esa tendencia.
Por otro lado, la consultora Eco Go estimó un alza de 1,1% en la tercera semana de marzo. Con ese ritmo, proyecta una inflación mensual de 3,2% en alimentos y bebidas.
Eco Go prevé una inflación general del 2,6% en marzo. Ese número supera el objetivo del Gobierno, que intenta que el índice mensual ronde el 2%.
El oficialismo mantiene el crawling peg en 1%, pero la inflación cerca del 3% genera un desfasaje. Este desajuste hace que los precios en la economía se encarezcan aún más.
Los analistas consideran que, con un nuevo acuerdo con el FMI, el Gobierno podría modificar el régimen cambiario. Buscan alinear las variables macro para frenar la escalada de precios.
En este contexto, el alza de precios en alimentos y bebidas continúa siendo un desafío central para la política económica actual.

